jueves, 20 de agosto de 2015

XXI SECOLO, de PAOLO ZARDI



Tras la buena primera impresión que me causaron los libros de Michel Houellebecq, del que reseñé el mes pasado Plataforma, me atreví con su última novela: Sumisión. Y ahora que la he terminado puedo decir, sin miedo a equivocarme, que me parece una auténtica chapuza. Es lenta, farragosa, confusa, traída por los pelos y, sobre todo, está llena a rebosar de paja. Cuesta creer que el autor de Plataforma haya sacado un bodrio de esas dimensiones, y me urge comentarlo después de las alabanzas que le dediqué en la última reseña, para que veáis que aquí se intenta ser lo más honestos y sinceros posible. ¿Qué es los que les pasa a los buenos autores una vez tienen éxito mediático? ¿Acaso se dejan influenciar por los agentes, la publicidad y la fama? ¿Cómo es posible que el autor de lengua afilada que nos deleitó en sus primeras novelas haya engendrado semejante porquería? Necesito que alguien me lo explique. Estoy dispuesto a pagar cantidades elevadas.
Por suerte para mí, la siguiente lectura fue XXI Secolo, novela del italiano Paolo Zardi que ha llegado este año entre las finalistas del renombrado Premio Strega. Ya sabéis lo que opino de esos premios, pero por una vez parece que el asunto se aguanta por su propio peso. El libro de Zardi, dicho sea de paso, es una auténtica maravilla y presenta tres de los ingredientes indispensables que toda buena novela debería tener: emociona, es profundo y está muy bien escrito, lo que ayuda a que la lectura sea sumamente ágil. De argumento similar al de Sumisión por el hecho de situarnos en un futuro no demasiado lejano, el autor nos cuenta el calvario de un padre de familia que, tras recibir la noticia de que su mujer Eleonore ha entrado en coma al sufrir un ictus, empieza su propia lucha personal para llevar adelante su vida y la de sus dos hijos, Miriam y Marco, en un mundo a la deriva devastado por la crisis, un mundo violento y asolado por la pobreza en el que la resignación lo ha abarcado absolutamente todo. Pero mientras su mujer lidia entre la vida y la muerte en estado vegetativo, el hombre descubre un móvil secreto escondido en uno de los cajones del piso. Dentro hay un montón de fotos de su mujer, y de pronto la realidad irrumpe en su vida con su carga de dudas y angustia: ella tenía un amante desde hace tiempo, una vida paralela del que su marido en ningún momento se había percatado. El hombre, y el ser humano en general, ya no puede permitirse el lujo de creer y lo único que necesita es saber, de ahí que nuestro protagonista empiece una búsqueda desesperada de la verdad, la misma de la que hablaba Sherwood Anderson, esa verdad escurridiza y fantasmal que con el tiempo ha quedado enmarañada en el bosque de la mentira. Una novela, engalanada con un final soberbio, que se lee de un tirón y nos hace reflexionar sobre las tinieblas que gobiernan este siglo de contradicciones en el que nos ha tocado vivir. Hasta la fecha es el mejor libro que he leído en este 2015, y una vez más toca felicitar a Neo Edizioni, editorial pequeña e independiente, por su olfato infalible a la hora de escoger sus publicaciones. Con los de Nicola Pezzoli, escritor italiano revelación, ya van tres libros de gran calidad, y en los tiempos que corren tres aciertos de tres es para ponerse a descorchar champán del bueno. A-M-A-Z-I-N-G.
Aquí algunos pasajes para los conocedores de la lengua de Dante:


"La povertà l'aveva consumata, oppure era solo colpa della biologia -cellule ossidate, orgasmi esausti, fegato e reni fiaccati da decenni di lavoro-. Esistere richiedeva una dedizione totale. Si invecchiava solo cercando di rimanere in vita" (pág. 15).

"Era arrivato il momento di ammettere che il passato, come il futuro, non esisteva: si costruiva con gli anni, un po' alla volta, guardando di lato, o tornando indietro, perché la direzione del tempo era un'illusione, una semplificazione accademica, un modo strumentale per organizzare al meglio la propria vita entro parametri prevedibili, repetibili e condivisi" ( pág. 49).

"Dopo una certa età, i tradimenti creano grossi casini. Quando l'amore si trasforma in un groviglio di contratti, promesse, rughe, impegni, rate, è come un vulcano di rancore pronto a esplodere" (pág. 108).


Traducir este libro al español es la mejor inversión que un editor con dos dedos de frente podría hacer en este momento. Pues sí, amigos, la literatura sigue viva pese a las aberraciones de este siglo decadente, a los libros de los chefs y a los superventas para rebaños idiotizados. Sigue de pie con su tozudez atávica y todavía nos brinda destellos de esperanza.

viernes, 31 de julio de 2015

PLATAFORMA, de MICHEL HOUELLEBECQ


Hola, amigos. El calor aprieta con fuerza y muchos seguro que os estaréis pasando el día metidos en el agua. Yo también, por eso voy a escribir una reseña express y luego volveré a ponerme en remojo. Con todos los libros malos que me he tragado este año, creo que me lo merezco, joder. 
Hace unos meses leí en algún sitio que Michel Houellebecq es en la actualidad y con diferencia el mejor escritor de Francia. Uno llega a leer eso y por un momento se lo cree, pero a estas alturas de la vida no podemos permitirnos el lujo de creer; necesitamos saber, así que me compré una edición de bolsillo de su novela Plataforma. Lo primero que me pregunté al terminarlo fue cómo es posible que los zumbados del islam todavía no hayan dado con su culo, ya que arremete sin piedad y sin pelos en la lengua contra esa religión, valga de ejemplo el siguiente pasaje, que el autor pone en boca de un egipcio antiislámico:

"Desde la aparición del islam, nada más. La nada intelectual absoluta, el vacío total. Nos convertimos en un país de mendigos piojosos. Sí, mendigos llenos de piojos, eso es lo que somos. Chumsa, chusma. Tiene que recordar, mi querido señor, que el islam nació en pleno desierto, entre escorpiones, camellos y toda clase de animales feroces. ¿Sabe cómo llamo yo a los musulmanes? Los miserables del Sahara... El islam solo podía nacer en un estúpido desierto, entre beduinos mugrientos que no tenían otra cosa que hacer, con perdón, que dar por culo a sus camellos" (pág. 222).

Telita. Pero el libro no va del islam. Utiliza episodios para cargárselo, pero en realidad cuenta la historia de un funcionario apático de cuarenta años que se marcha de vacaciones a Thailandia para hacer un poco de turismo sexual y poner de paso sal y pimienta en su vida abúlica. Allí conoce a Valérie, directiva de la agencia Nouvelles Frontieres, y con ella descubre una nueva visión del placer y sobre todo de la sexualidad. De vuelta a Francia, los dos se van a vivir juntos y Michel vuelve a sentirse vivo, tanto que deciden, en colaboración con otro socio, crear una red mundial de colonias turísticas en las que el sexo se practique libremente y la prostitución sea una actividad legal. Como es lógico esperarse, el proyecto es todo un éxito, pero la tragedia final se lo lleva todo por delante y sirve para hacernos reflexionar sobre muchas cosas, entre ellas la fatalidad del destino y ese monstruo llamado "Capitalismo" que nos consume lentamente por dentro.  No sé si Houellebecq es el mejor escritor francés de la actualidad, más que nada porque no conozco a todos los escritores franceses de la actualidad y hacer afirmaciones universales siempre resulta un poco cursi, superficial y hasta incómodo. Lo que sí sé ahora, después de leer este libro, es que Michel Houellebecq es un escritor tremendamente honesto, directo y con mucha personalidad narrativa. Su ritmo es hipnótico y sabe cómo llevar al lector, lo cual es todo un logro teniendo en cuenta el panorama literario actual. Como dice el autor:

"Vivir sin leer es peligroso, obliga a conformarse con la vida, y uno puede sentir la tentación de correr riesgos" (pág. 86).

Eso no significa que tengamos que ir corriendo como imbéciles a la Casa del libro a comprar La chica del tren o Las sombras de Grey solo porque lo tiene nuestro vecino y el márketing no nos da asidero. Ese sí que es un riesgo para nuestro cerebro y es casi peor que no leer nada. Monsieur Houellebecq, en cambio, os cautivará con su prosa corrosiva desde el primer momento. Buenas vacaciones.
Vuelvo al agua. 


