domingo, 29 de marzo de 2015

CHIUDI GLI OCCHI E GUARDA, de NICOLA PEZZOLI



Desgranan lentamente los últimos días de marzo y ya toca sacar la reseña del mes. No he leído mucho, pero he tenido la suerte de dar con este nuevo libro de Nicola Pezzoli que me he devorado en una tarde. Está en italiano, lo sé. Vais a decir: "Coño, tío, sacas una reseña al mes y encima de una novela que está en otro idioma. Vete a tomar por culo". Os entiendo, pero la misión principal de este blog es, entre otras cosas, promocionar libros buenos, bien sean clásicos bien sean de autores prácticamente desconocidos, como en el caso del señor Pezzoli. No sé si esto servirá de anzuelo para que algún editor con dos dedos de frente, si es que queda alguno, se interese por esta historia y decida traducirla para dar un poquito más de lustre a la literatura contemporánea, pero aquí pongo mi granito de arena. Bueno, vamos al lío. Chiudi gli occhi e guarda (Cierra los ojos y mira) es la segunda novela de Nicola Pezzoli protagonizada por Corradino (la primera, Quattro soli a motore, se reseñó aquí hace unos meses), un chico retraído originario de un pueblo perdido de Lombardia y supuesto alter ego del mismo autor. Hay algo que no me canso nunca de repetir: "No hay nada más difícil para un escritor que recrear el universo de la infancia. Es su reto más grande y a la vez la prueba de fuego que lo puede situar por encima del montón y de los pregoneros de bazofia". Tras las vicisitudes tiernas y desternillantes del Corradino niño de Quattro soli a motore, Nicola nos relata en esta novela breve unas vacaciones en la playa del preadolescente Corradino junto con su madre. Cien páginas que hacen una radiografía perfecta de ese período convulso que cada uno de nosotros hemos vivido a nuestra manera y que ha supuesto la forja del hombre adulto que necesita aprender la ley de la jungla para sobrevivir. Este libro es un descubrimiento constante, no solo para Corradino, sino también para el lector que lo acompaña en su viaje y que empatiza con sus sueños, sus primeros amoríos imposibles, sus peleas y sus ganas por asir "ese algo" que siempre acaba escapándose de nuestro alcance. ¿Adónde vamos? ¿Por qué crecemos, tenemos hijos, trabajamos y luchamos a diario en aras de un futuro mejor? ¿Qué nos espera al final del túnel? Nicola Pezzoli plantea todos estos interrogantes con una novela breve, redonda, absolutamente trascendental y con un final muy emotivo. Una vez más, la receta sencillez/emociones/infancia nos ofrece un producto muy sólido, que además destaca por el lenguaje híbrido del autor, donde se mezclan expresiones dialectales, frases corrosivas, tacos absurdos y tropos descojonantes, consiguiendo una fuerza narrativa envidiable y muy original. Aquí varios pasajes:

Mi capita di sognare che nel fare il bidè me lo stacco per lavarlo meglio. Ma dopo è sempre un gran casino. Si stacca agevolmente come una cosa svitabile, ma poi a riattaccarlo non ci si riesce, e magari ha pure il coraggio di sanguinare. Da svegli meglio non provarci (pág. 22).

Riprese fiato e poi, intuendo che ci stavo rimanendo male, si raddolcì nel tono: "A me interessa come pensi e come parli. Per il resto, so che un minuto fa eri un embrione e che fra un altro minuto sarai polvere, come tutti. E se nell'intervallo fra la pancia della mamma e lo sbriciolamento dello scheletro riuscirai a rendere il mondo un posto migliore di come l'hai trovato, dipenderà da come sei fatto dentro e da come agisci, dalla tua nobiltà e gentilezza, non dall'avere le orecchiette piccole e belle o a sventola come gli elefanti" (pág. 61).

Nella mia prima infanzia a Lavinia ero autodidatta. Ricavavo il sapere dai discorsi dei grandi. Ascoltavo tutto, non mi perdevo una sillaba, ricordavo ogni parola. Prendevo tutto per oro inculato, perchè da piccolissimo non te lo dice nessuno che gli adulti sono in gran parte stupidi e ignoranti, o varie sfumature di queste due cose (pág. 89).

