domingo, 24 de noviembre de 2013

QUISIERA TENER LA VOZ DE LEONARD COHEN PARA PERDIRTE QUE TE MARCHARAS, de ÓSCAR SIPÁN



La primera consideración que podemos hacer sobre este libro, así a bote pronto, es la siguiente: Óscar Sipán ha conseguido uno de los títulos más largos de la historia de la Literatura, sin por ello perder fuerza ni gancho. Más bien al revés. Es un título que te agarra por el cuello y te arrastra al maravilloso universo de la narrativa sipaniana. Ya sé que no existe este término, pero hoy me he levantado con ganas de lucir nuevas palabras, ya que las habituales están muy gastadas y parece ser que han perdido lustre. A partir de ahora, sipaniano hará referencia a todo lo relacionado con este autor, a quien en su momento moteé "el Raymond Carver español". Y vaya si se merece el apodo. Una vez más, y como ya apreciamos en Concesiones al demonio, la prosa de Óscar se sitúa por encima de la media y demuestra ser tremendamente efectiva. Las palabras están escogidas con esmero, las sentencias son demoledoras y las metáforas, que abundan, rezuman genialidad. Nos hemos dado cuenta de que el autor es un gran observador de la vida humana, un tipo que prefiere escuchar antes de hablar, mirar antes de actuar, y esa actitud frente a la vida se ve plasmada en los diecisiete relatos que componen este libro. Son historias de gente normal (la famosa intrahistoria de la que hablaba Unamuno), de amores imposibles, de relaciones destartaladas y sobre todo de esa angustia que nos corroe por dentro cada día que pasa, alimentando sin pausa ese infierno personal que ha de acompañarnos hasta la tumba. El listón de los relatos es muy alto, pero hay algunos que destacan particularmente y se elevan a la esfera de pequeñas obras maestras, como es el caso de El talento de las moscas, donde una mujer narra en primera persona la extraña aventura amorosa que vivió con Antoine de Saint-Exupéry, autor de El principito, quien cayó en su jardín con el paracaídas durante la Segunda Guerra Mundial y se quedó un tiempo en su casa. Antoine se convierte en el sol de su vida, como apreciamos en este magistral párrafo:

Me siento despierta, viva, llena de ilusiones, mojada de él, segregando ternura. La ternura es la suma de todas las decepciones sentimentales dividida por la esperanza. La esperanza es un barco a punto de zarpar. La esperanza es un paracaídas. Por Antoine entregaría a Cristo a los judíos. Sin remordimientos. Sin contar las monedas. Con la conciencia tranquila (pág. 14).

También me han impactado los relatos Rompeolas, donde se narra una curiosa historia de amor, Escupir sobre París, un fresco perfecto del mundo moderno, y Cuarenta días de niebla, una pieza sensacional sobre una difícil relación de pareja. Más frases sipanianas:

Prefiero imaginar que cuando provienes de un hospicio y has visto el futuro escrito con tinta invisible, el dinero es el único lugar donde blanquear el pasado (pág. 48, Rompeolas).

La adolescencia es un fusil cargado y sin seguro en manos de un enfermo de Parkinson (pág. 63, Escupir sobre París).

La memoria es un corcho en el que vamos clavando caras y penas, labios de carmín y amores imposibles (pág. 70, La jaula de Faraday).

Dicho esto, quiero exponeros una teoría y proponeros un reto. Desde hace unos años estoy muy metido en el análisis de las neuronas espejo. No soy neurocientífico, pero es algo que me interesa mucho y me gusta documentarme sobre el tema. Estas neuronas, descubiertas en 1994 en Parma, son las responsables, entre otras cosas, de le empatía, de la elasticidad del cerebro y de la imitación. Dicho esto, el reto es el siguiente. Hay una página web llamada www.iqtest.dk que sirve para medir nuestro coeficiente intelectual y nuestra elasticidad mental, y es completamente fiable y segura. No os pedirán dinero ni que enviéis mensajes a ningún móvil de los cojones, así que tranquilos. Bien, la prueba consiste en lo siguiente: el primer día realizáis el test, que dura unos veinte minutos, y memorizáis el resultado. El segundo día veis durante una hora algún programa televisivo estúpido donde los tertulianos griten mucho, hablen de cotilleo o discutan sobre si el Balón de Oro es para Messi o Cristiano Ronaldo. Paso seguido realizáis el test y apuntáis el resultado. El tercer día leéis el libro de Óscar y después repetís la misma operación. Resultado final en un 90% de los casos: en el segundo test habréis perdido unos puntos respecto a la primera prueba y en el tercero habréis ganado algunos. Moraleja: hay cosas que influyen enormemente en nuestro cerebro, y tal vez escuchar la cálida voz de Leonard Cohen a través de los textos de Óscar podría ayudarnos a dar un buen salto evolutivo y a contemplar desde la grada el curioso espectáculo de los monos que se golpean la cabeza con el Balón de Oro. 
Gran acierto de la Editorial Base y fichaje del año. Por cierto, y hablando de fichajes, os tengo que dejar porque empieza Tiki Taka y no me lo puedo perder. Comprad este libro; vuestras neuronas espejo os estarán muy agradecidas.


