miércoles, 9 de enero de 2013

ALGÚN DÍA ESTE DOLOR TE SERÁ ÚTIL, de Peter Cameron



Varias personas me hablaron bien últimamente de Libros del Asteroide, una editorial que solo conocía de oído. Me dijeron que suelen publicar buena literatura y esa me pareció razón suficiente para comprarme uno de sus títulos. Tras leer algunas reseñas, me decanté por esta novela del estadounidense Peter Cameron, alabada como una de las mejores que se haya escrito sobre la ciudad de Nueva York. Al terminarla, lo que más me inquietó no fue la novela sino el comentario de un crítico del New Yorker Review, una tal Lorrie Moore, que aparece en la contracubierta del libro. Dice la señora:

"Deliciosamente viva desde la primera página. Algún día este dolor te será útil es una pieza de virtuosismo oral y posiblemente el mejor libro de Cameron. No se trata únicamente de una novela de iniciación, es sorprendentemente la novela más sutil de todas las escritas sobre el once de septiembre".

Todo muy bonito, si no fuera por el hecho de que este libro en absoluto va del 11S. Se menciona lo ocurrido durante la visita entre la psicóloga y el inquieto protagonista, James Sveck, pero nada más. No tiene nada que ver esta historia con las torres gemelas. Nada. Y esto no solo me inquieta, sino que me espanta completamente saber que hay gente como la señora Moore que escribe en los medios. En España también tenemos a muchos de estos Iluminati, tíos poseídos por algún tipo de don divino que les permite ver en las obras de arte más cosas que los demás mortales. Repito: este libro no va del 11S. Es simplemente una novela de iniciación/formación. Muy bonita y divertida, pero de iniciación/formación. Punto y final. Cada día estoy más cabreado con estos mendas que tratan de vendernos sus motos, como si fuésemos unos pobres imbéciles que vamos a comprar la novela solo porque fulanito ha dicho que habla del 11S y nosotros estamos interesados en ese acontecimiento en concreto. ¿Por qué estos críticos de pacotilla tienen que engañarnos?
Algún día este dolor te será útil es una novela desternillante y muy bien escrita sobre un adolescente retraído y problemático con serios problemas para relacionarse con los demás. Como nos suele pasar a las personas algo perturbadas (me siento en deber de incluirme y los que me conocen saben que no voy muy desencarrilado), a menudo nos sentimos fuera de lugar en este mundo convencional hecho de lugares comunes y decisiones políticamente correctas, como por ejemplo ir a la universidad porque eso es lo que toca. El joven James solo quiere que lo dejen tranquilo; no quiere ir a ninguna universidad ni hacer nuevos amigos ni mucho menos relacionarse con chicos de su edad. Su sueño es irse a vivir al Medio Oeste y dedicarse a la lectura. Aún no sabe de qué va a vivir, pero de eso ya se ocupará en un segundo momento. ¿Idealista? El mundo necesita a esta clase de soñadores trastornados, no en vano he dedicado los últimos seis años de mi vida a escribir novelas sobre mi alter ego, Tommaso Rossi, un tío que tiene mucho en común con el joven James. A veces pienso que estos dos bichos raros deberían encontrarse y tener una charla, por ejemplo sobre el 11S, y de paso hacer un brindis por la gran Mrs. Moore. Es tremendamente alentador leer a un autor que hace un tipo de literatura parecido a la tuya, que apuesta por las mismas herramientas y que utiliza el humor ácido para crear un lenguaje original y corrosivo. Como reza la citación final de J. D.Salinger, Lo que me maravilla de un libro es que cuando lo terminas, desearías que quien lo escribió fuera muy amigo tuyo y pudieras llamarlo por teléfono siempre que te apeteciera. Esto fue justo lo que pensé al acabar el libro, y Salinger me arrebató literalmente las palabras de la boca. ¿Sinergia? ¿Telepatía? Puede que sean las dos cosas a la vez.
En definitiva, se trata de una novela divertidísima sobre la adolescencia que nos hace reír, reflexionar sobre ese monstruo llamado sociedad y sobre todo pasar un buen rato. El único fallo que le he encontrado al libro ha sido el final, pues le falta un giro de tuerca o un cambio radical que le dé un sentido a todo el camino de aprendizaje/iniciación. Supongo que la historia engancha tanto y se lee tan rápida que genera demasiada expectación, y el final no está a la altura. Si lo estuviera, posiblemente estaríamos hablando de una obra maestra. Pese a ello, sigue siendo una de las mejores lecturas que podáis encontrar por ahí en este momento. Palabra de Francesco Spinoglio. Soy un perturbado, pero no un mentiroso. Para eso ya está Lorrie Moore.
Os dejo con este pasaje:

"Las personas, por lo menos según mi experiencia, pocas veces se dicen cosas interesantes. Siempre hablan de sus vidas, unas vidas que no son muy interesantes, y eso me impacienta. En cierto modo, creo que solo deberían decir algo si es interesante o es absolutamente preciso decirlo (pág. 46).

¿No creen que deberíamos regalarle este libro a mucha gente?





jueves, 27 de diciembre de 2012

CONFESIONES DE UN BRIBÓN, de Wilkie Collins



Veo este libro en la estantería de novedades y pienso: coño, una novela picaresca. Echo un vistazo a la contracubierta y compro ese preciado objeto a merced de una curiosidad creciente y de una emoción que siempre me invade al encontrarme con este valioso y lamentablemente escaso género narrativo. Mientras que la mayoría se apelotonan en los centros comerciales para comparse el último hi-phone (ni siquiera sé si se escribe así, ni pienso molestarme en averiguarlo) y ser controlados por el sistema, yo vuelvo a casa más feliz que una alondra con mi novela picaresca bajo el brazo, el mejor regalo de Navidad junto con un dinosaurio enorme marca schleich que me regaló mi suegra y que ya está vigilando la librería más importante de mi casa; a ver si tenéis cojones de acercaros a mis libros sagrados, chavales. Bueno, pues puedo decir que Wilkie Collins, prólifico autor inglés del siglo XIX, ha sido mi gran compañero durante estas Navidades relatándome la historia de su bribón Frank, primo hermano anglosajón del Buscón de Quevedo. Se trata de una novela picaresca al uso, quizá un pelín lenta al principio, pero que te acaba enganchando hasta el esperado y liberatorio desenlace final. 
Frank Softly, hijo de una familia noble y moralista, abandona pronto el hogar familiar y la carrera impuesta de Medicina para dedicarse por completo a la universidad de la vida y a la picaresca. Se dedicará al arte de la caricatura y de la sátira al más puro estilo Quevedo, hasta enamorarse de una joven doncella llamada Alicia, hija del doctor Dulcifer, hombre de dudosa reputación. Tras investigar al doctor y descubrir que se dedica a falsificar monedas, Frank es pillado in fragranti hurgando en su casa y el doctor lo obliga a trabajar para él, comprometiéndolo ante la justicia. Tras una redada policial en la que los miembros de la banda consiguen huir por los pelos, Frank se pone a buscar a su amada Alicia (enviada a Gales por el doctor para que quedase alejada del joven) y consigue dar con ella. Cuando por fin los dos se reúnen y se casan, la justicia da finalmente con Frank, quien es llevado a prisión. Pero, como nos dice el autor, aunque parezca una paradoja, casi estoy por afirmar que la sociedad en general manifiesta siempre una gran indulgencia hacia un bribón (pág. 177), y Frank se salva de la pena capital y solo es condenado a catorce años de deportación a Australia, entonces colonia británica. Alicia se va con él, y así termina su vida de bribón y empieza su existencia de hombre serio y respetable. Sabemos que Frank presta servicio a una respetable señora (que no es otra que Alicia con un nombre falso), y así puede cumplir la pena en compañía de su amada y reunir una discreta fortuna con la compraventa de terrenos. Después ya no sabemos nada más de él, pues teniendo a la vista el título de LA VIDA DE UN BRIBÓN, ¿cómo se podría esperar, ahora que soy rico, casado, y que gozo de una excelente reputación, que comunique ulteriores detalles autobiográficos a lectores inteligentes y sensatos? He dejado de ser una persona interesante, soy un hombre respetable, como ustedes, y por lo tanto ya es tiempo de decir: Adiós (pág. 185).