Non siamo mai all'altezza di niente. Non siamo capaci di non deludere gli altri, e noi stessi. Non siamo all'altezza. Perdonami, Alex (pág. 106).

Y este último, precioso:

La vita è una e irripetibile. E svanisce, al cospetto dei tempi cosmici, in pochi miliardesimi di secondo. Ogni cosa passa e va. Ognuno di noi è una goccia di rugiada a mezzogiorno nel deserto: ha senso stare a torturarsi mentre si evapora? Ci sono farfalle che vivono un giorno, e lo trascorrono facendo l'amore. Ci sono babbei che vivono ottant'anni, e li trascorrono prendendosi a frustate. A mortificarsi. O a risparmiar palanche per una tomba di lusso. Lascia pure che gli asini e i normali pensino che ti manca una rotella: le loro rotelle sono ruote di tortura, che li squartano prima di buttarli via. A loro mancano libertà e vita (pág. 126).

Me reafirmo: el mejor escritor del panorama italiano contemporáneo, a la altura de los tan blasonados Erri de Luca y Alessandro Baricco, aunque yo me quedo toda la vida con Nicola Pezzoli. Por cierto, lo publica Neo Edizioni, una de las tantas editoriales pequeñas e independientes que apuestan por la buena literatura por encima de lo comercial y de lo empalagoso, y gracias a las cuales podemos disfrutar de historias como esta. A ver si las grandes editoriales se ponen las pilas (podrían empezar por el culo), porque últimamente no levantan cabeza y no consiguen despachar nada mínimamente fumable.



domingo, 22 de febrero de 2015

ROBINSON CRUSOE, de DANIEL DEFOE



Hace dos meses que no publico ni una sola reseña. Nada. Ni un puto libro en dos meses. ¿He leído menos? Puede ser. ¿He leído cosas buenas? Rotundamente, no. Me he topado más bien con engendros monstruosos a los que un marketing disparatado se ha encargado de darles un bombo que ni de lejos merecen. Eso sí: me he tragado un sinfín de listas con los mejores libros de 2014, y uno tiene la sensación de que hay alguien, allí arriba o donde sea a tomar por culo, que simplemente se entretiene tomándonos el pelo. Así de claro. Obras sin alma, sin historia, sin arte y, lo que es peor, sin pizca de emociones. Lo que lleva a un supuesto escritor a dedicarle tanto tiempo a semejantes abortos y, más grave todavía, a un editor insensato a publicarlo es un misterio tan insondable para mí que ya he perdido toda esperanza. ¿Y qué es lo que pasa? Muy sencillo: que ya nos hemos cansado de gastarnos cerca de veinte euracos para llevarnos a casa un libro que no vale ni dos, por eso las ventas han caído en picado. Los grandes grupos nos habéis engatusado un tiempo con vuestra publicidad aberrante, nos habéis dado gato por liebre bastante rato, pero ahora la basura de vuestros amiguetes apesta incluso antes de salir de imprenta. Coméosla con patatas y de paso aliñadla con el ego de esos genios de las letras que se creen los reyes del mambo y que en realidad no son más que unos pobres diablos esclavizados por el maravilloso universo de los favores. Todo muy bonito. De modo que uno ya empieza a visitar librerías de segunda mano y se refugia bien en los clásicos bien en los libros ilustrados. El que os traigo hoy a colación es el mítico Robinson Crusoe, una novela que a muchos os debe de sonar y que está basada en hechos reales, ya que en 1705 un marinero escocés llamado Selkirk fue realmente abandonado en la isla de Juan Fernández, cerca de la costa chilena, y allí permaneció cuatro años hasta ser recogido por otro barco que pasaba por ahí. El protagonista de la historia, en cambio, afirma llegar a la isla en 1659 y se queda allí más de veintiocho años en completa soledad, de modo que Defoe ha claramente novelizado el argumento. Este libro, el más vendido de la historia solo después de la Biblia y por delante del Quijote, se devora en un par de días y es inevitable meterse en la piel del desesperado náufrago que necesita tirar de ingenio como sea para sobrevivir en un mundo hostil. La narración avanza de manera cronológica, como si de un diario se tratase, y rebosa de preciosas moralejas atemporales que no nos vendría mal tener en cuenta incluso en nuestros días. Cuando por ejemplo rescata a uno de los prisioneros que iba a ser devorado por los caníbales, al que luego bautizará Viernes, el mensaje que transmite el autor es clarísimo: los hombres en general son buenos, pero la sociedad los corrompe y los hace malos. Sabias palabras, pues aunque Viernes también fuera un caníbal, se acostumbra enseguida a las nuevas costumbres que le inculca Robinson y se convierte en su hombre de confianza y en una fantástica persona. Quién te oyera hoy en día, amigo Defoe. Por el camino nos encontramos con auténticas perlas, como las que os pongo a continuación:

La experiencia y la naturaleza me enseñaron que las cosas solamente son apetecibles en la medida que podemos disfrutar de ellas, y solo las disfrutamos cuando las utilizamos, cualquiera que sea la cantidad que hayamos reunido (pág. 129).

El miedo que siente el hombre por el peligro invisible es diez mil veces más aterrador que el peligro mismo cuando lo tenemos a la vista. En ese caso la ansiedad nos atenaza con mucha más fuerza que la causa que la produce (pág. 153).

Creo firmemente que nadie debe despreciar los impulsos secretos y las alarmas de peligro que nacen en nuestro interior, incluso cuando creemos que estamos más seguros. Nadie podrá negar la existencia de tales advertencias que siempre nos previenen de algún peligro y por qué no hemos de pensar que provienen de algo que se preocupa por nosotros, bien sea supremo, inferior o subordinado, y que pretende ayudarnos (pág. 233).

En época de vacas flacas y escritos indecentes, esto es de lo mejorcito que os podéis llevar a la cama antes de acostaros. Buenas noches.



martes, 30 de diciembre de 2014

LA ISLA DEL TESORO, de ROBERT LOUIS STEVENSON



El 20 de diciembre, fecha en la que me encontraba de vacaciones leyendo el clásico inmortal La isla del tesoro, de R. L. Stevenson, Babelia publicaba una lista con los 10 mejores libros de 2014. La he vuelto a leer ahora y he tenido que beber agua para calmar la tos producida por las risas. Una cosa es que nos tomen por bobos, y otra bastante distinta es que insulten nuestra inteligencia. Todos sabemos que en España hay castas en cualquier ámbito y que el amiguismo arrambla por doquier, pero tal vez deberían intentar ser algo menos explícitos. Primer puesto para Javier Marías, y así tenemos a Alfaguara contenta (no digo que sea mal escritor, aunque a mí personalmente no me entra por ningún lado). Al segundo puesto, cómo no, Javier Cercas con El impostor, no sea que los de Random House nos quiten el saludo en las ferias. Patrick Moyano en la séptima posición, pues no podía faltar en esta lista el premio Nobel más inexplicable de la historia, claro. Pero la sorpresa bomba llega en la novena posición. Agarraos, que vienen curvas: El nuevo diccionario de la Real Academia. "Esperpénticamente" tremebundo. Soy un gran defensor de la RAE y me considero un purista de la lengua, pero alguien debería explicarme qué coño pinta esto en una lista de los mejores libros del año. Necesito entenderlo o no voy a poder entrar en el 2015 tranquilo. Luego nos quejamos de que las pequeñas editoriales van desapareciendo y de que la gente no compra libros. No me sorprende, joder. ¿Es que no podemos olvidarnos por un momento de los favores y del colegueo y tratar de ser, al menos en Navidad, objetivos y justos? Al menos en las fiestas, maldita sea. Se me ocurren más de treinta libros, publicados en 2014 por editoriales pequeñas/independientes, que le dan mil vueltas a todos estos (véanse reseñas anteriores). ¿No os dais cuenta del daño que hacéis publicando esas listas? ¿Acaso habéis leído a Daniel Ruíz García, o a Iván Rojo, o a Pepe Pereza, o a Alexander Drake antes de sentenciar que esos son los mejores? ¿Lo son porque gracias al márketing han vendido unos cuantos ejemplares más? ¿Lo son porque publican en Planeta, Santillana o Anagrama? No somos colegas ni tomamos cañas juntos, pero los que menciono (me dejo a muchos en el tintero, lo sé) me parecen buenos escritores y todos han sacado libros cojonudos. No me deben nada, ni yo a ellos; simplemente me compro sus libros y los leo como cualquier otro. Pero claro, no os han lamido el culo a fondo y por lo tanto se supone que no les debéis ningún favor. Luego nos quejamos de que la literatura española está de capa caída. Viendo lo que se promociona, no me sorprende lo más mínimo. Es entonces cuando a uno le entra nostalgia y se refugia en los clásicos de toda la vida y pasa de todas esas novedades aclamadas a bombo y platillo por el todopoderoso bombardeo publicitario de las grandes. En mi caso, la historia del joven Jim Hawkins, del pirata John Silver, del capitan Smollet y del doctor Livesey, junto con toda la chusma que navega en la Hispaniola en busca del teroso de Flint, ha sido, quince años después de su primera lectura, una panacea más que eficaz para quitarme de encima ese bochorno empalagoso que las castas te meten en la piel y que día tras día te quita las ganas de seguir creyendo en esa nueva mariposa sin alas, en ese perro castrado llamado Literatura Contemporánea. Dicho lo dicho, mi consejo es: refugiaos en los clásicos; allí vuestras almas decepcionadas encontrarán algo de consuelo y por un momento pensaréis que hubo una época, no demasiado lejana, en la que se apostaba por la literatura de verdad. Podéis empezar con La isla del tesoro, y la magnífica edición ilustrada que ha sacado Valdemar, por el módico precio de 11 euros, es una de las apuestas más seguras del momento. Si pienso que la paja vale entre 18 y 20 euros, la relación calidad-precio de esta novela es absolutamente inmejorable. Es como ir al Celler de Can Roca y comer con 20 euros, así que daos un buen atracón y quedaos más a gusto que un arbusto. Las fechas lo permiten. Salud y feliz 2015 a todos, con la esperanza de que sea algo más, no sé..., algo más... sensato. 


