lunes, 30 de mayo de 2016

MÚSICA DE VENTANAS ROTAS, HOMENAJE A JOHN FANTE








Después de tanta espera y de tanto trajinar absurdo, por fin podemos anunciar que dentro de unos días va a salir a la venta MÚSICA DE VENTANAS ROTAS, la antología homenaje al maestro John Fante, coordinada por José Ángel Barrueco y un servidor. Gracias a todos los colaboradores por su paciencia y por estar siempre ahí, a las duras y a las maduras. Tras recibir más de doscientos relatos, aquí tenéis reunidas, según nuestro humilde criterio, las voces narrativas más interesantes del panorama literario actual. El libro se presentará el jueves 9 de junio a las 19.30 en Barcelona, en la Librería Calders. Os esperamos.

Un agradecimiento especial al mítico Dan Fante, quien nos pasó uno de sus poemas; estés donde estés, amigo mío, te queremos y jamás te olvidaremos. Siempre en nuestro corazón.

martes, 12 de enero de 2016

UN MUNDO FELIZ, de ALDOUS HUXLEY



Publicado hace casi cincuenta años, Un mundo feliz es sin duda una de las grandes obras maestras del siglo XX. Todavía no consigo entender cómo demonios haya podido Huxley hacer un vaticinio tan certero de un hipotético mundo futuro. ¿Tarot, brujería, bola de cristal? Necesito que alguien me lo explique, porque la verdad es que lo ha bordado. Un mundo feliz no solo es una metáfora sombría sobre el futuro, sino que es, sin más dilación, un claro reflejo de este presente esperpéntico que nos atenaza. En el mundo de Huxley, el consumo y la comodidad son los principales pilares de una sociedad estable y feliz, una sociedad en la que todo el mundo tiene lo que necesita y no aspira a nada más, una sociedad donde los habitantes son procreados in vitro, igual que en una cadena de montaje, y no existen los padres ni los hijos ni la vejez ni las enfermedades ni los tullidos ni los olvidados de Dios ni el propio Dios ni el hambre ni la pasión ni la desesperación ni los suicidios ni los asesinatos ni las violaciones de menores ni los amores que matan ni las relaciones tóxicas ni las putas ni el porno online ni los trastornados/tarados ni los yonkis de la plaza ni por supuesto los perturbados que se hacen explotar como hijos de puta en nombre de Allá, ni Allá, lógico, ni el matrimonio ni la adopción ni el parto ni la literatura ni las estúpidas religiones ni nada, joder. Puedes follar con quien quieras y cuando quieras porque todo el JODIDO MUNDO pertenece a todo el mundo, de ahí que haya desaparecido hasta el trabajo más antiguo en la historia de la humanidad. Los embriones son creados en laboratorio, y para que la sociedad sea estable y equilibrada se necesitan, cómo no, diferentes tipos de castas, y así tenemos a los Alfas y los Betas, programados para llevar el control del mundo y ocupar posiciones importantes dentro de la sociedad, y luego a los Gamas, Deltas y Epsilon, los esclavos al servicio de los primeros. La pregunta surge automática: ¿estos últimos tres son felices? La respuesta está cantada: por supuesto que sí, ya que no son conscientes de su situación y al final del día reciben su ración diaria de soma, la droga milagrosa que te pone en contacto directo con el infinito y la paz interior, algo que va mucho más allá de las milongas estrafalarias que nos venden hoy en día sobre superación personal y Gestalt y PNL y árboles familiares de los cojones. Nada de eso, amigos: ellos tienen sus tabletas de soma y van que chutan. Sin embargo, parece que la inquietud crece entre algunos Alfas, y cuando entran en contacto con una reducida comunidad de indios y se traen a John, denominado Mr. Salvaje por ser de la vieja escuela, a la Londres feliz, el conflicto está servido y la reflexión de Huxley trasciende, si cabe, más allá de lo universal, alcanzando una profundidad digna de un genio. Ahora vais a decir: bueno, ¿en que coño se parece un mundo feliz al nuestro? Respuesta: en mucho. ¿Acaso no son cada vez más las parejas que congelan sus óvulos, que acuden a clínicas de fertilidad para programar el parto de su hijo y de paso moldearlo a su imagen y semejanza? ¿No hay personas, por ejemplo en España, que se desloman por mil euros al mes porque les han inculcado el mantra de que la cosa está muy mal y que eso es lo que toca? ¿No las hay? ¿No hay acaso un montón de Alfas y Betas que viven de putísima madre, controlan el mundo y tienen todo lo que quieren? Bueno, vais a decir, pero es que no existe el soma, ahí está el quid de la cuestión. Y una mierda. Claro que existe el soma: se llama deuda y consumo. Cualquier Delta o Gama de nuestro mundo (alias el mileurista pobre) puede ir a una sucursal bancaria y pedir 200.000 euros para comprarse un piso que va a pagar durante cuarenta años, o 10.000 para el coche o la moto o el ordenador o el viaje a Las Maldivas. Podemos tener todo lo que queremos, y la única diferencia con el mundo de Huxley es que todavía no estamos suficientemente condicionados y programados para aceptarlo todo sin rechistar; todavía tenemos la queja en nuestro ADN, pero falta poco para el triunfo de la civilización y whatsapp, redes sociales y compañía son, en el ínterin, unas buenas alternativas al soma. En palabras del propio autor, en un futuro no demasiado lejano viviremos en un mundo sin ninguna necesidad de soportar nada que sea desagradable. La literatura será un triste recuerdo (ya lo es, de hecho) y no existirá el pensamiento libre. Eso sí: tendremos crédito ilimitado, y eso teñirá de rojo el gris aplastante de nuestras existencias sin sentido. Salid de casa ahora mismo cagando leches, empujad a niños y ancianos si hace falta, pero id a la primera librería en busca de este libro antes de que nos convirtamos todos en unos alelados hijos de puta demasiado felices y nos dejemos la esencia del ser humano por el camino. Vale todo, incluso robarlo. Obra maestra absoluta.