martes, 15 de octubre de 2013

LA CHICA DE NUEVA INGLATERRA, de SHERWOOD ANDERSON



Apuesto ahora mismo cien euracos a que, si entrevistáramos a cincuenta editores y a otros cincuenta agentes literarios al azar en España (excluyendo por supuesto a los que lo publican), no serían más de diez los que hayan leído a Sherwood Anderson, el mejor cuentista de todos los tiempos y el padre de la narrativa norteamericana moderna. En otras palabras, menos del 10% de los encuestados. El 90% van a poner cara de sorpresa o se van a creer que es un artista contemporáneo que todavía no ha dado el gran salto, por eso no han oído hablar de él, claro. En más de una ocasión he quedado con editores que se jactaban de llevar más de veinte años en el mundillo. Oye, ¿qué te parece Dostoievski? ¿Y Hubert Selby jr? ¿Has leído a Sherwood Anderson? ¿Y a Mateo Alemán? ¿Sabes quién es Herman Hesse? Y Thomas Mann? Oye, ¿te suena de algo el nombre de Luigi Pirandello y de John Fante? ¿Y Bukowski, Carver, Camus, Hemingway, Céline? Podría seguir hasta el infinito, y no sabéis la de sorpresas que uno se puede llevar al mencionar a estos autores en presencia de un editor. Los agentes literarios mejor ni te cuento. Te dirán que han leído a algunos y que a la mayoría los tienen pendientes de lectura en casa. Ya... Y yo me pregunto: "¿Esta es la gente que se encarga de darnos a conocer la buena literatura? ¿Qué clase de criba pueden hacer si no tienen una base sólida de lecturas ni poseen un criterio claro avalado por las mismas? ¿Quiénes son estos patanes disfrazados de ávidos lectores? Recuerdo que un día le mencioné los susodichos autores a una editora que conozco. Me contestó: "No me suenan, pero me gusta mucho Mercé Rodoreda, autora de La plaça del Diamant, ¿la conoces?" A uno le entran ganas de arrancarse el pelo y ponerlo en el cenicero de la mesa. Estás despedido/a de la editorial. ¡Pero si tengo quince años de experiencia! Por eso mismo estás despedido/a: llevas aquí un montón de tiempo y no tienes ni puta idea. Vete a vender enciclopedias, coño. Toma, este libro se titula La chica de Nueva Inglaterra y su autor es Sherwood Anderson. Está incluido en tu finiquito. Sí, ya sé que no te suena de nada. Puedes leerlo mientras vas de puerta en puerta con el evangelio pregonando la palabra de Jesús. Son cuentos que hablan de la vida y de la soledad del mundo, del destino del hombre arraigado en la tierra y de esa sensación de vacío que todos hemos tenido alguna vez en la vida, esa sensación de que vayamos única y exclusivamente detrás de un montón de nada. Ya sé que te cuesta entenderlo, por eso ya no hay sitio para ti en la editorial. Demasiado tiempo has ocupado este puesto sin merecerlo. Venga, te voy a leer un par de párrafos. Página 30, relato Semillas:

"La vida de la gente son como los árboles de un bosque que poco a poco van siendo estrangulados por enredaderas, y que finalmente mueren asfixiados. Las enredaderas son a su vez viejas creencias, antiguos pensamientos plantados por hombres muertos. Yo mismo estoy cubierto por enredaderas que me están devorando poco a poco".

Ya lo sé: tienes la sensación de que no hay intriga, de que no pasa absolutamente nada en seis líneas, por eso estás despedido/a. No tienes ni puta idea. No puedes continuar aquí. Página 36, seguimos con Semillas:

Lo que realmente necesitaba era que alguien la amara, que alguien la amara con paciencia y ternura. Era un ser grotesco, no lo voy a negar, pero todos los habitantes de este planeta somos, al fin y al cabo, grotescos. Todos necesitamos que alguien nos ame. Lo que podría haberla curado podría curarnos también a todos nosotros. Su enfermedad es universal. Todos queremos que alguien nos ame, pero no es fácil encontrar un amante en este mundo".