lunes, 22 de junio de 2015

LA MALA PUTA, de MIGUEL DALMAU y ROMÁN PIÑA VALLS


Buenos días, almas inquietas. Se acerca el verano y aquí está la reseña del mes. Y os aviso de que viene cargada de pólvora. Vamos a ver. Tenemos a dos señores, Miguel Dalmau y Román Piña Valls, que llevan muchos años metidos en el ajo editorial y saben bastante de todos los entresijos que mueven esta maravillosa cofradía de vampiros. Y resulta que hace unos meses sacaron La mala puta, un ensayo escrito a cuatro manos lleno de verdades que ya va siendo hora de gritar a los cuatro vientos. ¿Es este libro una obra maestra? Supongo que no, pero, ¿qué es exactamente una obra maestra? Si no lo sabéis, preguntadle a algún crítico, a ver si os ayuda. Por mi parte, lo que sí puedo decir es que La mala puta es un libro absolutamente necesario en el panorama actual, está bien escrito y puede resultar de gran ayuda para cualquier autor novel ilusionado con publicar su primera obra. Hay que matizar algunas afirmaciones, pero sin duda debería venderse en los aeropuertos y repartirse por las calles como si fuera una vacuna contra la estupidez y ese borregueo masivo que cada vez arrambla más con la cultura. Este ensayo es la ametralladora cargada, el imput definitivo para subir a mi atalaya con una sola consigna en la cabeza: prohibido hacer prisioneros. Así que vamos allá. Primero: los editores. Si tenías alguna duda en la cabeza, te la despejo rápido: ellos son los únicos culpables, no hay otros. No me vale, pese a que la respeto y la comparto a medias, la crítica de Dalmau a escritores de best seller como Ildefonso Falcones o Carlos Ruíz Zafón. Ildefonso Falcones escribe mal y hace narrativa comercial; Zafón escribe bien y hace narrativa comercial, así que no pueden estar en el mismo saco. Zafón es un buen escritor (que haga narrativa comercial no significa que no sepa escribir bien, ojo), Falcones no. Si estos tíos ganan millones, me alegro un montón por ellos. Si Albert Espinosa gana millones con su libro a pesar de ser un paquete (tanto él como sus libros), olé sus huevos. Si Boris Izaguirre es finalista del Premio Planeta con su bazofia también me alegro. Hasta el tato sabe que los premios literarios están amañados, no me jodas. A ver qué te parece esto: ahora mismo puedo empaquetar la mierda de mi perro y venderla en el mercado diciendo que sienta bien para la salud. Si alguien me diera diez euros por ella, ¿acaso crees que mañana no volvería a hacer lo mismo? ¿De quién es la culpa, de mi perro por cagar mierda y no oro o mía por intentar vendérsela a los primos? Con el mundo editorial pasa tres cuartos de lo mismo. Si se empieza a publicar la mierda y a darle mucho bombo y la gente la compra, como acierta a decir Dalmau, para ingresar en el rebaño y poder compartir sus experiencias lectoras en una cena y así rodearse de una cierta pátina de cultura, la culpa sigue siendo siempre y solo del que saca la mierda al mercado. La mayoría de los editores de este país son el tumor maligno, y las agencias literarias no son más que metástasis que acaban invadiéndolo todo. ¿Por qué? Sencillo, porque no han leído lo suficiente. Estamos rodeados de business men y business women alterantivos que llevan los principales sellos de este país, y cuando hablas con ellos te das cuenta de que no tienen ni puta idea de nada. Están allí porque han hecho un máster en dirección de empresas o gestión del patrimonio cultural o le han hecho la pelota a alguien o vienen enchufados o cosas de esas, pero no saben un carajo de literatura. Nada. Publican en las redes sociales y siguen la actualidad y hablan de las novedades que van a sacar y piensan en el dinero que van a ganar en comisiones y en sacarse de encima a la competencia y en joder a los compañeros que en algún momento puedan hacerles sombra y en lamerles el culo a los escritores de renombre y en acudir a muchas cenas importantes y en trabar nuevos contactos y en hablar de filosofía zen y de sinergia y en lidiar con las agencias y en ser respetados en el mundillo y en tener cada vez más PODER... pero no han leído lo suficiente como para tener un criterio sólido, y por lo tanto nos venden mierda de perro. Culpables.
He quedado con muchos de ellos a lo largo de estos diez años y te aseguro que uno no termina nunca de asombrarse. Oye, ¿has leído a Sherwood Anderson? No me suena. Una bala en la frente ¿Y a Selby jr.? Tampoco, será que es nuevo. No, no es nuevo. Balazo en la sien. Oye, y a John Fante, Edgar Hilsenrath, Joseph Roth, Umberto Eco, Luigi Pirandello, Dostoievski y Kundera seguro que los conoces, ¿verdad? Bueno, claro, he leído a algunos de ellos. Un disparo en los cojones/ovarios para que muera desangrado. Piensa que esta clase de personas son los encargados de alimentar la literatura. Como pedirle a Sergio Ramos que diga cuatro frases lógicas seguidas. Yo tengo 31 años y he leído cerca de tres mil libros; me considero un lector con olfato, pero creo que me queda mucho camino por delante. ¿Cómo es posible, entonces, que estos papanatas que no sumarán ni cien lecturas muevan todo el cotarro? Necesito que alguien me lo explique. Dalmau y Piña lo han hecho de manera cojonuda en este libro, pero sigo confuso. Supongo que no hay explicación posible. Como decía Camus, el absurdo se encuentra a la vuelta de cada esquina. Oye, a Camus lo has leído, ¿verdad? Me suena, es el del extranjero, ¿no? Voy a vaciar el cargador sin piedad.
Las experiencias que relata Dalmau, incluyendo la negativa de la Agencia Balcells a citar a Cortázar, son el pan de cada día para cualquier escritor que luche por ver publicada su obra. En 2009 terminé de escribir Sueños de bolsillo tras pasarme cuatro meses encerrado en casa y manteniéndome con un trabajo nocturno en un bar. Cuando terminé el libro le dije a mi mujer: "Estoy triste, porque no volveré a escribir nunca más un libro como este". Escribirás muchos más, me respondió ella. Ya, dije, pero no como este. Lo revisé a fondo y luego me pasé por Mondadori y dejé el manuscrito en valija. A la semana me escribió una de las editoras y me dijo que el libro les había encantado y quería verme (una especie de milagro). Tomamos un café y me enseñó el informe del lector, quien le daba un 8.5 sobre 10 y recomendaba enérgicamente su publicación. Pese a ello, la editora me dijo que no lo podían publicar en Mondadori porque no me conocía nadie, así que se lo pasaron a un sello menor del grupo llamado Caballo de Troya. Pasaron los meses y no volví a saber nada del asunto, así que le mandé un correo al editor de Caballo de Troya, quien me contestó con un email escueto diciéndome que el libro no le interesaba en absoluto. El menda ni sabía de qué libro le estaba hablando, razón por la que lo mandé a tomar por culo sin pensarlo. Todo mi gozo en un pozo. Pero las cosas siempre pasan por algo, y dos años después mis queridos Sueños salieron en Eutelequia, una microeditorial que creyó en mí desde el principio, y la experiencia fue una maravilla, al menos hasta que estuvo la editora, luego ya sabéis que la vida da muchas vueltas. El año pasado me ocurrió algo parecido a lo de Mondadori, pero esta vez con Planeta, hasta que me cansé de toda esta chusma inútil. Sigo escribiendo un libro al año y ya no voy detrás de nadie, y este debería ser el lema de todo escritor, la moraleja final que extrapolamos de este magnífico ensayo. Como dice mi amigo Dan Fante, lo único que cuenta es seguir escribiendo, y si tus libros son buenos acabarán dando con un editor sensato que sabe lo que hace y decide apostar por ti. Deja que las cosas ocurran, tómate la vida con humor, suéltate, deja de corretear detrás de los vendedores de mierda como un perrito faldero, no hagas nada gratis y por supuesto olvídate de las agencias. Créeme, sé de lo que hablo. Vas a perder el tiempo y toda tu buena energía a cambio de un montón de nada. 
Vamos ahora con el tema de los escritores. Joder, la cosa está que arde. Dalmau los separa básicamente en dos tipos: los llamados y los elegidos. Según él, los primeros son peña con un trabajo fijo, por ejemplo profesor de instituto, que se dedican a la literatura de manera esporádica o como afición y aprovechan los contactos de su profesión para ir publicando, mientras que los segundos son los auténticos profesionales que se desloman en pos de sus criaturas y luchan a diario para crear esa tan anhelada obra maestra. Pese a que esta distinción me parece cuando menos original, y pese a que comparto cien por cien con Dalmau la idea de que ante todo la literatura tiene que ser honesta y espontánea, creo que la clasificación de los escritores puede ser diferente, sobre todo teniendo en cuenta que casi nadie vive de la literatura (que conste que yo vivo de dar clases de Literatura y de Español y de mis talleres de escritura, pero no de mis libros): CRACKS, BUENOS, NORMALES Y PAQUETES. Simplemente, creo que es más fácil e inmediato de entender. Vamos a verlo con ejemplos:

ENRIQUE VILA-MATAS: Dicen que creer es crear, y le han repetido tantas veces que es uno de los mejores escritores españoles que al final tanto él como muchos otros han acabado creyéndoselo y han creado una realidad engañosa. Este autor es un maravilloso reseñista y un excelente ensayista, pero como novelista no le doy ni un duro. Si no me creéis, comparad su novela de formación París no se acaba nunca (que me hicieron tragar en la uni) con una novela de formación de Fante, Anderson o Hemingway. Es tan grande la diferencia que uno se lleva las manos a la cabeza. Pero eso sí, como escritor de ensayos es un crack. Mejor le disparo a otro.  


JAVIER MARÍAS: un paquete bien empaquetado. Nada más que decir. Leedlo si tenéis problemas para conciliar el sueño. Balazo al editor.


LUIS LANDERO: el Azórin del siglo XXI. Paquete. Bala.


JOSÉ MARÍA GUELBENZU: Creo que El Mercurio es una de las peores lecturas de las tres mil que llevo acumuladas. No le di una segunda oportunidad, y tal vez algún día me arrepienta. De momento y por si las moscas, un par de balas al editor no se las quita nadie.


PEDRO ZARRALUKI: bastante bueno. Lo salvamos.


JAVIER CERCAS: normal, sin pena ni gloria. Lo lees y lo pones en la estantería con los otros y al cabo de diez minutos te olvidas de que existe. La mediocridad es muerte. Aquí se juega a todo o nada, joder, que la vida es muy corta. Bala.


CARLOS RUÍZ ZAFÓN: Dalmau menciona la denominada "envidia española". Pues que no nos ofusque demasiado el hecho de que haya vendido tanto. Hace literatura comercial, pero el cabrón sabe escribir y llevar muy bien al lector. Lo salvamos pese al tropezón que dio con El juego del ángel


ILDEFONSO FALCONES: paquete. Bala en la frente al editor.

JULIA NAVARRO Y MATILDE ASENSI: normales, sin pena ni gloria. Véase Cercas.


AUGUSTÍN FERNÁNDEZ MALLO: buen escritor. Lo conservamos.


Faltan muchos, pero es para hacernos una idea. Luego están los cracks, gente que no me canso de mencionar en este blog y que por supuesto no publican en ninguna editorial grande. Aquí van algunos:

DANIEL RUÍZ GARCÍA: me alegro de que Piña lo mencione en el libro. Es de lo mejor que hay en este momento. Parece que Tusquets ha salido de la espesa niebla literaria y lo acaba de publicar, demostración de que los milagros existen.


ALEXANDER DRAKE: seguro que no te suena, pero por suerte la Editorial Lupercalia está apostando por él. Tiene el poder de la honestidad que corre por sus venas.


JOSÉ ÁNGEL BARRUECO: ya se ha dicho todo en otras reseñas.


IVÁN ROJO: una promesa.


CARLOS CASTÁN: el mejor escritor de relatos que hay ahora mismo en España.


ÓSCAR SIPÁN: el segundo mejor después de Carlos. 


MIGUEL DALMAU y ROMÁN PIÑA VALLS: merecéis el cielo solo por este libro. Subid conmigo a disparar un rato, que me duele el hombro. La puerta está abierta.


La lista no termina, pero prefiero pararme aquí; además, estoy segurísimo de que hay muchos más que todavía no he descubierto. Lo único que puedo decir es que el año pasado confeccioné un proyecto ambicioso y traté de reunir a todos estos cracks en una antología dedicada a John Fante. Lo conseguí y la tengo lista, pero cuesta mucho encontrar editor. Así que desde aquí os pido disculpas por la demora y sobre todo paciencia. Todo llegará, chicos, y nadie os quitará vuestro talento.