lunes, 30 de noviembre de 2015

DIEZ NEGRITOS, de AGATHA CHRISTIE


Hace dos meses que no publico una reseña en este blog. ¿Qué pasa, es que este tío ya no lee? Digamos que pasan básicamente dos cosas: la primera, por supuesto, es que leo menos; la segunda, consecuencia directa de la primera, es que muchas de las cosas que leo son demasiado malas como para dedicarle siquiera unas líneas. La vieja historia de siempre de la pescadilla que se muerde la cola porque tiene hambre y no le queda ná. Das una vuelta por cualquier librería y se te pone la piel de gallina al ver la oferta gastronómica que nos proponen. ¿No se dan cuenta de que así empeoran aún más el asunto? ¿Es que no pueden publicar tres o cuatro títulos buenos al año en lugar de doscientas chorradas sin alma que acaban en la trituradora al cabo de unas pocas semanas? Lo más gracioso de todo esto es que te encuentras con editores que se jactan de haber sacado una nueva obra maestra, el libro revelación de uno de los mejores autores del panorama actual. Por un momento te lo crees y picas el anzuelo: 15/20 euricos. Luego llegas a casa, lees las primeras veinte páginas y te encuentras confuso y decepcionado. Confuso porque no sabes qué coño está pasando y decepcionado porque te han esquilmado unos pavos que hubieras podido gastarte en una sabrosa comida. Voy a poneros un ejemplo: a principios de octubre mi mujer y yo estuvimos en la feria del libro de Besalú y entre los dos nos dejamos un pastizal en supuestas obras maestras. Volvimos a casa con más de diez títulos y a día de hoy ya no me acuerdo de ninguno de ellos. Parece que a los nuevos escritores sencillamente les falta pegada. Nada más y nada menos. Un libro que no te deja huella es un chisme inútil, algo por el que demasiada gente ha sacrificado su tiempo en aras de un montón de nada. Inútil. Y en épocas de vacas flacas, tirando a anoréxicas, a uno no le queda más remedio que refugiarse en los clásicos, una apuesta segura y muchas veces hasta barata si nos vamos de mercadillo. Cien negritos, de la sempiterna Agatha Christie, me ha costado ocho euros y lo he disfrutado mucho más que todas esas novedades (el doble de caras) de la feria de Besalú. Es un thriller muy original y escrito con muchísima maestría y dominio del género. La historia es la siguiente: diez personas (8 invitados y 2 criados) reciben una invitación para pasar algunos días en la Isla del Negro, en la moderna mansión de un multimillonario llamado Owen, quien supuestamente acaba de comprar la isla. Digo "supuestamente" porque no sabemos quién es ese tal Mr. Owen y desde el principio se especula sobre la identidad del verdadero propietario de la isla (un gran empresario, una actriz famosa, etc.). Nada más llegar a la isla, los ocho invitados son recibidos por dos criados que acaban de ser contratados por Owen para cuidar de la mansión. Se nota que Agatha Christie no se anda con rodeos y a las pocas páginas empiezan los giros inesperados. Primero: los invitados entran en la casa y al poco rato una voz atronadora sale del gramófono y acusa a cada uno de ellos de un crimen que ha cometido en el pasado. Segundo: al entrar en sus respectivas habitaciones, los invitados ven el texto de una canción de cuna colgado en la pared, el de los diez negritos que empiezan siendo diez y acaban en cero. Pim pam. Uno dos que te deja trastornado y te engancha a la lectura. A eso me refiero cuando hablo de pegada, y la puedes encontrar en todo tipo de género, no tiene por qué ser un thriller. Simplemente es algo que se tiene o no y la mayoría de los escritores de ahora, con tanta seriedad y tanta metaficción y tanto intelectualismo y tanta mierda sobre el fin del mundo, pegan como unas nenas de cinco años. Penita pena. 
No voy a desvelar más sobre esta novela y creo que lo mejor es que cada uno se deje llevar a su manera sin que yo le estropee la sorpresa. El cierre final, os advierto, demuestra por qué Agatha Christie ha pasado a la posteridad y otros no. Otra compra segura en esta época ominosa para la literatura que parece no encontrar la luz al final del túnel.


