viernes, 8 de agosto de 2014

QUATTRO SOLI A MOTORE, de NICOLA PEZZOLI



Ya lo sé: me dispongo a recomendar un libro en italiano que va a ser muy difícil de encontrar en territorio español, y entiendo que no tenga mucho sentido apuntarse a un curso intensivo de italiano en agosto solo para poder leer este libro, aunque espero que algún editor español se ponga las pilas y lo traduzca pronto. Vamos al grano: no conozco a Nicola Pezzoli, el autor, ni nunca antes había oído hablar de él. Era un perfecto desconocido, hasta que durante mis vacaciones en Varigotti, Italia, un amigo me habló maravillas de este libro. Sin pensarlo, me hice con un ejemplar y me lo devoré en dos días. Para estar seguro de no equivocarme a raíz del calentón cerebral producido por el bochorno veraniego, lo volví a leer una segunda vez con la intención de corroborar la primera impresión. Y así fue. El libro es, sin más preludios, una auténtica obra maestra. De hecho, quiero ir más allá y decir que es el mejor libro que he leído de un escritor italiano después de Pirandello. A-C-O-J-O-N-A-N-T-E. Si en este mundo existiera una justicia divina, el señor Pezzoli debería ser un autor de cabecera que se enseña en la escuelas, un tío que vive sobradamente bien de la literatura y se dedica a rascarse el escroto y a visitar universidades y talleres literarios dando clases de escritura. Él sí que puede. Él sí que vale para eso. Él sí que sabe lo que es escribir con el corazón, desgarrar el papel con las palabras y golpear el alma del lector con humor corrosivo. El libro versa sobre la infancia de Corradino, un joven que relata su vida en un pueblo de la Lombardia occidental en los años setenta, un chaval inseguro que vive presa de los miedos más profundos, verdaderos lastres propios de la edad y del entorno. Cada día es una batalla para sobrellevar a los macarras del pueblo, quienes lo motean Scrofa (tarasca, cerda), las palizas del padre ignorante que descarga en él toda la frustración de su fracaso vital, los meapilas de la iglesia y sobre todo el señor Kestenholz, un anciano que vive recluido en una misteriosa mansión al otro lado del campo de maíz. Se dice de él que haya matado a sus tres hijos, que los haya momificado y luego devorados. Dicen que vive a la espera de que alguien acuda a su casa para descuartizarlo y meter sus trozos en la nevera. Sin embargo, no todo es como parece y la mansión Kestenholz acabará respondiendo muchas de las preguntas del joven Corradino en un final sorprendente que solo las mentes privilegiadas pueden orquestar.
Un libro melancólico envuelto en una espesa capa de humor corrosivo que te proporciona un descojono constante y descontrolado. Un libro para la posteridad de una de las grandes esperanzas de la literatura italiana. Me pregunto si será Nicola Pezzoli quien sacará a este país del oscurantismo cultural y hará pensar en los varios Fabio Volo y Federico Moccia como en una broma pesada de una época ominosa que por fin ha quedado atrás. Algunos fragmentos:

Quando arrivava la parte "Ricordati dei nostri fratelli che si sono addormentati nella speranza della Resurrezione", io sempre pensavo "Bei coglioni", perché immaginavo fosse gente radunatasi a bivaccare davanti alla tomba di Gesù, ma che poi aveva ceduto al sonno, perdendosi lo spettacolo. Mica lo sapevo che quella pappardella lí voleva dire "Ricordati dei morti" (pág. 134).

Mai ci fu un secolo cosí buio. E soltanto il prossimo saprà essere più buio. E quello dopo ancora, sempre peggio. Perché gli uomini sono destinati ad avere sempre più forza e potenza. Ma sempre meno intelligenza, saggezza e capacità di discernimento. E sempre meno bontà (pág. 281).