Entiendo que cada uno pueda tener su opinión y está claro que para gustos hay colores, pero lo que nos relata la Historia de la Literatura en innegable: en el Siglo de Oro los best seller eran obras del calibre de El Quijote y El Guzmán de Alfarache (está comprobado que solo alrededor de un 10% de los editores españoles conocen este libro); en el XIX tenemos un sinfín de autores como Jack London, Herman Melville y Robert Louis Stevenson que vivieron holgadamente de la literatura y sus libros se vendían como churros; en el XX tenemos, entre otros, a Kundera, Thomas Mann, Hemingway y Camus, pero en el XXI lo más vendido son las biografías de los futbolistas o los recetarios de los chefs. Esto puede que te ayude a entender mejor a Dalmau cuando habla de involución cultural. ¿Entiendes ahora por qué escribo esta reseña? Si todos nos callamos como putas, el Poder acabará controlándonos por completo y nos convertiremos en sombras de nosotros mismos. 

En fin, ya sé que estoy divagando demasiado, de modo que doy por terminada la carnicería. Sale humo de la puta ametralladora, joder. Tal vez debería escribir un libro en lugar de una reseña, pero ya tenemos aquí La mala puta, y tanto Dalmau como Piña lo han hecho de puta madre. Lectura ultrarecomendada.



jueves, 21 de mayo de 2015

ANGUSTIA, de JOSÉ ÁNGEL BARRUECO


En una sociedad pobre llena de trepas, sabandijas, alimañas, editores sin ideas, explotadores, gente que vive con la sola finalidad de pisotear a los demás y de infectar este mundo podrido, saber que existen personas como José Ángel Barrueco es un seguro de vida que todos deberíamos contratar. El problema es dar con esta gente tan especial, tan buena por dentro, tan dispuesta siempre a ayudar a los demás sin pedir nada a cambio. En este inmenso basurero llamado "mundo", tener la suerte de coincidir con personas especiales es un regalo por el que tenemos que ser muy agradecidos. Ya lo sé: estoy hablando de la persona y no de la obra. Ya lo sé: en este blog prometimos separar siempre al autor de sus libros para que nadie me acuse de amiguismo y colegueo, pero esta vez no va a ser posible porque Angustia es una especie de diario autobiográfico en el que la ficción queda relegada en un segundo plano, y donde todas las atenciones están dirigidas, inevitablemente, hacia la figura del autor, quien narra en primera persona el enorme calvario que tuvo que sufrir durante el cáncer que acabó con la vida de su joven madre. Frente a una obra de estas características resulta muy complicado hacer una distinción, menos aún si conoces al autor. Si a alguien le sienta mal y la envidia y el prejuicio le corroen por dentro, ya sabe que se puede ir tranquilamente a tomar por culo, y nadie lo va a echar en falta. Pero hablemos de cosas buenas: José Ángel Barrueco, a quien conozco desde 2009 y a quien el único favor que le debo es invitarlos (a él y a su chica) a un tinto de verano decente (el que tomamos en Barcelona estaba hecho sin arte y sin amor), es un guerrero que lleva luchando en el mundillo editorial la tira de años. Su historia es la de muchos otros: publicar en editoriales medianas/pequeñas, pelearse con los editores por unos míseros derechos que se niegan a pagar y ver cómo tu libro muere a los tres meses de salir al mercado. Punto y final. Y la historia se repite constantemente, y uno va publicando por aquí y por allá y cumple años y pasa el umbral de los cuarenta y se pregunta si toda esta mierda tiene algo de sentido, ese estúpido trajinar absurdo a cambio de un montón de nada, esas batallas que libramos a diario y que te dejan en los labios el sabor amargo de la decepción, esas relaciones profesionales con personas que siempre acaban decepcionándote por culpa de esa mediocridad que nos carcome por dentro, y ves que no acabas de dar el gran salto y que siempre estás a merced de unos editores sin ganas ni recursos ni mucho menos ética. Y mientras te preocupas por todas estas bagatelas, a tu madre le diagnostican un cáncer de mama en estadio muy avanzado. Tu percepción del mundo cambia. Tú cambias. Tú vida cambia. Tus emociones cambian. Tu pareja, como si fuera una cruel broma del destino, se queda embarazada, e irrumpe en tu cabeza esa dicotomía entre la vida y la muerte, entre lo que el destino nos quita y nos da, entre agarrarse a la esperanza del futuro o abandonarse en pos de la desolación. Angustia nos cuenta, de manera tremendamente emotiva (hacia tiempo que no lloraba con un libro), la lucha atávica entre la vida y la muerte; nos cuenta el amor de un hijo hacia su madre, destrozada por un cáncer asesino que se acaba imponiendo como un verdugo supremo. El lenguaje, obstaculizado a ratos por las constantes citas, a mi modo de ver innecesarias, cobra fuerza sobre todo en la segunda parte, y las últimas treinta/cuarenta páginas son absolutamente magistrales. Un par de pasajes de muestra:

Mientras caminaba por el cementerio, a paso vivo, iba pensando en la extinción, en cómo acabamos todos, tarde o temprano, siendo inquilinos de una sepultura. ¿Y en qué otra cosa puedes pensar cuando avanzas entre lápidas? Solo en la muerte y en vivir, vivir un poco más. En sobrevivir. En ganar más tiempo para tu causa (pág. 22).