jueves, 24 de septiembre de 2015

CIUDAD DE CANÍBALES, de ALEXANDER DRAKE



Sales a la calle para tomar un helado, abres el periódico al azar, enciendes la caja tonta un segundo y lo único que te llega al oído es la verborrea infecta sobre la independencia de Cataluña. Les han comido tanto el tarro a la gente que ahora estamos rodeados de zombis que deambulan por ahí con el cerebro abotargado, pobres diablos que creen que van a ser más felices, tener más dinero, mejores trabajos y un futuro menos desolador atrincherándose detrás de esa enorme cortina de humo que es el nacionalismo. La pregunta del millón aquí es: ¿somos tan influenciables porque leemos poco o simplemente porque leemos mierda? Supongo que la mejor respuesta está en la nueva y sorprendente novela de Alexander Drake, titulada Ciudad de caníbales:

"La gente no quiere cambiar de forma de pensar, no quiere ver la realidad, no quiere saber más de lo necesario, y por supuesto no quiere tener que enfrentarse a nada. Lo que la gente quiere es tener un referente. Alguien a quien imitar. Una imagen que les guíe a través de sus vidas sin sentido" (pág. 35).

La gente, esa gran asignatura pendiente del mundo. Como decía el maestro Sherwood Anderson, al principio todo era puro y había muchas verdades: la verdad de la virginidad y la verdad de la pasión, la verdad de la riqueza y de la pobreza, del ahorro y del dispendio, del descuido y del abandono. Cientos y cientos de verdades y todas hermosas. Luego apareció la gente, y los más fuertes se fueron apropiando de las verdades, llamándolas SUS verdades y tratando de regir su vida por ellas. Al hacerlo, se volvían grotescos y la verdad que habían abrazado se convertía en una falsedad. Si esta idea la llevamos al siglo XXI, nos daremos cuenta enseguida de que las verdades han sido violadas sin piedad por hordas de superdotados. Antes estaba la verdad de la buena literatura, luego llegaron los editores y los agentes literarios y le dieron por el culo hasta reventarla. Se adueñaron de esa verdad y volvieron tarumba a la gente. ¿Que si queda algo? En realidad, poquita cosa, aunque creo que es suficiente para seguir teniendo fe y esperanza en el futuro, por efímeras que parezcan. Nos quedan pequeñas editoriales como Lupercalia que sacan a autores como Alexander Drake, a quien ya he reseñado en este blog y a quien considero una gran promesa literaria. Nos queda Amazon, ese inmenso gigante dormido que para algunos ha supuesto una vía de escape alternativa para publicar sus obras y darlas a conocer. Ya está. El resto es grotesco, desde las revistas manipuladas por colegas que se hacen favores entre ellos hasta las grandes editoriales que mueven todo el cotarro, pasando por los editores piratas, los que no pagan, los desquiciados, los que oyen voces, los que no han leído suficientes libros, los que ya te dirán algo, los premios literarios amañados, etc. Ciudad de caníbales, una novela ambientada en el Hollywood de los años ochenta, resume a la perfección todos estos conceptos en poco más de cien páginas. La prosa de Drake es afilada, fluida y corrosiva. A ratos incluso se vuelve adictiva, y eso hace que el lector se quede con ganas de más, llegando a tener la sensación de que el final se le queda corto. Sin embargo, la historia de Viktor Sinclair, un hombre atrapado en la industria cinematográfica, cala hondo y hace que reflexionemos sobre las sinrazones del mundo que siguen caracterizando nuestra absurda existencia. Es una novela que se lee del tirón y que desde luego no te va a dejar indiferente. Además, tiene mis tres ingredientes predilectos: honestidad, sencillez y profundidad. Un par de párrafos más:

"Uno en realidad es consciente de lo mal que ha hecho las cosas cuando busca en su trabajo un refugio para las obligaciones de su vida ociosa. Cuando un hombre se casa comete un grave error. Cuando tiene hijos termina de joderla" (pág. 12).