Chi nasce, nasce perché nel suo albero genealogico ci sono dei rami spezzati. Più che un albero, dobbiamo immaginare una legnaia di legna da ardere, Tonnellate di legna rotta e secca. Senza quella legna, segata e spaccata, non ci sarebbe quel fuoco che è la nostra singola, incidentale, vita. Siamo solo, e lo siamo tutti, nientr'altro che capricci del Caso.

Nada se le puede resistir a este hombre, ni siquiera el Nobel.



sábado, 12 de julio de 2014

ESQUINAS, de PEPE PEREZA




Antes de ayer, al salir de un curso, quedé con un chaval para probar un Lotus Elan de segunda mano. Hace unos años también me di una buena vuelta en un Elise. ¿Alguien de vosotros se ha subido alguna vez a un Lotus? Los que lo hayáis hecho, sabréis que las sensaciones que se sienten no te las proporciona ninguna otra marca automovilística del mercado, ningún otro coche por muy moderno y potente que sea. Ni siquiera un Ferrari o un Lambo, te lo prometo. Se tiene la sensación de que todo está estudiado única y exclusivamente para disfrutar de la conducción. Te pasas por el forro de los huevos la comodidad, los sensores de aparcamientos o el navegador de última generación con pantalla táctil. Nada es superfluo y tu mente solo tiene que pensar en disfrutar de la conducción. Peso ligero, interior espartano y motor poderoso. Según dijo Colin Chapman, fundador de Lotus Cars, simplifica, luego aligera. Si los libros de hoy se compararan con un coche y el amigo Colin probara uno, seguro que se atragantaría con tanta paja. Simplifica, luego aligera. Luego disfruta. Luego vete a casa y duerme sueños tranquilos. Esquinas, de Pepe Pereza, es lo más parecido a un Lotus que he visto jamás, y me atrevo a decir que es uno de los mejores libros que he leído en años. Prosa fluida, lenguaje sencillo y emociones poderosas. Súbete en su chasis y ya no querrás bajarte hasta el final. Se trata de relatos breves sobre mujeres, aunque el protagonista principal de todas las historias siempre es el mismo: la soledad, un estado de ánimo que nos acompaña día tras día hasta la tumba. La edición es preciosa y cada relato va acompañado de una ilustración, algo que convierte el libro en una auténtica joya, un capricho para sacar del párking solamente los fines de semana y disfrutarlo en una carretera de montaña. Un Lotus. Súbete a uno si no me crees y no querrás probar nunca más un BMW o un Mercedes aunque te lo regalen. Es posible que alguien se esté preguntando: "Ya van tres libros reseñados de la editorial Lupercalia en poco más de tres meses; seguro que este tío es amigo del editor o tiene negocios turbios con él". Siento decepcionaros, pero ni siquiera lo conozco y solo nos hemos intercambiado un par de correos. Ni siquiera sé qué cara tiene. No le debo favores, ni él a mí, y recalco una vez más que en este blog se trata de ser lo más objetivo posible, reseñando únicamente los libros que valen la pena y que se salvan de la hoguera. Si Lupercalia apuesta por escritores buenos y Planeta o Mondadori no, yo desde luego no tengo la culpa. Me parece bien que cada uno se deslome por los que considera sus caballos ganadores, aunque se caigan por su propio peso. Al fin y al cabo, la pasta es de ellos, no mía. Como si queréis publicar la nueva novela de Pocholo. Me la suda. Si hay primos que la compran, felicidades. También hay gente que se come sus propios excrementos, así que ya nada me sorprende. Volviendo a Esquinas, nos encontramos con veintidós relatos que demuestran una calidad literaria y un control de los tiempos narrativos sorprendentes. Algunos son auténticas obras de arte, como El perro, en el que un padre descubre que su hija se prostituye; Dinero, en el que una chica acude a la casa de un viejo que quiere ser tratado como un bebé a cambio de pagarle una importante suma de dinero; El vestido, donde una chica se acuesta con el encargado de una tienda para poder comprarse un vestido muy caro, hecho que acarrea unas interesantes consecuencias psicológicas; y La cita, en el que un cliente invita a una prostituta a una cena romántica, tratando de dar un giro a su relación con esa mujer. Sin embargo, para que un libro de relatos sobresalga en medio del montón se necesita algo más, una historia que se lleve la palma, la activación de ese turbo que nos pega al asiento y dispare la manecilla del cuentakilómetros. Y Esquinas, por supuesto, lo tiene. El turbo se llama La negra y es una pequeña obra maestra. Una mujer octogenaria acude a un burdel para contratar los servicios de una chica negra. Su intención es llevarla a su casa para que se desnude delante del marido enfermo, quien siempre había tenido el deseo de ver a una mujer negra en cueros. Una historia aparentemente sencilla que miles de escritores podrían redactar, aunque de momento solo conozco a uno que ha conseguido llenar algo tan sencillo de humanidad, ternura, soledad y melancolía. Se llama Pepe Pereza y os aseguro que vale la pena comprar el libro solo por ese relato. Magnífico. Imposible no emocionarse, exactamente igual que cuando apoyas tu culo en el asiento de un Lotus y arrancas el motor. El león no parará de rugir y la adrenalina te llegará hasta la coronilla. Lectura imprescindible.                               