sábado, 29 de noviembre de 2014

LA CONSTELACIÓN DEL PERRO, de PETER HELLER


Ayer por la tarde las tiendas de Barcelona estaban abarrotadas de gente porque era Black Friday, una especie de encierro taurino aplicado al mundo de los humanos en el que puedes ver ríos de personas empujando y soportando colas infinitas con tal de llevarse una prenda a mitad de precio. El famoso ocio pasivo que te jode lentamente las neuronas sin que te des cuenta. Di una rápida vuelta por el centro y visité algunas librerías, la mayoría de ellas medio vacías. Me alegré de que los caníbales se estuvieran descuartizando en las tiendas de ropa y me puse a hojear unos cuantos libros que estaban en la sección de novedades. Leí sinopsis, párrafos sueltos, algunos capítulos, y tras casi una hora de búsqueda rectifiqué mi teoría de que últimamente se publica un montón de basura. Siempre se ha publicado basura, lo sabemos, pero ahora nos estamos pasando de la raya. Hay una especie de pánico generalizado en el mundillo editorial y nadie sabe ya a ciencia cierta qué libros pueden funcionar y cuáles no. El resultado es que lanzan pocos títulos y malos. Uno tiene la sensación de que el jodido mundo está patas arriba y para colmo Patrick Moyano gana el Premio Nobel cuando así a bote pronto se me ocurren al menos veinte escritores que le dan mil vueltas. Permitidme que me descojone un segundo. La semana pasada hablé con un editor que me dijo que a partir de ahora solo iba a publicar tres títulos al año. Uno se imagina que van a ser novelas de la hostia, ya que se supone que son las tres mejores que ha recibido, pero luego las lees y se te humedecen los ojos al pensar en todos los árboles talados para sacar esa porquería. También llegas a preguntarte cómo serían las otras propuestas que recibió si esas chorradas se llevaron el gato al agua. En fin, cuando hace unas semanas una amiga me recomendó la Constelación del perro, de Peter Heller, lo primero que pensé fue: "Venga, otro librito más sobre el fin del mundo. Otra frivolidad. Otra historieta sobre zombies o virus o vampiros que casi acaban con la humanidad". Pero resulta que leí las primeras páginas y encontré la fuerza narrativa que mi exigencia como lector le pide a una novela. Un virus se ha llevado por delante al 99% de la humanidad y Big Hig, en compañía de su perro Jasper y de un vecino lunático y violento llamado Bangley, trata de sobrevivir en un mundo sin esperanza donde solo la curiosidad por saber qué pasará al día siguiente les permite aguantar. La primera parte del libro es un pelín lenta y no pasan muchas cosas, pero a partir de la muerte del perro la historia despega con la misma fuerza que la Bestia, la avioneta que Hig utiliza para sobrevolar el perímetro que necesitan defender de posible ataques por parte de grupos armados o personas infectadas. La segunda parte es un maravilloso ejercicio literario y la narración te atrapa por completo hasta un sorprendente final. Es un libro extraño que recuerda bastante La carretera de Cormac McCarthy, pero tiene un estilo fresco y original, está bien escrito y ofrece una moraleja de fondo más compleja de lo que parece a primera vista. Incluso cuando ya no queda nada, Hig no se rinde y quiere continuar; sus sueños se mezclan con los recuerdos y distorsionan la realidad. En definitiva, es símbolo y alegoría de una humanidad sin esperanza, una humanidad que corre a diario detrás de ilusiones de cartón, persiguiendo con ahínco la nada infinita que nos espera a todos al final del camino. Aquí van algunos párrafos:

"¿Estaba entrando en la crisis de los cuarenta? La verdad es que no creo que exista, le dije. La vida entera es una puta crisis" (pág 150).

"Me la resudaba lo que me hiciera aquel puto viejo. Cuando no tienes nada que perder estás tan vacío, tan ligero, que la arena en la que te conviertes se la lleva una ráfaga de viento y es tan insustancial que se eleva hasta fundirse en la tormenta de arena de las estrellas. Ahí es donde acabamos todos. Lo demás es ir desgastándose a la espera del viento" (pág. 198).


Lectura muy recomendable, aunque ya no sea Black Friday. Si os puede servir de consuelo, la editorial se llama Blackie Books, así que ahí tenéis el Black. En estos momentos de pánico editorial en el que la pandemia ha acabado con los buenos escritores, esta novela es una rosa en el desierto de la creación; igual que su protagonista, busca sobrevivir en un mundo hostil lleno de farsantes y vendedores de paja. Yo la he disfrutado mucho y me ha dado las fuerzas para seguir creyendo un poco más en la literatura contemporánea.


lunes, 20 de octubre de 2014

CORDERO, de CHRISTOPHER MOORE


Acabé de leer Cordero hace tres días y todavía me estoy descojonando vivo de la risa. Incluso mientras duermo. Incluso mientras voy caminando solo por la calle y la gente me mira como si fuera un zumbado más del barrio. Incluso cagando. Incluso cuando suena el despertador para arrebatarme de mi universo soñador y pongo el primer pie en el suelo con el fin de arrastrar mi triste figura hasta el baño, lo primero que me vienen a la mente son las frases demoledoras de este libro. Una puta bomba atómica, un puto genio, este señor Moore. Uno se pregunta cómo se le ha podido ocurrir la idea, cómo demonios ha conseguido trabar una trama tan malditamente perfecta, rebosante de ironía y con un gran poso narrativo y filosófico por la que no resultaría tan descabellado ponerle la etiqueta de "obra maestra". ¿Quieres saber de qué habla? Te lo digo, joder, déjame solo que pare de carcajearme un segundo. Verás, este libro cuenta la verdadera historia de la vida de Jesús según su mejor amigo, un tal Colleja, a quien los Evangelios ni siquiera se molestan en mencionar. Toda la existencia de Joshua (este era en realidad su verdadero nombre), alias el Mesías, desde que tenía seis años hasta su muerte. Dios, necesito descansar un rato para reírme otra vez. Un puto crack. Un jodido número uno. El libro es largo, te aviso; son unas cuatrocientas páginas en letra pequeña, pero se lee de un tirón y la única pega quizá es que la parte central, donde se relata el periplo de Joshua y Colleja hasta encontrarse con los tres Reyes Magos, se hace a ratos un pelín pesada. Solo eso, por lo demás es una obra redonda que te agarra por el cuello en la primera página y no te suelta hasta el final. Ni te imaginas lo que te puedes llegar a reír. Algunos pasajes:

De hecho, comparándolo con mi época, había un número exagerado de personas mayores en todas partes, bueno, no, en la tele no, pero sí en todos los demás sitios. ¿Es que os habéis olvidado de morir? ¿O es que os habéis gastado toda la juventud en la tele y ya no os quedan más que canas y caras arrugadas? (pág 105).