"Tantos años trabajando con todo tipo de personas les había hecho darse cuenta de algo fundamental: la mayor parte de los seres humanos son basura. Algunos lo ven desde el principio. A otros les cuesta un poco más, pero después de un tiempo es inevitable no ver la realidad" (pág. 42).

¿Se venderá mucho este libro? No tengo ni puta idea, pero si tienes diez euros en el bolsillo más vale que te los gastes en esta novela antes de que los caníbales te los arranquen a mordiscos. 


jueves, 20 de agosto de 2015

XXI SECOLO, de PAOLO ZARDI



Tras la buena primera impresión que me causaron los libros de Michel Houellebecq, del que reseñé el mes pasado Plataforma, me atreví con su última novela: Sumisión. Y ahora que la he terminado puedo decir, sin miedo a equivocarme, que me parece una auténtica chapuza. Es lenta, farragosa, confusa, traída por los pelos y, sobre todo, está llena a rebosar de paja. Cuesta creer que el autor de Plataforma haya sacado un bodrio de esas dimensiones, y me urge comentarlo después de las alabanzas que le dediqué en la última reseña, para que veáis que aquí se intenta ser lo más honestos y sinceros posible. ¿Qué es los que les pasa a los buenos autores una vez tienen éxito mediático? ¿Acaso se dejan influenciar por los agentes, la publicidad y la fama? ¿Cómo es posible que el autor de lengua afilada que nos deleitó en sus primeras novelas haya engendrado semejante porquería? Necesito que alguien me lo explique. Estoy dispuesto a pagar cantidades elevadas.
Por suerte para mí, la siguiente lectura fue XXI Secolo, novela del italiano Paolo Zardi que ha llegado este año entre las finalistas del renombrado Premio Strega. Ya sabéis lo que opino de esos premios, pero por una vez parece que el asunto se aguanta por su propio peso. El libro de Zardi, dicho sea de paso, es una auténtica maravilla y presenta tres de los ingredientes indispensables que toda buena novela debería tener: emociona, es profundo y está muy bien escrito, lo que ayuda a que la lectura sea sumamente ágil. De argumento similar al de Sumisión por el hecho de situarnos en un futuro no demasiado lejano, el autor nos cuenta el calvario de un padre de familia que, tras recibir la noticia de que su mujer Eleonore ha entrado en coma al sufrir un ictus, empieza su propia lucha personal para llevar adelante su vida y la de sus dos hijos, Miriam y Marco, en un mundo a la deriva devastado por la crisis, un mundo violento y asolado por la pobreza en el que la resignación lo ha abarcado absolutamente todo. Pero mientras su mujer lidia entre la vida y la muerte en estado vegetativo, el hombre descubre un móvil secreto escondido en uno de los cajones del piso. Dentro hay un montón de fotos de su mujer, y de pronto la realidad irrumpe en su vida con su carga de dudas y angustia: ella tenía un amante desde hace tiempo, una vida paralela del que su marido en ningún momento se había percatado. El hombre, y el ser humano en general, ya no puede permitirse el lujo de creer y lo único que necesita es saber, de ahí que nuestro protagonista empiece una búsqueda desesperada de la verdad, la misma de la que hablaba Sherwood Anderson, esa verdad escurridiza y fantasmal que con el tiempo ha quedado enmarañada en el bosque de la mentira. Una novela, engalanada con un final soberbio, que se lee de un tirón y nos hace reflexionar sobre las tinieblas que gobiernan este siglo de contradicciones en el que nos ha tocado vivir. Hasta la fecha es el mejor libro que he leído en este 2015, y una vez más toca felicitar a Neo Edizioni, editorial pequeña e independiente, por su olfato infalible a la hora de escoger sus publicaciones. Con los de Nicola Pezzoli, escritor italiano revelación, ya van tres libros de gran calidad, y en los tiempos que corren tres aciertos de tres es para ponerse a descorchar champán del bueno. A-M-A-Z-I-N-G.
Aquí algunos pasajes para los conocedores de la lengua de Dante:


"La povertà l'aveva consumata, oppure era solo colpa della biologia -cellule ossidate, orgasmi esausti, fegato e reni fiaccati da decenni di lavoro-. Esistere richiedeva una dedizione totale. Si invecchiava solo cercando di rimanere in vita" (pág. 15).

"Era arrivato il momento di ammettere che il passato, come il futuro, non esisteva: si costruiva con gli anni, un po' alla volta, guardando di lato, o tornando indietro, perché la direzione del tempo era un'illusione, una semplificazione accademica, un modo strumentale per organizzare al meglio la propria vita entro parametri prevedibili, repetibili e condivisi" ( pág. 49).