Una apuesta fiable para pasar un rato agradable con buena literatura a cambio del módico precio de seis euros.    


viernes, 7 de diciembre de 2012

EL DIABLO A TODAS HORAS, de Donald Ray Pollock



Si este libro cayera en manos equivocadas, por ejemplo en las de uno de esos listillos que van por ahí enalteciendo la supuesta literatura inteligente y elaborada, quizá podríamos leer frases del tipo: "El autor no hace metaficción. Es un libro con un estilo demasiado sencillo. Cualquiera puede escribir algo así". Desde este blog os invito a no prestarles demasiada atención a esa gente. Son, aparte de primos, tipos frustrados que aún están recolectando el dinero para autoeditarse su propio libro porque nadie lo quiere, pese por supuesto a que ellos lo hacen tan bien y son tan buenos. Hablan de metaficción y de Literatura como si estuvieran comentando carreras de caballos. La misma superficialidad. Si es tan fácil escribir como Ray Pollock, o como Fante, o como Sherwood Anderson, o como Bukowski, o como Larry Brown, o como Harry Crews, ¿por qué no los imitáis? Quizá sea la única manera de que vuestra mierda celestial viera la luz de una vez por todas y llegara a los mortales. Dicho esto, y dejando a un lado a los primos, vamos a centrarnos ahora en El diablo a todas horas, recíen publicado por Libros del Silencio y probablemente una de las mejores novelas que he leído en los últimos meses. El autor, tras el justificado éxito de Knockemstiff, libro de relatos publicado en la misma editorial y reseñado en este blog hace cosa de un año, se lanza con su primera novela para mostrarnos la cara más oscura e infernal del mundo, la faceta desconocida de la América más profunda que uno pueda imaginarse. El escenario vuelve a ser Ohio, con sus bosques sempiternos por donde pululan individuos siniestros dejados de la mano de Dios. Al principio se tiene la sensación de encontrarse frente a otro libro de relatos, pues se cuentan por separado las historias de Willard Russel, veterano de la Primera Guerra Mundial a quien le da por hacer sacrificios de animales en el bosque contiguo a su casa para salvar a su mujer gravemente enferma de cáncer; de Arvin, hijo de Russel, un adolescente que crece traumatizado y forjándose su propia idea de la justicia; de Roy, predicador chiflado que un día se encierra en un armario y cuando sale está convencido de poder resucitar a los muertos; de Carl y Sandy Henderson, una pareja de asesinos que patrullan América en busca de autoestopistas a quienes sacan fotos antes de matarlos; de Preston Teagardin, reverendo despiadado y lascivo; y, finalmente, del sheriff corrupto Lee Bodecker, alcohólico impedernido que abusa constantemente de su poder. Historias de gente a la deriva que poco a poco irán entrelazándose entre ellas, creando un maravilloso fresco realista digno del mejor Goya. El diablo a todas horas es un libro poderoso, inquietante, honesto, emotivo y tremendamente divertido, listo para ser llevado al cine por el maestro Tarantino. A continuación una pequeña muestra:

"Había que confiar en el hecho de que todo en el mundo iba a salir tal como estaba planeado. Sin embargo, después Emma había perdido la fe y había terminado regateando con Dios como si Él no fuera más que un tratante de caballos con un bocado de tabaco en el carrillo o un chatarrero desarrapado que vendiera sus mercancías melladas junto a la carretera" (pág. 30).

"Le dijo que había oído casos como el suyo, en que una persona estaba tan confusa y asqueada por algo que había hecho, por algún pecado terrible que había cometido, que empezaba a imaginarse cosas. Caramba, había leído historias de gente, gente normal y corriente, alguna prácticamente analfabeta, que estaba convencida de que era el presidente o el papa o alguna estrella famosa de cine. Aquella clase de gente, la avisó Teagardin con voz triste, solía terminar en el manicomio, violada por los conserjes y forzada a comerse sus propios excrementos" (pág. 262).

Leer este libro es como subirse a un Mustang Shelby Cobra de 500 caballos y pisar a fondo el acelerador para darse una ducha de adrenalina. Las sensaciones son muy parecidas, con la única diferencia de que el Mustang vale cincuenta mil pavos, mientras que la novela de Pollock solo os roba un billete de veinte. La elección parece fácil y yo desde luego me decanto por el libro. El Mustang vamos a dejárselo a Javier Calvo; se lo merece por haber conseguido, una vez más, una traducción impecable.