Sí, sí, búrlate de mí si quieres, pero cuando regresemos a Galilea, tú dedícate a vender tu Ama al prójimo porque es como tú mismo y yo ofreceré mi programa de Sueños húmedos a voluntad, a ver quién de los dos tiene más seguidores (pág. 228).

-No, por lo de los idiotas no paso. Vamos, Josh, ¿por qué no podemos tener a tíos poderosos en nuestro equipo? ¿Por qué tenemos que ser los mansos, los pobres, los oprimidos, los que reciben toda la mierda? ¿Por qué no podemos, por una vez en la vida, decir que bienaventurados son los tipos ricos, grandullones y poderosos con espadas?
-Porque esos no nos necesitan.
-De acuerdo, está bien. Pero "bienaventurados los idiotas" no, te lo pido por favor (pág. 339).

Sin embargo, paso a anotar la esencia de casi todos los sermones que oí pronunciar al Mesías: 

Había que ser bueno con la gente, incluso con los malvados. Y si:

a) creías que Joshua era el Hijo de Dios y
b) que había venido para salvarte del pecado y
c) reconocías al Espíritu Santo que había en ti y
d) no blasfemabas contra el Espíritu Santo (ver c),

Entonces:

e) vivirías eternamente
f) en un lugar agradable
g) probablemente en el cielo.

Por el contrario, si:

h) pecabas y/o
i) eras hipócrita y/o
j) valorabas más las cosas que la gente y
k) no hacías a, b, c y d,

Entonces:

l) ibas a estar jodido.

Ese era el mensaje que el padre de Joshua le había transmitido hacia muchos años y que, en aquel momento, parecía tan sucinto que podía llegar a considerarse grosero, pero que adquiría más sentido después de escuchar varios cientos de sermones (pág. 333).

Pros: pagas 19 euros y a cambio te partes el culo durante una semana (o más) y reflexionas sobre la estupidez humana.

Contras: después de leer este libro, tan fresco y marcado por un humor corrosivo de primera, cualquier otro que compres de aquí a un mes te va a parecer un tostón infumable, un aborto en fase avanzada que ni siquiera el mismo autor atina a comprender.

Más pros: este hombre tiene más novelas, así que podrás ahuyentar el mono de la risa durante un tiempo.

Más contras: serás más consciente de que la mayoría de los escritores contemporáneos no son más que unos vendedores de paja, gente sosa y sin chispa que embarra las librerías como estiércol de vaca, y cualquier otro libro que compres de aquí a un mes te va a parecer un tostón infumable. Hostia, creo que eso ya lo he dicho. En fin, mejor te dejo con Cordero y que el señor se apiade de tus carcajadas. Amén.