"Dopo una certa età, i tradimenti creano grossi casini. Quando l'amore si trasforma in un groviglio di contratti, promesse, rughe, impegni, rate, è come un vulcano di rancore pronto a esplodere" (pág. 108).


Traducir este libro al español es la mejor inversión que un editor con dos dedos de frente podría hacer en este momento. Pues sí, amigos, la literatura sigue viva pese a las aberraciones de este siglo decadente, a los libros de los chefs y a los superventas para rebaños idiotizados. Sigue de pie con su tozudez atávica y todavía nos brinda destellos de esperanza.

viernes, 31 de julio de 2015

PLATAFORMA, de MICHEL HOUELLEBECQ


Hola, amigos. El calor aprieta con fuerza y muchos seguro que os estaréis pasando el día metidos en el agua. Yo también, por eso voy a escribir una reseña express y luego volveré a ponerme en remojo. Con todos los libros malos que me he tragado este año, creo que me lo merezco, joder. 
Hace unos meses leí en algún sitio que Michel Houellebecq es en la actualidad y con diferencia el mejor escritor de Francia. Uno llega a leer eso y por un momento se lo cree, pero a estas alturas de la vida no podemos permitirnos el lujo de creer; necesitamos saber, así que me compré una edición de bolsillo de su novela Plataforma. Lo primero que me pregunté al terminarlo fue cómo es posible que los zumbados del islam todavía no hayan dado con su culo, ya que arremete sin piedad y sin pelos en la lengua contra esa religión, valga de ejemplo el siguiente pasaje, que el autor pone en boca de un egipcio antiislámico:

"Desde la aparición del islam, nada más. La nada intelectual absoluta, el vacío total. Nos convertimos en un país de mendigos piojosos. Sí, mendigos llenos de piojos, eso es lo que somos. Chumsa, chusma. Tiene que recordar, mi querido señor, que el islam nació en pleno desierto, entre escorpiones, camellos y toda clase de animales feroces. ¿Sabe cómo llamo yo a los musulmanes? Los miserables del Sahara... El islam solo podía nacer en un estúpido desierto, entre beduinos mugrientos que no tenían otra cosa que hacer, con perdón, que dar por culo a sus camellos" (pág. 222).

Telita. Pero el libro no va del islam. Utiliza episodios para cargárselo, pero en realidad cuenta la historia de un funcionario apático de cuarenta años que se marcha de vacaciones a Thailandia para hacer un poco de turismo sexual y poner de paso sal y pimienta en su vida abúlica. Allí conoce a Valérie, directiva de la agencia Nouvelles Frontieres, y con ella descubre una nueva visión del placer y sobre todo de la sexualidad. De vuelta a Francia, los dos se van a vivir juntos y Michel vuelve a sentirse vivo, tanto que deciden, en colaboración con otro socio, crear una red mundial de colonias turísticas en las que el sexo se practique libremente y la prostitución sea una actividad legal. Como es lógico esperarse, el proyecto es todo un éxito, pero la tragedia final se lo lleva todo por delante y sirve para hacernos reflexionar sobre muchas cosas, entre ellas la fatalidad del destino y ese monstruo llamado "Capitalismo" que nos consume lentamente por dentro.  No sé si Houellebecq es el mejor escritor francés de la actualidad, más que nada porque no conozco a todos los escritores franceses de la actualidad y hacer afirmaciones universales siempre resulta un poco cursi, superficial y hasta incómodo. Lo que sí sé ahora, después de leer este libro, es que Michel Houellebecq es un escritor tremendamente honesto, directo y con mucha personalidad narrativa. Su ritmo es hipnótico y sabe cómo llevar al lector, lo cual es todo un logro teniendo en cuenta el panorama literario actual. Como dice el autor:

"Vivir sin leer es peligroso, obliga a conformarse con la vida, y uno puede sentir la tentación de correr riesgos" (pág. 86).

Eso no significa que tengamos que ir corriendo como imbéciles a la Casa del libro a comprar La chica del tren o Las sombras de Grey solo porque lo tiene nuestro vecino y el márketing no nos da asidero. Ese sí que es un riesgo para nuestro cerebro y es casi peor que no leer nada. Monsieur Houellebecq, en cambio, os cautivará con su prosa corrosiva desde el primer momento. Buenas vacaciones.
Vuelvo al agua. 