  

lunes, 26 de noviembre de 2012

HIJOS DEL TRUENO, de Fernando Riquelme




En septiembre, cuando empecé a dar clases de Literatura en Eserp, una escuela universitaria de Barcelona, lo primero que le dije a los alumnos fue mi propia definición de literatura. Dije que se puede definir como la imitación de posibles realidades. ¿Posibles? ¿Y qué pasa entonces con la literatura fantástica? ¿Acaso es posible que mañana nos invadan los extraterrestres y lo arrasen todo? Respuesta: por supuesto que lo es. Todo es posible, y lo único que varía es el porcentaje estadístico que se le asocia a la posibilidad misma. Luego también tratamos el tema de la metaficción. ¿Qué demonios es eso?, preguntó alguien. Hablamos de metaficción cuando supuestamente mezclamos o solapamos una realidad ficcional con la realidad palpable en la que nos encontramos. Hoy en día son más los que abusan de la metaficción que los que abusan de menores (afortunadamente) y como toda cosa llevada al exceso, acaba resultando cansina y extremadamente previsible. Recordemos que a mayor uso de metaficción no siempre corresponde una mayor calidad literaria y el mejor baremo viene marcado por el equilibrio, un equilibrio que consigue a la perfección Fernando Riquelme, escritor barcelonés galardonado en 2008 con el Premio Qué Leer de Novela (uno de los más democráticos y menos amañados que conozco) en esta novela de título sugerente: Hijos del trueno, publicada por la Editorial Robinbook. El lector al principio se queda algo desorientado, pues no sabe si se halla frente a una novela fantástica al uso sobre la crisis o si, en cambio, está leyendo un ensayo contemporáneo que adelanta consecuencias catastróficas en nuestro futuro más próximo. Pero las dudas se despejan rápidamente ya después del tercer capítulo, donde el lector por fin tiene clara una cosa: está leyendo una novela de metaficción sobre los efectos de la crisis, surcando mares revueltos en un barco literario capitaneado por los Hijos del trueno, un grupo compuesto al principio por tres mujeres (Julia, Teresa y Cristina) que se enfrentan al poder y a la corrupción de un mundo podrido y manipulado. La historia está dividida en siete partes y el tiempo de la narración desempeña una función clave, pues oscila entre 2011 y 2018 al armónico compás de pausados flashbacks, como si el autor no parara de avisarnos de lo mucho que se pueden torcer las cosas en el futuro si el pueblo no levanta la voz. Nosotros seremos los únicos responsables de que en 2018 haya guetos para la gente marginada, periodistas que manipulan la opinión pública, presidentes tiranos y miedo por doquier. Los Hijos del trueno es una novela fresca, escrita con un estilo ágil y llevadero, sobre la cultura del miedo y sus graves consecuencias, y muchos lectores podrán encontrar reflexiones tremendamente atinadas entre sus páginas. Aquí va un breve fragmento:

La crisis se explica con la frase: "Maricón el último". Todos han robado y todos seguirán haciéndolo por los siglos de los siglos... (pág. 212).

Y todos, de una manera u otra, fuimos ese último maricón que se quedó con la mona de las operaciones falsas en las manos" (pág. 227).

Todo había sido una gran mentira, la falsa riqueza de los años de opulencia enmascaró a la extrema miseria que estaba llegando, la burbuja del dinero fácil se pinchó y ahora todo era dinero difícil (pág. 239).
 
Falta poco para que San Martín vaya a por los puercos. Mientras lo esperamos, haremos tiempo presentando este libro mañana martes día 27 de noviembre en la librería barcelonesa +Bernat, calle Buenos Aires nº 6. Os esperamos a partir de las 19:30h.