La naturaleza nos destruye con sus enfermedades y la muerte nos mata con sus virus y a ella oponemos la vida, procreamos y nos reproducimos y nos multiplicamos porque nosotros, los seres humanos, también somos una forma de virus, algo indestructrible que se propaga y crece y se multiplica, algo con lo que la naturaleza no logra acabar nunca. Seres vivos que resisten y procrean (pág. 169).

Y también el cierre final:

Madre, me faltas cuando más te necesito.
He escrito este libro para que no te pierdas, para preservar tu recuerdo.
Esta narración comenzó en un cementerio, visitando la tumba de un escritor, y concluye en otro cementerio, visitando la sepultura de mi madre amada y perdida.
Este canto es para ti, pues a ti me dirijo y te imploro:
Te busco.
Te busco y no te encuentro.
Dónde estás, madre?

Brutal. Uno se pregunta qué habría pasado si este libro hubiera caído en buenas manos o si hubiera sido publicado por una editorial con poder mediático. La respuesta, como siempre, está soplando en el viento, pero una cosa es cierta: tu madre no se ha ido, José Ángel. Te engañas a ti mismo cuando dices que no la encuentras. Ella vive en este libro, y estoy seguro de que todos los días, cuando estás escribiendo, se pone a tu lado para infundirte nuevas esperanzas y ayudarte a cultivar tu enorme talento.  


viernes, 1 de mayo de 2015

TODO ESTÁ BIEN, de DANIEL RUIZ GARCÍA



Buenos días, amigos. Día uno de mayo. Día de los trabajadores pobres en este maravilloso país pobre que es España, donde se come de putísima madre y el tiempo es la hostia. Día de nuevas reseñas. Día de sorpresas, como por ejemplo que una editorial como Tusquets saque un libro de Daniel Ruiz García, al que defiendo a capa y espada desde hace años y al que personalmente considero como uno de los mejores escritores españoles de este inmenso páramo sombrío que es la literatura contemporánea. No me malinterpretéis, pero lo primero que pensé al ver el libro en la sección de novedades fue: "¿Qué coño está pasando aquí? ¿Es que todavía queda un resquicio para la esperanza? ¿Los editores ahora se drogan? Que no se lo tomen a mal los de Tusquets, pero quitando al maestro Kundera y a unos cuantos clásicos, lo demás no vale el precio del billete, lo siento. Creo que tenéis las mejores cubiertas y las mejores ediciones, pero la elección de los libros es bastante cuestionable. Cuando nuestros caballos ganadores son cosas tipo El balcón en invierno, entonces tenemos un problema gordo y deberíamos sentarnos y sopesar la posibilidad de volver a la fórmula inicial, porque, a diferencia del libro de Daniel, nada está bien. Ya me sé la historia de los compromisos, pero un editor tiene ante todo la tarea moral de difundir literatura fumable, por encima del dinero. Si quieres forraros, montad una clínica de fecundación in vitro, no una editorial. Pero nos estamos desviando de lo fundamental, y es que pese a que Tusquets no destaque por la calidad literaria que nos viene ofreciendo en los últimos años, hay que reconocerle el enorme mérito de publicar y brindarnos a los lectores esta nueva novela de Daniel Ruiz García, cuyo título, Todo está bien, remite inevitablemente a Todo va bien, pepinazo de Sócrates Adams que ya reseñamos por estos lares. Es una historia que relata a la perfección el malestar de una sociedad en crisis y a la deriva, una sociedad sin valores en lo que solo importa el interés personal por encima de los demás y del jodido grupo. No en balde somos un país pobre, que por consiguiente tiene una mentalidad pobre. Medio mundo jode a otro medio, y así tenemos a Olegario, un consejero de Fomento y Vivienda que vive su particular descenso hacia el infierno tras emborracharse y perder su móvil y su cartera; Mila, un travesti sin recursos que vive bajo el maltrato de Salvita, un proxeneta politoxicómano; Paquito Almería, periodista ninguneado por su jefe y en busca de una exclusiva, y Ultramemo, el puto rey de la blogosfera. Vidas que se cruzan en un mar de dudas, abusos, inseguridades, violencia y traiciones. Pero lo que más cautiva del autor es su prosa afilada, su lenguaje corrosivo en el que mezcla hábilmente diálogos y narración, consiguiendo una fuerza solo al alcance de unos pocos elegidos. El final, única pequeña pega del libro, a mi parecer es demasiado precipitado, pero no le resta en absoluto valor a la novela. Pasajes:

La misma luna los baña a todos, en su océano oscuro van a dormir todos los sueños de todos los habitantes de la ciudad, ciudadanos demócratas que eligen democráticamente a sus representantes para compartir lecho con ellos cuando el sol muere aplastado por el hormigón (pág. 97).

Qué difícil resulta pensar en la crueldad, en el daño, en las dificultades cotidianas viendo esta luna. Podría quedarse aquí para siempre, sumergida en su ingrávido océano, cantando canciones de cuna, perseverando en su influjo: nunca más lobos, eternamente corderos. Lástima  que cada amanecida es un crimen: al abrir los ojos y apagar el despertador con un golpe, lo único que quedan son cuchillos (pág. 100).