lunes, 22 de junio de 2015

LA MALA PUTA, de MIGUEL DALMAU y ROMÁN PIÑA VALLS


Buenos días, almas inquietas. Se acerca el verano y aquí está la reseña del mes. Y os aviso de que viene cargada de pólvora. Vamos a ver. Tenemos a dos señores, Miguel Dalmau y Román Piña Valls, que llevan muchos años metidos en el ajo editorial y saben bastante de todos los entresijos que mueven esta maravillosa cofradía de vampiros. Y resulta que hace unos meses sacaron La mala puta, un ensayo escrito a cuatro manos lleno de verdades que ya va siendo hora de gritar a los cuatro vientos. ¿Es este libro una obra maestra? Supongo que no, pero, ¿qué es exactamente una obra maestra? Si no lo sabéis, preguntadle a algún crítico, a ver si os ayuda. Por mi parte, lo que sí puedo decir es que La mala puta es un libro absolutamente necesario en el panorama actual, está bien escrito y puede resultar de gran ayuda para cualquier autor novel ilusionado con publicar su primera obra. Hay que matizar algunas afirmaciones, pero sin duda debería venderse en los aeropuertos y repartirse por las calles como si fuera una vacuna contra la estupidez y ese borregueo masivo que cada vez arrambla más con la cultura. Este ensayo es la ametralladora cargada, el imput definitivo para subir a mi atalaya con una sola consigna en la cabeza: prohibido hacer prisioneros. Así que vamos allá. Primero: los editores. Si tenías alguna duda en la cabeza, te la despejo rápido: ellos son los únicos culpables, no hay otros. No me vale, pese a que la respeto y la comparto a medias, la crítica de Dalmau a escritores de best seller como Ildefonso Falcones o Carlos Ruíz Zafón. Ildefonso Falcones escribe mal y hace narrativa comercial; Zafón escribe bien y hace narrativa comercial, así que no pueden estar en el mismo saco. Zafón es un buen escritor (que haga narrativa comercial no significa que no sepa escribir bien, ojo), Falcones no. Si estos tíos ganan millones, me alegro un montón por ellos. Si Albert Espinosa gana millones con su libro a pesar de ser un paquete (tanto él como sus libros), olé sus huevos. Si Boris Izaguirre es finalista del Premio Planeta con su bazofia también me alegro. Hasta el tato sabe que los premios literarios están amañados, no me jodas. A ver qué te parece esto: ahora mismo puedo empaquetar la mierda de mi perro y venderla en el mercado diciendo que sienta bien para la salud. Si alguien me diera diez euros por ella, ¿acaso crees que mañana no volvería a hacer lo mismo? ¿De quién es la culpa, de mi perro por cagar mierda y no oro o mía por intentar vendérsela a los primos? Con el mundo editorial pasa tres cuartos de lo mismo. Si se empieza a publicar la mierda y a darle mucho bombo y la gente la compra, como acierta a decir Dalmau, para ingresar en el rebaño y poder compartir sus experiencias lectoras en una cena y así rodearse de una cierta pátina de cultura, la culpa sigue siendo siempre y solo del que saca la mierda al mercado. La mayoría de los editores de este país son el tumor maligno, y las agencias literarias no son más que metástasis que acaban invadiéndolo todo. ¿Por qué? Sencillo, porque no han leído lo suficiente. Estamos rodeados de business men y business women alterantivos que llevan los principales sellos de este país, y cuando hablas con ellos te das cuenta de que no tienen ni puta idea de nada. Están allí porque han hecho un máster en dirección de empresas o gestión del patrimonio cultural o le han hecho la pelota a alguien o vienen enchufados o cosas de esas, pero no saben un carajo de literatura. Nada. Publican en las redes sociales y siguen la actualidad y hablan de las novedades que van a sacar y piensan en el dinero que van a ganar en comisiones y en sacarse de encima a la competencia y en joder a los compañeros que en algún momento puedan hacerles sombra y en lamerles el culo a los escritores de renombre y en acudir a muchas cenas importantes y en trabar nuevos contactos y en hablar de filosofía zen y de sinergia y en lidiar con las agencias y en ser respetados en el mundillo y en tener cada vez más PODER... pero no han leído lo suficiente como para tener un criterio sólido, y por lo tanto nos venden mierda de perro. Culpables.