miércoles, 24 de octubre de 2012

LOS LEOPARDOS DE KAFKA, de MOACYR SCLIAR


Una vez más estoy aquí reseñando un libro publicado por una editorial independiente y relativamente joven. A veces me pregunto por qué estos libros no se publican en los grandes grupos y siempre has de dar con ellos por pura casualidad. Muchas veces, hablando con editores o agentes consagrados, tengo la sensación de que van faltos de lecturas, de que se limitan simplemente a buscar el punto comercial en la obra, de que no tienen ni puñetera idea de nada. En más de una ocasión mencioné a autores del calibre de Sherwood Anderson, John Fante, Thomas Mann o Hubert Selby jr. y la respuesta solía ser una mirada de estupor. No los conozco, me decían; ¿son nuevos? Si esta gente es la que decide los títulos que van a copar estantes y plataformas virtuales, quizá podamos empezar a entender unas cuantas cosas, como por ejemplo que Los leopardos de Kafka, de Moacyr Scliar (reconozco lo difícil que puede ser ir a una librería y tener que pronunciar este nombre) salga con Rayo Verde y no con Planeta. Otra lanza rota a favor de la editorial: son de Barcelona y publican todos sus libros tanto en catalán como en castellano, para que los lectores puedan así escoger libremente sin tener que dejarse influenciar por la tan aburrida diglosia. Esta decisión, en medio de la estupidez generalizada de los políticos y en el intento diario de lavarnos el cerebro, resulta absolutamente elogiable y nos da una clara lección de democracia. Ahora vayamos con los leopardos. En ella se narra la historia tragicómica y conmovedora de Benjamin Kantarovitch, apodado Ratoncillo por su semblante y originario de Berasabia, una pequeña aldea situada a unos ochenta kilómetros de Odessa. Estamos a las puertas de la Primera Guerra Mundial y Ratoncillo, junto con su amigo inseparable Iossi, se interesa por el marxismo y por el movimiento comunista que en esa época empezaba a sentar las bases de la revolución rusa. El ídolo de los muchachos es Trotski, y Iossi un día hasta abandona el pueblo y se marcha a escondidas a París para conocerlo en persona. Regresa eufórico con una misión encargada por el mismo líder: se trata de ir a Praga con un sobre, registrarse en el hotel Terminus y ponerse en contacto con un escritor para que le mande un mensaje cifrado. El problema es que Iossi cae gravemente enfermo y, ya en el lecho de muerte, le pasa la misión a Ratoncillo. Dirás que eres Iossi y la llevarás a cabo en nombre de Trotski y de la revolución, le dice. Ratoncillo se arma de valentía y se marcha Praga, donde vivirá un auténtico calvario personal hecho de imprevistos y malentendidos, y además conocerá a Kafka, quien le entregará un aforismo titulado Los leopardos en el templo. ¿Quiénes son esos leopardos? ¿Por qué entran en el templo y beben de los cálices? ¿Y, sobre todo, cómo es posible que la aventura de Ratoncillo tenga repercusiones en el golpe de estado de Brasil de 1964? Las respuestas están en esta maravillosa novela, una obra tremendamente actual, muy bien escrita y con un mensaje importantísimo para la humanidad. Nos dice la nota final:

Vivimos en un momento histórico en que los leopardos vuelven a entrar en el templo, aunque tal vez nunca dejó de ser así. Esta obra no evitará que entren una y otra vez, pero esperamos que te haya divertido, te haya hecho pensar y colabore a que no consideremos que es un derecho de los leopardos beberse nuestro vino de los cálices una y otra vez.

Este mensaje también es válido para los leopardos, así que tal vez los amigos Mariano Rajoy y Artur Mas deberían dejar por un momento de vaciar los cálices del templo y dedicarle unos minutos a la lectura de este libro, que solo vale trece euros. Dejad los putos cálices, joder.
 