sábado, 21 de junio de 2014

PANTANO, de IVÁN ROJO



Cada día que pasa siento más repulsión hacia el mundillo literario. El otro día acudí a una presentación y le escuché decir al listillo de turno que "a él no le hace ninguna ilusión que lo publiquen ni que su libro esté en las librerías; ¡qué más da!" Pronunció esas palabras con un tono pretencioso que desenmascaraba enseguida su falsa humildad. Capullo. Es muy fácil decir eso cuando formas parte de la casta literaria, pero tal vez deberías detenerte un segundo a pensar en todos esos escritores noveles que luchan a diario (muchas veces infructuosamente) para hacerse un hueco en el mundo de la literatura y ver su sueño hecho realidad. Definitivamente, necesitamos un champú para acabar de una vez por toda con esta spanish caspa.
Venga, aquí va otra perla. Hace unos días presenté por segunda vez en Barcelona mi nuevo libro y estuve contactando con amigos, conocidos y escritores para invitarlos al acto. Uno de ellos me escribió lo siguiente: "Estoy muy metido en mi nueva novela y trato de no hacer otra cosa que no sea escribirla". Luego estos mandrias se quejan de que nadie va a sus presentaciones ni compra su basura. No me extraña.
Última, lo prometo. Hace unos meses se me ocurrió la idea de confeccionar una antología dedicada al gran John Fante y publiqué una serie de mensajes en las redes sociales para captar buenos relatos. Dije que participarían catorce autores y que solo se valoraría la calidad del relato por encima del estatus. Me escribió una escritora-caspa y me dijo: "Yo soy superfan de Fante (este anglicismo esta muy de moda hoy en día entre la gente cool), pero antes de nada quiero saber con qué editorial saldrá la antología. ¿Es una big?". Vamos a ver, todavía no has escrito nada y ya quieres salir en una editorial, y encima grande. Spanish caspa. 
Luego está gente como Iván Rojo. Me mandó un correo humilde y respetuoso con un relato cojonudo. Nunca había oído hablar de él, pero su historia le daba mil vueltas a la mayoría de los genios que pululan por ahí con sus egos desorbitados y por lo tanto está entre los catorce que rendirán homenaje a Fante. Iván también tuvo el detalle de mandarme su último libro, Pantano, una recopilación de relatos recién publicados por la interesante editorial Sven Jorgensen.
En palabras del prologuista, "Iván Rojo no es un escritor sucio si comprendemos que la auténtica belleza no es limpia y hay que sumergirse para rescatarla del fondo del pantano. De allí se vuelve con óxido y será la única huella que quede del tiempo al que, ahora, tendremos que sobrevivir". Una descripción magnífica de un libro que he disfrutado desde la primera hasta la última línea. Treinta y un relatos llenos de vida, desesperación, gente que se hunde en el pantano de la existencia o simplemente se encharca en él. Retazos de inquietudes y reflexiones profundas de gran trascendencia que acaban arrastrándote hasta el borde del pantano para que las moralejas queden bien claras. Algunos relatos desprenden una fuerza narrativa sorprendente, como es el caso de Carajo, Ocio nocturno, Atolones y Ring. A ver algunos extractos:


CARAJO:

Además de la isla de Mauricio, la república incluye las islas de San Brandón o Cargados Carajos, Rodrigues y las Islas Agalega”. Palabra de Wikipedia. Añade: “Población total: 1.240.827 (2007)”. Supongo que se refiere a personas.


Añade: “A la Isla Mauricio se le conoce en el mundo como la
Isla Playa. Perdida en medio del Índico, este pequeño pedazo
de paraíso está rodeado de lagunas. Los diferentes tonos
azules ilustran los fondos cristalinos del mar”.
Obra de algún poeta frustrado tecleando basura en un mac mientras muerde un donut, sin duda. Peor: obra de algún don nadie que se cree un poeta malogrado con tendencia al sobrepeso por culpa de las crueles circunstancias de la vida moderna, lo estoy viendo.
...
De repente me siento mejor. Les admiro. Y al llegar a casa escribiré un pequeño relato en el que seguramente no conseguiré transmitir lo que deseo: que hay muchas maneras de triunfar, y que solo un uno por mil de ellas son hermosas y puras y gratificantes. Y que desde luego no consisten en tumbarse al sol a la orilla del océano índico por haber aumentado el volumen de ventas de tu empresa.



OCIO NOCTURNO:


Es fácil componer la conversación; es la misma de siempre. Todo es lo mismo de siempre: los tres sentados bebiendo cerveza y hablando de… eso: lo mismo. Lo de siempre. Hace años que las cosas son así, idénticas a las del día anterior. Todo envuelto en una monótona nube de frustración. En realidad, menos que eso: no puede haber frustración si no hay talento para alcanzar ciertas cosas. Basta con decir que se están acostumbrando a ser mediocres. Degeneran cada día un poco más. Se alejan de todo y todo se aleja de ellos. Y tienen el cerebro suficiente para darse cuenta de ello y estar jodidos.


ATOLONES:

El cortacésped volcado, sus aspas girando y el nene de pie tambaleándose sobre sus piernecitas, completamente pálido, mirándote sin verte, en estado de shock, con los brazos desgarrados a la altura de las muñecas. Ni rastro de sus manos. Solo sangre por todas partes y pequeños pegotes de carne picada. Y Sultán que ya no ladra, que se limita a olfatear, coger y masticar tranquilamente los pedazos más grandes. Imposible reimplantárselas, piensas con una frialdad que ya sabes identificar como artificial, como mecanismo de defensa para evitar que tu corazón se detenga y explote ante semejante visión. Piensas, como si tuvieras el cerebro dentro de una cámara de vacío, que tu flamante villa acaba de convertirse de golpe y para siempre en una mazmorra inevitable. Que vas a tener que sacrificar a tu fiel Sultán. Que sin manos es imposible sujetar como corresponde las riendas de un pony. Que el nene ni siquiera podrá tener la experiencia de hacerse una paja. Que a sus espaldas no le llamarán el nene sino cosas mucho más horribles y dolorosas. Piensas que la hija de puta de tu mujer debería haber estado despierta para cuidar del nene, para evitar que esto pasara. Y piensas que ella pensará que mientras vuestro hijo era hecho picadillo tú estabas en la otra punta de la casa fantaseando con islas privadas. Piensas que ya jamás os podréis querer el uno al otro. Y piensas, atravesado por la punzada de dolor más exquisito que nadie haya sentido nunca, que el nene jamás os querrá como os podría haber querido. Porque por encima del amor flotarán nubes de culpa. Densísimas. Casi sólidas. Como las que descargan brutalmente de tanto en tanto sobre los paraísos insulares del Pacífico.