Sí, amigos, Daniel Ruiz García escribe como los ángeles, y la editorial Tusquets se merece un diez por sacar su novela. Al César lo que es del César. Esperemos que sea un buen agüero de cara al futuro, el comienzo de un nuevo camino en pos de la buena literatura. Menos Albert Espinosa y más Daniel Ruiz García en nuestra dieta, y seguro que pronto todo estará bien.

  

domingo, 29 de marzo de 2015

CHIUDI GLI OCCHI E GUARDA, de NICOLA PEZZOLI



Desgranan lentamente los últimos días de marzo y ya toca sacar la reseña del mes. No he leído mucho, pero he tenido la suerte de dar con este nuevo libro de Nicola Pezzoli que me he devorado en una tarde. Está en italiano, lo sé. Vais a decir: "Coño, tío, sacas una reseña al mes y encima de una novela que está en otro idioma. Vete a tomar por culo". Os entiendo, pero la misión principal de este blog es, entre otras cosas, promocionar libros buenos, bien sean clásicos bien sean de autores prácticamente desconocidos, como en el caso del señor Pezzoli. No sé si esto servirá de anzuelo para que algún editor con dos dedos de frente, si es que queda alguno, se interese por esta historia y decida traducirla para dar un poquito más de lustre a la literatura contemporánea, pero aquí pongo mi granito de arena. Bueno, vamos al lío. Chiudi gli occhi e guarda (Cierra los ojos y mira) es la segunda novela de Nicola Pezzoli protagonizada por Corradino (la primera, Quattro soli a motore, se reseñó aquí hace unos meses), un chico retraído originario de un pueblo perdido de Lombardia y supuesto alter ego del mismo autor. Hay algo que no me canso nunca de repetir: "No hay nada más difícil para un escritor que recrear el universo de la infancia. Es su reto más grande y a la vez la prueba de fuego que lo puede situar por encima del montón y de los pregoneros de bazofia". Tras las vicisitudes tiernas y desternillantes del Corradino niño de Quattro soli a motore, Nicola nos relata en esta novela breve unas vacaciones en la playa del preadolescente Corradino junto con su madre. Cien páginas que hacen una radiografía perfecta de ese período convulso que cada uno de nosotros hemos vivido a nuestra manera y que ha supuesto la forja del hombre adulto que necesita aprender la ley de la jungla para sobrevivir. Este libro es un descubrimiento constante, no solo para Corradino, sino también para el lector que lo acompaña en su viaje y que empatiza con sus sueños, sus primeros amoríos imposibles, sus peleas y sus ganas por asir "ese algo" que siempre acaba escapándose de nuestro alcance. ¿Adónde vamos? ¿Por qué crecemos, tenemos hijos, trabajamos y luchamos a diario en aras de un futuro mejor? ¿Qué nos espera al final del túnel? Nicola Pezzoli plantea todos estos interrogantes con una novela breve, redonda, absolutamente trascendental y con un final muy emotivo. Una vez más, la receta sencillez/emociones/infancia nos ofrece un producto muy sólido, que además destaca por el lenguaje híbrido del autor, donde se mezclan expresiones dialectales, frases corrosivas, tacos absurdos y tropos descojonantes, consiguiendo una fuerza narrativa envidiable y muy original. Aquí varios pasajes:

Mi capita di sognare che nel fare il bidè me lo stacco per lavarlo meglio. Ma dopo è sempre un gran casino. Si stacca agevolmente come una cosa svitabile, ma poi a riattaccarlo non ci si riesce, e magari ha pure il coraggio di sanguinare. Da svegli meglio non provarci (pág. 22).

Riprese fiato e poi, intuendo che ci stavo rimanendo male, si raddolcì nel tono: "A me interessa come pensi e come parli. Per il resto, so che un minuto fa eri un embrione e che fra un altro minuto sarai polvere, come tutti. E se nell'intervallo fra la pancia della mamma e lo sbriciolamento dello scheletro riuscirai a rendere il mondo un posto migliore di come l'hai trovato, dipenderà da come sei fatto dentro e da come agisci, dalla tua nobiltà e gentilezza, non dall'avere le orecchiette piccole e belle o a sventola come gli elefanti" (pág. 61).

Nella mia prima infanzia a Lavinia ero autodidatta. Ricavavo il sapere dai discorsi dei grandi. Ascoltavo tutto, non mi perdevo una sillaba, ricordavo ogni parola. Prendevo tutto per oro inculato, perchè da piccolissimo non te lo dice nessuno che gli adulti sono in gran parte stupidi e ignoranti, o varie sfumature di queste due cose (pág. 89).

Non siamo mai all'altezza di niente. Non siamo capaci di non deludere gli altri, e noi stessi. Non siamo all'altezza. Perdonami, Alex (pág. 106).

Y este último, precioso:

La vita è una e irripetibile. E svanisce, al cospetto dei tempi cosmici, in pochi miliardesimi di secondo. Ogni cosa passa e va. Ognuno di noi è una goccia di rugiada a mezzogiorno nel deserto: ha senso stare a torturarsi mentre si evapora? Ci sono farfalle che vivono un giorno, e lo trascorrono facendo l'amore. Ci sono babbei che vivono ottant'anni, e li trascorrono prendendosi a frustate. A mortificarsi. O a risparmiar palanche per una tomba di lusso. Lascia pure che gli asini e i normali pensino che ti manca una rotella: le loro rotelle sono ruote di tortura, che li squartano prima di buttarli via. A loro mancano libertà e vita (pág. 126).