lunes, 8 de octubre de 2012

CONCESIONES AL DEMONIO, de ÓSCAR SIPÁN




La cosa empieza así: leo una reseña muy interesante en un blog sobre esta novela y me entra curiosidad. El título me parece sugerente y me pongo a investigar sobre el autor, el escritor y editor Óscar Sipán. Descubro que hay más reseñas y todas hablan muy bien del libro. La curiosidad va en aumento, aunque soy consciente de que la mayoría de las veces una reseña no significa nada; no es más que un favor evanescente o un intento abortado de lamerle el culo a un tío que está por encima de nosotros. A veces resulta patética la facilidad que tienen ciertas personas para reseñar libros que no valen la cagada de un pájaro. Luego te pones a indagar y descubres que autor y reseñista son colegas de toda la vida o miembros de alguna mafia literaria. Bien, pues yo al señor Sipán no lo había visto en mi vida. Eran un nombre y un apellido a los que mi imaginación intentaba asignar un rostro. Y menos aún me sonaba la editorial: Ediciones Nalvay. Pienso: vaya, cada día uno descubre algo nuevo. El problema es que me pongo a buscar el libro y no hay manera de encontrarlo. Los grandes grupos han copado distribuidoras y librerías con sus toneladas de basura (véase Las sombras tóxicas de Grey), de modo que a las pequeñas editoriales no les queda otra que apañársela en medio de la jungla con un palillo de madera, lo cual demuestra claramente una cosa: cuando se cree en algo, la valentía nos empuja más allá de las fronteras de la realidad, y yo siempre me quito el sombrero ante semejante alarde de valor. Como os decía, no encuentro el libro y decido ponerme en contacto con los editores. Me escriben enseguida (algo que siempre se agradece) y me comentan que el domingo día 7 de octubre estarán en una feria del libro en Besalú (provincia de Girona) junto con el autor. Como a la ocasión la pintan calva, el domingo cojo el coche con mi mujer y recorro ciento treinta y tres kilómetros hasta llegar a ese encantador pueblo medieval. No se trata de tozudez; se trata de tesón. Quería leer el jodido libro e iba a recorrer toda la península ibérica si hubiese sido menester. Y resulta que conozco a Óscar y a los editores y me parecen gente encantadora. Bueno, me digo, ahora a ver qué tal la novela. La edición es preciosa, tanto por su formato (tamaño Alfaguara) como por su atractiva portada. Volvemos a casa y devoro el libro en poco menos de dos horas. Primeras sensaciones en caliente: es de lo mejor que he leído últimamente de autores españoles contemporáneos. Sensaciones en frío a la mañana siguiente: si Raymond Carver hubiese nacido en España, se hubiera llamado Óscar Sipán (he probado mejores sensaciones que leyendo Catedral). Se trata de siete relatos engarzados que narran la vida de los inquilinos del edificio Zabulón, cada uno con sus miedos y sus inseguridades, quienes tropiezan a diario en esas trampas diabólicas diseminadas por doquier que tanto caracterizan la existencia humana. Tenemos un joyero con fama de mujeriego, un jubilado solitario, un exciclista profesional, el afamado escritor Nigel Farmer, el escritor novel Livio Carneiro y una mujer madura que por fin parece haber encontrado su príncipe azul, o al menos haberse autoconvencido de ello. En todos los relatos que componen la novela se percibe una sombra maléfica, como si algo terrible estuviera a punto de ocurrir, una amenaza invisible que agarra al lector por el cuello y no lo suelta hasta el final. El capítulo del jubilado, el cuarto, es una auténtica delicia. Válgame este fragmento:

"Tengo mi propia visión local del universo: los veinte años son tiempos de utopías y romanticismos. A los treinta llega el desencanto, los repechos de la existencia y el aprendizaje de las reglas de juego. A los cuarenta, la falsa paz romana de una casa y una familia. Los cincuenta son una edad de revelaciones: a uno se le agría el carácter y aprende a leer los mensajes subliminales. De allí en adelante toca comprender que la vida es un parto sin epidural en el que empujas todo el tiempo" (pág.: 62).

Y, como si fuera poco, el autor menciona a John Fante (el mejor escritor en tres mil años de humanidad) en el capítulo de Nigel Farmer, y ahí sí que me tiene ganado por completo.
Al final se tiene la sensación de haber asistido a un guiñol perfecto dirigido por el señor Sipán, el demiurgo que sale al escenario antes de que se cierre el telón para recibir los merecidos aplausos de los presentes y agitar por última vez su preciada ecosfera. El público va en delirio. 
Por cierto: la feria de Besalú ya ha terminado, así que para conseguir el libro existen dos formas: internet (www.todostuslibros.com u Abebooks) o directamente a través de la editorial. Os aseguro que vale la pena.



miércoles, 19 de septiembre de 2012

LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER, del maestro Milan Kundera