Un autor MUY interesante que hay que seguir con suma atención. La literatura necesita a tipos como Iván, no a esos payasos de tres al cuarto que llenan sus novelas de paja y le echan encima el espray tóxico y adictivo de McDonald para que le hinquemos el diente y después pasemos toda la noche abrazados a la taza del váter. 

Pantano, Iván Rojo y Sven Jorgensen: comida sana para bajar el colesterol y aumentar la actividad cerebral. Buena entrada de verano.


viernes, 9 de mayo de 2014

LA 4ª, de MARIO CRESPO



Hace unos días, durante una cena entre viejos amigos, nos sacamos de la manga una teoría evolutiva que nos ayudaría por fin a dar el gran salto del que hablaba el tío Darwin, un salto que cada cierto tiempo se hace estrictamente necesario. En el nuevo modelo de sociedad se van a prohibir tres cosas (ya sé que las prohibiciones son malas y que esta palabra no suele ser bien asimilada por el cerebro humano, pero estamos hablando de un cambio drástico y necesario):

1) Prohibir la televisión, alias la caja tonta.
2) Prohibir el fútbol
3) Prohibir la reproducción entre seres humanos.

Al leer el punto tres, es probable que los del Partido Popular y esas madres ansiosas por tener un hijo sea como sea, da igual que se fecunde con semen de dinosaurio, me manden un sicario a casa, así que voy a ser un poco más claro. El caso es que vivimos en una sociedad donde hay que sacarse títulos y cursos para todo, pero resulta que cualquier idiota subnormal sin dos dedos de frente puede tener un hijo, y su falta de sentido común y de cariño se van a meter en la piel de la pobre criatura, quien, una vez adulta, nos va a dar por culo a todos. Intolerable, así que cursos y carreras y títulos para poder parir, y se acabó. Dicho esto, vamos a ver qué conseguimos con esta nueva teoría evolutiva:

1) Que la gente sea un poco más lista.
2) Que la gente aprenda a pensar con su propio cerebro en lugar de que lo haga la tele por ellos.
3) Que la gente compre y sepa apreciar La 4ª, el último libro de Mario Crespo, publicado por la prometedora editorial Lupercalia, en lugar de abarrotar las calles de Barcelona el día se Sant Jordi para llevarse el maravilloso libro del Faquir que se quedó encerrado en el horno de su puta madre.

La mayoría de las personas ni siquiera saben qué cojones es la segunda dimensión, ya que su vida se centra en lo que hagan o digan Cristiano Ronaldo, Sergio Ramos o Belén Esteban (1ª dimensión), así que hablarles de la cuarta va a ser tan fácil como explicarle a un mono física cuántica.
Dicho esto, y pese a ser una novela bastante atípica, el lenguaje de La 4ª es ágil y fresco, y te engancha desde las primeras líneas. Sabemos que Mario Crespo es un apasionado de la metaficción. Sabemos que le gusta agitar en coctelera realidad y ficción, espacios temporales y flashback, dimensiones paralelas y evasiones de ensueño. Sabemos que le gusta servirlo frío y sin hielo en copa martini, para que el lector lo disfrute de un tirón y se quede con la frescura de su prosa. Sabemos que es un tío inquieto, y eso se ve plasmado en la novela. La 4ª arranca con la adolescencia del joven Carlos Barbosa, un joven intorvertido que se queda traumatizado tras recibir una brutal paliza en plena Semana Santa de los macarrillas del colegio. Después del triste suceso, Carlos se vuelve violento y acabará metido en el mundillo de la droga y los trapicheos. Luego el autor nos catapulta hasta 2010 y el relato está narrado en primera persona por Magdalena, novia de Carlos tras su huida de España a Nueva York (para mí gusto es el fragmento más flojillo de la obra). Luego estamos en los años 70, luego en 2046 y finalmente en 2012. No os voy a desvelar ciertos giros de la trama, pero sí os diré que el libro está lleno de guiños tanto a libros como a películas de culto, como por ejemplo El Padrino. Está rebosante de vida, de reflexiones, de teorías más que certeras sobre la actualidad, pero por encima de todo tiene HUMOR. Hoy más que nunca necesitamos reírnos y pasarlo bien, tomarnos las cosas con filosofía y olvidarnos por un momento de los problemas del mundo al son de una buena carcajada. La mayoría de los experimentos literarios de este tipo acaban siendo unos bodrios tremendamente serios escritos por profesores de talleres de escritura o tíos que se creen muy listos y que lo único que consiguen es aburrirte como una ostra. Mera paja. Necesitan alimentar su ego desde un pedestal y lo único que alimentan es el tedio. Son libros sin alma, sin garras y sin corazón. Mierda que la gente acaba comprando porque lo tiene el vecino o el colega en el curro, o por el bombardeo mediático de la editorial potente que saca el bodrio gracias al apoyo de los medios, que lógicamente están conchabados. ¿Ahora entiendes por qué es tan necesario dar un salto evolutivo? ¿No te das cuenta de que la pescadilla ya no tiene cola que morderse y ha llegado a la cabeza? Algunos pasajes:

La lectura de la novela me mantuvo un buen rato fuera del territorio que llamamos realidad y me otorgó el privilegio de vivir en una dimensión donde conviven la magia y la fantasía, donde existe la memoria y se refugian las almas, un sitio lejano donde se encuentran las fases más profundas del sueño y la inconsciencia, un estrato mental donde no hay vivos ni muertos, un lugar donde habita todo aquel que tiene recuerdos, un estado que otros llamarían Cielo o Nirvana y que yo denominé la cuarta dimensión (pág. 22).

Jesucristo fue un mártir, pero un mártir sobre el que se ha hecho mucha literatura. De hecho, la historia está llena de jesucristos. Y es que, en esencia, todo se reduce al principio y al fin, al alfa y al omega, a la lucha entre el bien y el mal. Cada época tiene su Jesús, su don Manuel, su Quijote, su profeta, pero todo al final continúa por los derroteros cíclicos que la geometría del universo admite (pág. 138).

En definitiva, el libro de Mario Crespo propone una fórmula interesante que desde luego nos ayudará en este arduo proceso de cambio: aprender a reflexionar sobre la cuarta dimensión y utilizarla para entender mejor el mundo. No se le puede pedir más a un libro, que además tiene una portada cojonuda, así que corran a comprarlo antes de que la distribuidora descargue en la librería el próximo vertido de basura y La 4ª se hunda en agua de borrajas.


sábado, 26 de abril de 2014

LA LEYENDA DEL SANTO BEBEDOR, de JOSEPH ROTH



Este pasado miércoles 23 de abril aquí en Cataluña se celebró el día de Sant Jordi, una fiesta muy especial dedicada al libro y a las rosas. Estoy seguro de que los de la editorial Libros del zorro rojo tuvieron su parada en el centro y expusieron, entre sus títulos, este maravilloso relato de Joseph Roth, mejor escritor que Philip y desde luego uno de los más grandes narradores del siglo XX. Si os soy sincero, me gustaría saber cuántos ejemplares se vendieron a lo largo de todo el día. ¿Treinta, cuarenta? No sé, a lo mejor estoy apuntando demasiado alto, o a lo mejor me desmiente la editorial y me dice que han vendido mil, nunca se sabe. Los milagros existen, y no hay libro mejor que este para demostrarlo. La historia nos habla de un sin techo llamado Andreas que malvive en la orilla del Sena con otros vagabundos harapientos. Cierto día, un señor distinguido se topa con él y le da doscientos francos para que pueda rehacer su vida, pero con la condición de que los devuelva, en cuanto pueda, a la estatuilla de Santa Teresa, en la capilla de la iglesia de Sainte Marie des Batignolles, entregándoselos en mano al sacerdote tras la misa del domingo. El milagro se ha consumado y la vida parece sonreírle de repente, pero no es tan fácil desprenderse de los malos hábitos y Andreas se acaba gastando el dinero en bebida y en acompañantes, de modo que le resulta imposible devolverlo. Pese a todo, los milagros vuelven a producirse y se encuentra con un billete de mil francos. Es rico otra vez pero, tampoco en esta ocasión, por razones diversas, consigue cancelar su deuda con Santa Teresa. Ni siquiera con el tercer milagro alcanza su objetivo, y así se cumple la leyenda del santo bebedor, cerrada con un clímax final majestuoso. La prosa, extraordinaria por su fluidez, es acompañada de unos dibujos excelentes, así que mi más sincera enhorabuena a Pablo Auladell, de los mejores ilustradores que he visto. Algunos párrafos de muestra:

Y al mismo tiempo supo por qué durante todos aquellos años había tenido tanto miedo a los espejos. No era bueno contemplar con sus propios ojos la depravación de uno mismo; mientras uno no se vea obligado a contemplar su propio rostro, es como si simplemente no tuviera rostro, o como si este fuera el antiguo, aquel anterior a la caída (pág. 14).

Sí, la naturaleza del hombre le lleva a enfadarse cuando no obtiene de forma continuada lo que parece haberle prometido un azar casual o pasajero. Así son las personas (pág. 34).

Tú lo has dicho, Joseph, así son las personas. Abarrotamos las calles de Barcelona en Sant Jordi para llevarnos a casa el nuevo libro de Belén Esteban, o todas esas mierdas sobre el tío que saltó por la ventana o el atontado que se quedó atrapado en el armario de su puta madre. O tomaduras de pelo del tipo ven y déjalo todo, verdaderos insultos a la inteligencia humana y al sentido común. ¿Por qué la gente sale a comprar esa bazofia y se deja engatusar por la publicidad salvaje y manipulada de los medios? Tal vez la culpa sea de la caja tonta y de los carruseles deportivos que nos lisian el cerebro a diario, pero nadie tiene la respuesta definitiva, igual que no podemos saber por qué razón Andreas no conseguía devolver el dinero pese a todas las ayudas que le brindaba la vida. El hombre es el único animal que tropieza siempre con la misma piedra, y nunca ha habido tantas como ahora en nuestro camino. Disfrutad de esta sensacional obra maestra y acompañad la lectura con un buen vaso de vino. Id en paz. Amén.



viernes, 18 de abril de 2014

CÓMO ENCONTRAR TRABAJO EN 48H (O MENOS)


Ya está a la venta mi nuevo libro Cómo encontrar trabajo en 48h (o menos), un método eficaz y testado en más de trescientas entrevistas para dar por fin un giro a nuestra vida.

En Sant Jordi estaré al final de La Rambla, zona Drassanes, de 9 de la mañana a 20h.

De 12 a 13h también estaré con Editorial Base en una caseta de Paseo de Gracia, justo a la altura de Gran Vía. 

Os espero a todos y estaré encantado de charlar con vosotros sobre este nuevo proyecto.