martes, 30 de septiembre de 2014

JOHN FANTE, VIDAS Y OBRA COMO UN SONETO SIN ESTRAMBOTE, de EDUARDO MARGARETTO



Los seguidores de John Fante estamos de enhorabuena, pues se acaba de publicar en España una nueva biografía sobre el maestro de los maestros. Tras Un legado de escritura, alcohol y supervivencia, lanzado por Sajalín Editores en 2012 y escrito por el hijo Dan Fante, llega al mercado español este maravilloso trabajo de investigación de Eduardo Margaretto, quien afirma llevar más de veinte años documentándose sobre el escritor italoamericano. Sus casi 400 páginas se leen de un tirón y puedo afirmar, con conocimiento de causa, que el autor se lo ha currado de lo lindo. España es quizá uno de los países de Europa donde más tarde han llegado los libros de Fante, y eso es algo que debería cuando menos hacernos reflexionar. Eduardo y yo no nos conocemos, pero desde hace años estoy plenamente convencido de que todos los fantianos estamos predestinados a encontrarnos al menos una vez en la vida. Puede que sean las conyunturas de los planetas, no sé, pero el caso es que casi todos estamos relacionados de un modo u otro y tarde o temprano acabamos conectando. En 2008 conocí personalmente a Dan Fante y desde entonces somos buenos amigos. Recuerdo que lo primero que le dije fue que yo era la reencarnación de su padre y el pobre hombre llegó a tomárselo bien. Le conté que yo nací al poco de morir John y que durante años he tenido extraños sueños con la casa de Malibú sin saber nada de la vida de su padre. El caso es que sigo convencido de eso, pero es mejor que no lo diga muy alto, no sea que me encierren de por vida en un psiquiátrico. En 2009 estuve en el festival de Torricella Peligna y conocí al resto de la familia y al biógrafo americano Stephen Cooper, con quien viajé a Roma. También hubo conexión. Llámala sinergia o cómo quieras, pero si eres fantiano acabarás parando en la misma gasolinera que yo: la de las emociones fuertes. Dicho esto, pienso que en esta vida cualquier idiota puede escribir una novela o una biografía. Cualquiera. Lo que pasa es que muy pocos saben hacerlo con el corazón. Eduardo Margaretto lo ha conseguido. Ha creado una biografía desde la objetividad que se reserva a esta clase de escritos, pero le ha dado vida utilizando un estilo fresco y directo, igual que hacía John Fante cuando se sentaba delante de su máquina de escribir y golpeaba el teclado como si escupiera sangre con cada palabra. No sabes lo que daría por leer una novela de Eduardo, o un relato, o un poema, o simplemente la lista de la compra de los viernes por la tarde. Estas personas son responsables de que haya más lectores en el mundo y de que los que tanto aborrecen la literatura, muchas veces por culpa de malas experiencias, poca apertura mental o simplemente por haber tenido docentes ineptos, se acerquen a los libros y no se asusten tanto después de llevar dos o tres páginas leídas. En 2012 empecé a impartir Literatura del Siglo XX en ESERP, una escuela universitaria de Barcelona enfocada principalmente al mundo empresarial y de la comunicación. Lo primero que hice, tal vez con un atrevimiento algo descarado para ser "el nuevo", fue introducir como lectura obligatoria Pregúntale al polvo de John Fante y quitar En busca del tiempo perdido de Marcel Proust. No quiero con eso decir que el autor francés sea un paquete; al revés, creo que en muchos aspectos ha sido genial, pero es un jodido tostón. El segundo año también quité el Ulises de James Joyce y puse en su lugar Fuck América de Edgar Hilsenrath. Si alguien ha logrado terminar el Ulises, por favor que me mande un correo. Yo lo dejé por la mitad y no me da vergüenza en absoluto reconocerlo. El resultado, después de dos cursos académicos, es que muchos alumnos se han acercado a la lectura gracias a la historia de Arturo Bandini y Camila López, una historia sencilla, directa, llena de pasión y que destila un verdadero amor por el arte de escribir. El Ulises, en cambio, muchos estudiantes se lo pasan por el forro de los cojones y yo me uno a ellos. No necesito demostrar nada a nadie, mucho menos que soy un intelectualoide de tres al cuarto que lee cosas difíciles e infumables porque se cree más listo que los otros mortales. Esa mierda se la dejo a los pardillos y a los críticos que publican bazofia en sus revistas o a los inútiles que dan clases de escritura creativa. Si hay algo que tengo claro es que se aprende a escribir solamente viviendo la vida y leyendo buenos libros, de esos que hacen aflorar nuestras emociones y nos ensalzan el corazón. John Fante lo hacia de puta madre, te lo prometo, y su hijo Dan también. Otros autores se le acercan mucho, como Hubert Selby jr, Sherwood Anderson, Edgar Hilsenrath, Nicola Pezzoli, Don Winslow, Charles Bukowski, Donald Ray Pollock, William Saroyan, Milan Kundera o Kenneth Cook, solo por citar algunos. Otros se convierten en admiradores obsesionados y se conocen todas sus obras al dedillo, y aquí tenemos a uno de ellos que, consumido por el fuego de la admiración, incluso se ha atrevido a sacar una biografía. Y no me refiero a uno de esos libros llenos de paja que tanto se llevan hoy en día, sino a una biografía novelada escrita con garra y sentido del humor. Chapeau, señor Margaretto. Espero poder tener el lujo, un día de estos, de poder quedar y tomarnos un café juntos mientras evocamos esos universos fantianos que tanto nos hacen soñar y que por supuesto nos ayudan a vadear ese pantano infernal llamado existencia. Augusto Daolio, para mí el mejor artista italiano del siglo XX, dijo una vez que los que usan solo la voz para cantar, tarde o temprano tendrán que callar, mientras que los que cantan con el corazón vivirán para siempre en los sentimientos de la gente. Pues bien, este libro está escrito con el corazón, y espero de verdad que sus alas relucientes lo lleven pronto hasta el Olimpo de los grandes. Salud.  