Recuerdo que cuando tenía diecisiete años leí por primera vez un libro de Kundera. Se llamaba La ignorancia y me hacía pensar en mi profesora de Lengua y Literatura, una paleta presumida con aires de superioridad y afán de dominar la endeble personalidad de unos adolescentes inseguros. Recuerdo también que mi padre me dijo: "Si te gustó La ignorancia, debes leer La insoportable levedad del ser; es una auténtica obra maestra". Le hice caso después de doce años, lo cual demuestra que a veces soy un poco primo. Cuando acabé la novela, medité que su contenido hubiera podido ayudarme a comprender mejor la vida diez años antes, pero está claro que no podemos volver atrás. Kundera nos advierte: "No existe posibilidad alguna de comprobar cuál de las decisiones es mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación, como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo". Einmal ist keinmal, repite a menudo Tomás, uno de los protagonistas, es decir, que lo que solo ocurre una vez es como si no ocurriera nunca. Las coincidencias son los pilares de nuestra vida, las que hacen que los sucesos ocurran porque sí y nos dejen con la duda de si nuestro destino está escrito de antemano. Las cosas solo pasan una vez y no existe el hubiera. No hay manera de comprobarlo en la realidad, y solo podemos consolarnos con las especulaciones.
La obra, que a primera vista podría ser etiquetada de "filosófica", narra en realidad una extraordinaria historia de amor de dos supuestas parejas: Teresa y Tomás por un lado y Franz y Sabina por otro, aunque sus destinos se entrelazan irremediablemente. Kundera penetra hasta lo más hondo del ser humano y nos presenta un magnífico fresco realista de celos, sexo, traición, infidelidades, muerte, debilidades, paradojas y terquedad. Pese a la omniscencia del narrador, sus personajes están vivos y a veces hasta dan la sensación de tener vida propia, de salirse de la novela para huir hacia un mundo mejor, lejos de esa compasión que los consume por dentro. Leemos:

"No hay nada más pesado que la compasión. Ni siquiera el propio dolor es tan pesado como el dolor sentido con alguien, por alguien, para alguien, multiplicado por la imaginación, prolongado en mil ecos" (pág.: 38).

Una novela no es una confesión del autor, sino una investigación sobre lo que es la vida humana dentro de la trampa en la que se ha convertido el mundo. Y resulta que los cuatro protagonistas se sienten atrapados en esa jaula y no encuentran la salida. Son prisioneros de sus quimeras y de las miradas bajo las que quieren vivir, y poco a poco van siendo aplastados por el enorme peso de la existencia, esa insoportable levedad del ser, una especie de gravedad de las almas a las que todos, sin excepción, estamos sometidos. La sexta parte, titulada la Gran Marcha, es sin duda la pieza aglutinante de toda la obra. En algo más de treinta página se resume la calaña humana como pocos escritores han logrados hacer a lo largo de la historia. Se tiene la sensación de que Kundera ha dado en el blanco, de que ha dicho lo que todos anhelábamos saber desde siempre, pero que nunca supimos cómo expresarlo, y así se eleva por encima de los demás mortales para ocupar el trono de la posteridad. A veces tenemos la sensación de que la narración se vuelve algo espesa, pero entonces aparecen párrafos como este que nos despiertan de inmediato:

"Preso en un campo de concentración alemán durante la Segunda Guerra Mundial, el hijo de Stalin compartía alojamiento con oficiales británicos. Tenían el retrete en común. El hijo de Stalin lo dejaba sucio. A los ingleses no les gustaba ver el retrete embadurnado de mierda, aunque fuera mierda del hijo de quien entonces era el hombre más poderoso del mundo. Se lo echaron en cara. Se ofendió. Volvieron a reprochárselo una y otra vez, le obligaron a limpiar el retrete. Se enfadó, discutió con ellos, se puso a pelear. Finalmente solicitó una audiencia al comandante del campo. Quería que hiciese de juez. Pero aquel engreído alemán se negó a hablar de mierda. El hijo de Stalin fue incapaz de soportar la humillación. Clamando al cielo terribles insultos, echó a correr hacia las alambradas electrificadas que rodeaban el campo. Cayó sobre ellas. Su cuerpo, que ya nunca ensuciaría el retrete de los ingleses, quedó colgando de las alambradas.
...  
El hijo de Stalin dio su vida por la mierda. Pero morir por la mierda no es una muerte sin sentido. Los alemanes, que sacrificaban su vida para extender el territorio de su imperio hacia oriente, los rusos, que morían para que el poder de su patria llegase más lejos hacia occidente, ésos sí, ésos morían por una tontería y su muerte carece de sentido y de validez general. Por el contrario, la muerte del hijo de Stalin fue, en medio de la estupidez generalizada de la guerra, la única muerte metafísica" (pág.: 257). 

Un libro que toda persona debería guardar en su librería, una obra maestra imprescindible que con su peso sostiene la insoportable levedad de la literatura contemporánea. ¿Dónde cojones está el Nobel?