martes, 18 de marzo de 2014

VORÁGINE, de ALEXANDER DRAKE



Hace algunos años me dijeron que había en España editoriales independientes especializadas en publicar libros de relatos. Me contaron que en su catálogo estaban los mejores y más prometedores cuentistas del panorama español, unos genios de la hostia que sumaban en su palmarés un sinfín de premios literarios. El caso es que me lo creí y compré un par de libros de esos supuestos dioses de la literatura. Al acabar el primero tuve que irme al baño y echarme agua fría en la cara. Me sentía cómo si alguien me hubiera vertido un cubo de mierda en la cabeza. Me dije: "Tío, solo ha sido una mala experiencia, ve y léete el segundo libro". El resultado, sobra decirlo, fue parecido, con la diferencia de que esta vez me eché a llorar, y no precisamente porque los relatos me emocionaron. ¿Qué hostias era eso? ¿A eso la llamaban "buena literatura"? Ahora algún listillo va a decir: "Bueno, porque no te hayan gustado a ti no significa que sean malos; para gustos hay colores". Me parece bien tu argumentación, pero entonces coge una diarrea de perro y para a diez personas al azar en la calle y dásela a probar. Si para gustos hay colores, seguro que alguien se la come, aunque lo dudo mucho. Mi pregunta ahora es la siguiente: "Por qué nos venden eso? ¿Qué razones de fondo hay para que una editorial gaste dinero en la publicación de semejantes bodrios?" Necesito que alguien se siente conmigo un día de estos y me explique el truco. Yo pago la comida y el café, no os preocupéis, pero necesito entender. La mayoría de esos relatos eran sosos, pretenciosos, mal armados e insignificantes. Tenía la sensación de que esos autores jugaban con las palabras y escribían sobre lo primero que se les había ocurrido sin ponerle ni pizca de emoción al asunto. Su escritura era lenta, farragosa, enredada, confusa y desaliñada. En otras palabras: esa gente no tenía nada que contar, y sin embargo nos los vendían como los nuevos genios del relato. Le doy cincuenta euros en mano al tío que se siente conmigo y me aclare el tema, lo prometo. Repito: necesito entender, es algo vital para mí en estos momentos. Luego un día un tal Alexander Drake, a quien conozco a través de otro libro que acaba de publicar, tiene el detalle de mandarme Vorágine a mi casa, un libro de relatos que ganó el VII Premio Internacional Vivienda-Villiers de Relato organizado por Ediciones Irreverentes. Empiezo a leerlo y pienso: "He aquí un escritor que no tiene miedo a decir lo que piensa; he aquí una voz original, una voz que bebe mucho de Bukowski, pero original en su esencia. He aquí un tío que nos habla del lado oscuro de la mente humana, de ese inmenso manicomio que es el mundo y de todos esos pacientes que deambulan por sus salan a la espera de que la Muerte haga acto de presencia con su asquerosa guadaña. Un escritor sin miedo es alguien honesto que con cada palabra que teclea te abre las puertas de su corazón. Un escritor sin miedo es lo más parecido a la perfección que exista. Da igual a quién imite, o de quién "beba"; el caso es que cada frase que sale de su mente es una flecha afilada que se te clava en las entrañas. El libro consta de más de ochenta relatos, algunos de ellos muy breves y otros muy largos. El nivel de la mayoría es medio/alto, pero hay algunos que destacan por encima del resto, como es el caso de El triunfador, Atrapado en un bucle, Un despertar amargo, Muerte sistemática, Sueños de la vejez, Mientras la ciudad duerme, Las piezas del puzle y Los primeros años como escritor (sensacional), donde el autor nos relata su particular experiencia en el mundillo editorial. Muchas veces no es tan importante lo que se cuenta, sino CÓMO se cuenta. Veamos un fragmento:

De pronto lo vi claro. Era un farsante. Toda mi vida era una completa broma. Yo mismo era un mal chiste. Tenía 34 años y llevaba doce trabajando en esta compañía. Mi sueldo era mediocre, mis aspiraciones nulas, mi futuro incierto, mi motivación sencillamente no existía. Eché un vistazo al calendario. Estábamos a finales de abril. Aún quedaban más de tres meses para las vacaciones de verano. No sé si conseguiría llegar hasta entonces. Y si lo hiciera, ¿de qué serviría? Tan solo supondría un descanso momentáneo antes de volver a comenzar la misma farsa un año más. Y después otro; y luego otro más; y así durante los próximos treinta años (Atrapado en un bucle, pág. 55).

¿Os dais cuenta de lo rápido que se lee esto, de la gran verdad que esconde y de cómo nos la transmite, sin dar ningún puto rodeo? Si de verdad queréis dedicaros a escribir relatos, enviadle un mensaje a Alexander Drake, alias Alain Gonfaus, y pedidle unos cuantos consejos. Es sin duda uno de los escritores vivos más interesantes del mercado, y aquí ya sabéis que no se vende ninguna moto. Ninguna.