Me reafirmo: el mejor escritor del panorama italiano contemporáneo, a la altura de los tan blasonados Erri de Luca y Alessandro Baricco, aunque yo me quedo toda la vida con Nicola Pezzoli. Por cierto, lo publica Neo Edizioni, una de las tantas editoriales pequeñas e independientes que apuestan por la buena literatura por encima de lo comercial y de lo empalagoso, y gracias a las cuales podemos disfrutar de historias como esta. A ver si las grandes editoriales se ponen las pilas (podrían empezar por el culo), porque últimamente no levantan cabeza y no consiguen despachar nada mínimamente fumable.



domingo, 22 de febrero de 2015

ROBINSON CRUSOE, de DANIEL DEFOE



Hace dos meses que no publico ni una sola reseña. Nada. Ni un puto libro en dos meses. ¿He leído menos? Puede ser. ¿He leído cosas buenas? Rotundamente, no. Me he topado más bien con engendros monstruosos a los que un marketing disparatado se ha encargado de darles un bombo que ni de lejos merecen. Eso sí: me he tragado un sinfín de listas con los mejores libros de 2014, y uno tiene la sensación de que hay alguien, allí arriba o donde sea a tomar por culo, que simplemente se entretiene tomándonos el pelo. Así de claro. Obras sin alma, sin historia, sin arte y, lo que es peor, sin pizca de emociones. Lo que lleva a un supuesto escritor a dedicarle tanto tiempo a semejantes abortos y, más grave todavía, a un editor insensato a publicarlo es un misterio tan insondable para mí que ya he perdido toda esperanza. ¿Y qué es lo que pasa? Muy sencillo: que ya nos hemos cansado de gastarnos cerca de veinte euracos para llevarnos a casa un libro que no vale ni dos, por eso las ventas han caído en picado. Los grandes grupos nos habéis engatusado un tiempo con vuestra publicidad aberrante, nos habéis dado gato por liebre bastante rato, pero ahora la basura de vuestros amiguetes apesta incluso antes de salir de imprenta. Coméosla con patatas y de paso aliñadla con el ego de esos genios de las letras que se creen los reyes del mambo y que en realidad no son más que unos pobres diablos esclavizados por el maravilloso universo de los favores. Todo muy bonito. De modo que uno ya empieza a visitar librerías de segunda mano y se refugia bien en los clásicos bien en los libros ilustrados. El que os traigo hoy a colación es el mítico Robinson Crusoe, una novela que a muchos os debe de sonar y que está basada en hechos reales, ya que en 1705 un marinero escocés llamado Selkirk fue realmente abandonado en la isla de Juan Fernández, cerca de la costa chilena, y allí permaneció cuatro años hasta ser recogido por otro barco que pasaba por ahí. El protagonista de la historia, en cambio, afirma llegar a la isla en 1659 y se queda allí más de veintiocho años en completa soledad, de modo que Defoe ha claramente novelizado el argumento. Este libro, el más vendido de la historia solo después de la Biblia y por delante del Quijote, se devora en un par de días y es inevitable meterse en la piel del desesperado náufrago que necesita tirar de ingenio como sea para sobrevivir en un mundo hostil. La narración avanza de manera cronológica, como si de un diario se tratase, y rebosa de preciosas moralejas atemporales que no nos vendría mal tener en cuenta incluso en nuestros días. Cuando por ejemplo rescata a uno de los prisioneros que iba a ser devorado por los caníbales, al que luego bautizará Viernes, el mensaje que transmite el autor es clarísimo: los hombres en general son buenos, pero la sociedad los corrompe y los hace malos. Sabias palabras, pues aunque Viernes también fuera un caníbal, se acostumbra enseguida a las nuevas costumbres que le inculca Robinson y se convierte en su hombre de confianza y en una fantástica persona. Quién te oyera hoy en día, amigo Defoe. Por el camino nos encontramos con auténticas perlas, como las que os pongo a continuación:

La experiencia y la naturaleza me enseñaron que las cosas solamente son apetecibles en la medida que podemos disfrutar de ellas, y solo las disfrutamos cuando las utilizamos, cualquiera que sea la cantidad que hayamos reunido (pág. 129).

El miedo que siente el hombre por el peligro invisible es diez mil veces más aterrador que el peligro mismo cuando lo tenemos a la vista. En ese caso la ansiedad nos atenaza con mucha más fuerza que la causa que la produce (pág. 153).

Creo firmemente que nadie debe despreciar los impulsos secretos y las alarmas de peligro que nacen en nuestro interior, incluso cuando creemos que estamos más seguros. Nadie podrá negar la existencia de tales advertencias que siempre nos previenen de algún peligro y por qué no hemos de pensar que provienen de algo que se preocupa por nosotros, bien sea supremo, inferior o subordinado, y que pretende ayudarnos (pág. 233).

En época de vacas flacas y escritos indecentes, esto es de lo mejorcito que os podéis llevar a la cama antes de acostaros. Buenas noches.