viernes, 8 de agosto de 2014

QUATTRO SOLI A MOTORE, de NICOLA PEZZOLI



Ya lo sé: me dispongo a recomendar un libro en italiano que va a ser muy difícil de encontrar en territorio español, y entiendo que no tenga mucho sentido apuntarse a un curso intensivo de italiano en agosto solo para poder leer este libro, aunque espero que algún editor español se ponga las pilas y lo traduzca pronto. Vamos al grano: no conozco a Nicola Pezzoli, el autor, ni nunca antes había oído hablar de él. Era un perfecto desconocido, hasta que durante mis vacaciones en Varigotti, Italia, un amigo me habló maravillas de este libro. Sin pensarlo, me hice con un ejemplar y me lo devoré en dos días. Para estar seguro de no equivocarme a raíz del calentón cerebral producido por el bochorno veraniego, lo volví a leer una segunda vez con la intención de corroborar la primera impresión. Y así fue. El libro es, sin más preludios, una auténtica obra maestra. De hecho, quiero ir más allá y decir que es el mejor libro que he leído de un escritor italiano después de Pirandello. A-C-O-J-O-N-A-N-T-E. Si en este mundo existiera una justicia divina, el señor Pezzoli debería ser un autor de cabecera que se enseña en la escuelas, un tío que vive sobradamente bien de la literatura y se dedica a rascarse el escroto y a visitar universidades y talleres literarios dando clases de escritura. Él sí que puede. Él sí que vale para eso. Él sí que sabe lo que es escribir con el corazón, desgarrar el papel con las palabras y golpear el alma del lector con humor corrosivo. El libro versa sobre la infancia de Corradino, un joven que relata su vida en un pueblo de la Lombardia occidental en los años setenta, un chaval inseguro que vive presa de los miedos más profundos, verdaderos lastres propios de la edad y del entorno. Cada día es una batalla para sobrellevar a los macarras del pueblo, quienes lo motean Scrofa (tarasca, cerda), las palizas del padre ignorante que descarga en él toda la frustración de su fracaso vital, los meapilas de la iglesia y sobre todo el señor Kestenholz, un anciano que vive recluido en una misteriosa mansión al otro lado del campo de maíz. Se dice de él que haya matado a sus tres hijos, que los haya momificado y luego devorados. Dicen que vive a la espera de que alguien acuda a su casa para descuartizarlo y meter sus trozos en la nevera. Sin embargo, no todo es como parece y la mansión Kestenholz acabará respondiendo muchas de las preguntas del joven Corradino en un final sorprendente que solo las mentes privilegiadas pueden orquestar.
Un libro melancólico envuelto en una espesa capa de humor corrosivo que te proporciona un descojono constante y descontrolado. Un libro para la posteridad de una de las grandes esperanzas de la literatura italiana. Me pregunto si será Nicola Pezzoli quien sacará a este país del oscurantismo cultural y hará pensar en los varios Fabio Volo y Federico Moccia como en una broma pesada de una época ominosa que por fin ha quedado atrás. Algunos fragmentos:

Quando arrivava la parte "Ricordati dei nostri fratelli che si sono addormentati nella speranza della Resurrezione", io sempre pensavo "Bei coglioni", perché immaginavo fosse gente radunatasi a bivaccare davanti alla tomba di Gesù, ma che poi aveva ceduto al sonno, perdendosi lo spettacolo. Mica lo sapevo che quella pappardella lí voleva dire "Ricordati dei morti" (pág. 134).

Mai ci fu un secolo cosí buio. E soltanto il prossimo saprà essere più buio. E quello dopo ancora, sempre peggio. Perché gli uomini sono destinati ad avere sempre più forza e potenza. Ma sempre meno intelligenza, saggezza e capacità di discernimento. E sempre meno bontà (pág. 281).

Chi nasce, nasce perché nel suo albero genealogico ci sono dei rami spezzati. Più che un albero, dobbiamo immaginare una legnaia di legna da ardere, Tonnellate di legna rotta e secca. Senza quella legna, segata e spaccata, non ci sarebbe quel fuoco che è la nostra singola, incidentale, vita. Siamo solo, e lo siamo tutti, nientr'altro che capricci del Caso.

Nada se le puede resistir a este hombre, ni siquiera el Nobel.