He quedado con muchos de ellos a lo largo de estos diez años y te aseguro que uno no termina nunca de asombrarse. Oye, ¿has leído a Sherwood Anderson? No me suena. Una bala en la frente ¿Y a Selby jr.? Tampoco, será que es nuevo. No, no es nuevo. Balazo en la sien. Oye, y a John Fante, Edgar Hilsenrath, Joseph Roth, Umberto Eco, Luigi Pirandello, Dostoievski y Kundera seguro que los conoces, ¿verdad? Bueno, claro, he leído a algunos de ellos. Un disparo en los cojones/ovarios para que muera desangrado. Piensa que esta clase de personas son los encargados de alimentar la literatura. Como pedirle a Sergio Ramos que diga cuatro frases lógicas seguidas. Yo tengo 31 años y he leído cerca de tres mil libros; me considero un lector con olfato, pero creo que me queda mucho camino por delante. ¿Cómo es posible, entonces, que estos papanatas que no sumarán ni cien lecturas muevan todo el cotarro? Necesito que alguien me lo explique. Dalmau y Piña lo han hecho de manera cojonuda en este libro, pero sigo confuso. Supongo que no hay explicación posible. Como decía Camus, el absurdo se encuentra a la vuelta de cada esquina. Oye, a Camus lo has leído, ¿verdad? Me suena, es el del extranjero, ¿no? Voy a vaciar el cargador sin piedad.
Las experiencias que relata Dalmau, incluyendo la negativa de la Agencia Balcells a citar a Cortázar, son el pan de cada día para cualquier escritor que luche por ver publicada su obra. En 2009 terminé de escribir Sueños de bolsillo tras pasarme cuatro meses encerrado en casa y manteniéndome con un trabajo nocturno en un bar. Cuando terminé el libro le dije a mi mujer: "Estoy triste, porque no volveré a escribir nunca más un libro como este". Escribirás muchos más, me respondió ella. Ya, dije, pero no como este. Lo revisé a fondo y luego me pasé por Mondadori y dejé el manuscrito en valija. A la semana me escribió una de las editoras y me dijo que el libro les había encantado y quería verme (una especie de milagro). Tomamos un café y me enseñó el informe del lector, quien le daba un 8.5 sobre 10 y recomendaba enérgicamente su publicación. Pese a ello, la editora me dijo que no lo podían publicar en Mondadori porque no me conocía nadie, así que se lo pasaron a un sello menor del grupo llamado Caballo de Troya. Pasaron los meses y no volví a saber nada del asunto, así que le mandé un correo al editor de Caballo de Troya, quien me contestó con un email escueto diciéndome que el libro no le interesaba en absoluto. El menda ni sabía de qué libro le estaba hablando, razón por la que lo mandé a tomar por culo sin pensarlo. Todo mi gozo en un pozo. Pero las cosas siempre pasan por algo, y dos años después mis queridos Sueños salieron en Eutelequia, una microeditorial que creyó en mí desde el principio, y la experiencia fue una maravilla, al menos hasta que estuvo la editora, luego ya sabéis que la vida da muchas vueltas. El año pasado me ocurrió algo parecido a lo de Mondadori, pero esta vez con Planeta, hasta que me cansé de toda esta chusma inútil. Sigo escribiendo un libro al año y ya no voy detrás de nadie, y este debería ser el lema de todo escritor, la moraleja final que extrapolamos de este magnífico ensayo. Como dice mi amigo Dan Fante, lo único que cuenta es seguir escribiendo, y si tus libros son buenos acabarán dando con un editor sensato que sabe lo que hace y decide apostar por ti. Deja que las cosas ocurran, tómate la vida con humor, suéltate, deja de corretear detrás de los vendedores de mierda como un perrito faldero, no hagas nada gratis y por supuesto olvídate de las agencias. Créeme, sé de lo que hablo. Vas a perder el tiempo y toda tu buena energía a cambio de un montón de nada. 
Vamos ahora con el tema de los escritores. Joder, la cosa está que arde. Dalmau los separa básicamente en dos tipos: los llamados y los elegidos. Según él, los primeros son peña con un trabajo fijo, por ejemplo profesor de instituto, que se dedican a la literatura de manera esporádica o como afición y aprovechan los contactos de su profesión para ir publicando, mientras que los segundos son los auténticos profesionales que se desloman en pos de sus criaturas y luchan a diario para crear esa tan anhelada obra maestra. Pese a que esta distinción me parece cuando menos original, y pese a que comparto cien por cien con Dalmau la idea de que ante todo la literatura tiene que ser honesta y espontánea, creo que la clasificación de los escritores puede ser diferente, sobre todo teniendo en cuenta que casi nadie vive de la literatura (que conste que yo vivo de dar clases de Literatura y de Español y de mis talleres de escritura, pero no de mis libros): CRACKS, BUENOS, NORMALES Y PAQUETES. Simplemente, creo que es más fácil e inmediato de entender. Vamos a verlo con ejemplos:

ENRIQUE VILA-MATAS: Dicen que creer es crear, y le han repetido tantas veces que es uno de los mejores escritores españoles que al final tanto él como muchos otros han acabado creyéndoselo y han creado una realidad engañosa. Este autor es un maravilloso reseñista y un excelente ensayista, pero como novelista no le doy ni un duro. Si no me creéis, comparad su novela de formación París no se acaba nunca (que me hicieron tragar en la uni) con una novela de formación de Fante, Anderson o Hemingway. Es tan grande la diferencia que uno se lleva las manos a la cabeza. Pero eso sí, como escritor de ensayos es un crack. Mejor le disparo a otro.  


JAVIER MARÍAS: un paquete bien empaquetado. Nada más que decir. Leedlo si tenéis problemas para conciliar el sueño. Balazo al editor.


LUIS LANDERO: el Azórin del siglo XXI. Paquete. Bala.


JOSÉ MARÍA GUELBENZU: Creo que El Mercurio es una de las peores lecturas de las tres mil que llevo acumuladas. No le di una segunda oportunidad, y tal vez algún día me arrepienta. De momento y por si las moscas, un par de balas al editor no se las quita nadie.


PEDRO ZARRALUKI: bastante bueno. Lo salvamos.


JAVIER CERCAS: normal, sin pena ni gloria. Lo lees y lo pones en la estantería con los otros y al cabo de diez minutos te olvidas de que existe. La mediocridad es muerte. Aquí se juega a todo o nada, joder, que la vida es muy corta. Bala.


CARLOS RUÍZ ZAFÓN: Dalmau menciona la denominada "envidia española". Pues que no nos ofusque demasiado el hecho de que haya vendido tanto. Hace literatura comercial, pero el cabrón sabe escribir y llevar muy bien al lector. Lo salvamos pese al tropezón que dio con El juego del ángel


ILDEFONSO FALCONES: paquete. Bala en la frente al editor.

JULIA NAVARRO Y MATILDE ASENSI: normales, sin pena ni gloria. Véase Cercas.


AUGUSTÍN FERNÁNDEZ MALLO: buen escritor. Lo conservamos.


Faltan muchos, pero es para hacernos una idea. Luego están los cracks, gente que no me canso de mencionar en este blog y que por supuesto no publican en ninguna editorial grande. Aquí van algunos:

DANIEL RUÍZ GARCÍA: me alegro de que Piña lo mencione en el libro. Es de lo mejor que hay en este momento. Parece que Tusquets ha salido de la espesa niebla literaria y lo acaba de publicar, demostración de que los milagros existen.


ALEXANDER DRAKE: seguro que no te suena, pero por suerte la Editorial Lupercalia está apostando por él. Tiene el poder de la honestidad que corre por sus venas.


JOSÉ ÁNGEL BARRUECO: ya se ha dicho todo en otras reseñas.


IVÁN ROJO: una promesa.


CARLOS CASTÁN: el mejor escritor de relatos que hay ahora mismo en España.


ÓSCAR SIPÁN: el segundo mejor después de Carlos. 


MIGUEL DALMAU y ROMÁN PIÑA VALLS: merecéis el cielo solo por este libro. Subid conmigo a disparar un rato, que me duele el hombro. La puerta está abierta.


La lista no termina, pero prefiero pararme aquí; además, estoy segurísimo de que hay muchos más que todavía no he descubierto. Lo único que puedo decir es que el año pasado confeccioné un proyecto ambicioso y traté de reunir a todos estos cracks en una antología dedicada a John Fante. Lo conseguí y la tengo lista, pero cuesta mucho encontrar editor. Así que desde aquí os pido disculpas por la demora y sobre todo paciencia. Todo llegará, chicos, y nadie os quitará vuestro talento.

Entiendo que cada uno pueda tener su opinión y está claro que para gustos hay colores, pero lo que nos relata la Historia de la Literatura en innegable: en el Siglo de Oro los best seller eran obras del calibre de El Quijote y El Guzmán de Alfarache (está comprobado que solo alrededor de un 10% de los editores españoles conocen este libro); en el XIX tenemos un sinfín de autores como Jack London, Herman Melville y Robert Louis Stevenson que vivieron holgadamente de la literatura y sus libros se vendían como churros; en el XX tenemos, entre otros, a Kundera, Thomas Mann, Hemingway y Camus, pero en el XXI lo más vendido son las biografías de los futbolistas o los recetarios de los chefs. Esto puede que te ayude a entender mejor a Dalmau cuando habla de involución cultural. ¿Entiendes ahora por qué escribo esta reseña? Si todos nos callamos como putas, el Poder acabará controlándonos por completo y nos convertiremos en sombras de nosotros mismos. 

En fin, ya sé que estoy divagando demasiado, de modo que doy por terminada la carnicería. Sale humo de la puta ametralladora, joder. Tal vez debería escribir un libro en lugar de una reseña, pero ya tenemos aquí La mala puta, y tanto Dalmau como Piña lo han hecho de puta madre. Lectura ultrarecomendada.