Ya lo sé: no hace una descripción pormenorizada de los rasgos físicos del personaje tal y como te han enseñado en el taller de escritura creativa del barrio, por eso mismo estás despedido/a. Te falta poso, y eso no se consigue en dos días ni con una clase de escritura impartida por primos. Sí, para el finiquito tienes que firmar justo aquí abajo. Página 51, relato El huevo (obra maestra absoluta):

Es verdad que cuando empiezan a dar sus primeros pasos los pollitos parecen despiertos y hasta lúcidos, pero al final sacan a relucir su espantosa estupidez. Es asombroso y hasta desconcertante ver lo mucho que se parecen a las personas.

Ya lo sé: no entiendes bien la frase y te parece una comparación de mal gusto, por eso mismo estás despedido/a. Estoy seguro de que  te vas a forrar vendiendo la palabra de Jesús y las enciclopedias sobre dinosaurios, pero olvídate de este sitio.

Y sí, ya sé lo que estás pensando: que tengo la olla ida. Desde luego que sí, y seguro también que soy un tipo jodidamente grotesco, pero te prometo que te acordarás de mis palabras el día en que te pongas a leer un libro de Sherwood Anderson y la magia se apodere de tu mente. Tendrás la sensación de estar sentado/a frente al fuego de una chimenea en pleno invierno. A tu lado revolotearán los protagonistas de una américa profunda y atávica y te abrigarán del frío susurrándote al oído sus historias olvidadas. Cuando leas el relato La trampilla, seguro que la soledad del mundo abandonará tu cálido hogar y se quedará mirándote desde la ventana con el cuerpo recubierto de nieve. Un diez para Nórdica Libros. Me tenéis ganado.


domingo, 1 de septiembre de 2013

CONDENADA, de CHUCK PALAHNIUK



Si tenéis ganas de descojonaros a lo bestia mientras tomáis el sol en la playa o escucháis música tirados en el sofá, y de paso reflexionar un poco sobre los absurdos derroteros que está tomando el mundo, entonces este es vuestro libro. Hay páginas en las que uno apenas puede avanzar y se desternilla vivo con el humor ácido de Palahniuk. De todas sus novelas que se han publicado en España, esta es sin duda la más lograda, pues el autor aprueba con nota su gran asignatura pendiente hasta la fecha: la trama. Las anteriores obras made in Palahniuk solían distinguirse por su originalidad y por empezar muy fuerte: frases demoledoras, sarcasmo, estilo muy ágil y escritura de alto nivel. Pero conforme ibas avanzando con la lectura te dabas cuenta de que al autor se le iba progresivamente la olla y la historia de base quedaba diluida en un espeso matorral de soliloquios, subhistorias, diálogos algo traídos por los pelos y un final anunciado. Después de la mitad del libro, el lector tenía la sensación de arrastrarse hasta el final de una forma que rozaba la agonía. ¿Cuántas páginas me faltan para acabar? A excepción de Asfixia y por supuesto de Condenada, en todas la otras novelas me surgió esa dichosa pregunta, y eso no suele ser buena señal.
En esta novela, en cambio, Palahniuk da el gran salto cualitativo que estaba esperando y por fin consigue que el engranaje narrativo funcione a la perfección, excepto quizá en algunos capítulos en los que vuelven los viejos vicios, pero que no afectan para nada la historia. Uno de los grandes problemas de los autores que aspiran a ser demasiado originales (válgame como ejemplo, una vez más, el sobrevalorado grupo Nocilla) es que muchas veces ni ellos mismos saben qué cojones quieren contar y el resultado final suele ser un producto superficial y pasado de rosca. En otras palabras: un bodrio.
Condenada supera los pronósticos y demuestra ser una novela sólida y extremadamente divertida. Es un auténtico goce ver cómo se le va la castaña al autor al tiempo que nos dejamos llevar por una historia bien armada donde se nos cuentan las peripecias de Madison Spencer, una niña de trece años hija de una estrella de cine narcisista y de un multimillonario. Mientras sus padres se dedican a adoptar huerfanitos por el mundo para subir su popularidad ante las cámaras, Madison muere por una sobredosis y se despierta en el Infierno, donde capitaneará un variopinto grupo de pecadores hasta la mismísima morada de Satanás. La misión se presenta complicada y tendrán que derrotar a varios demonios y cruzar caminos tan baldíos como el Valle de los Pañales Desechables Usados, el Gran Océano de Esperma Desperdiciado (que no para de subir desde que se inventó internet) y el Pantano de los Abortos de Fetos ya Desarrollados (me parto la caja). El final es un guiño, voluntario o no, a Niebla de Unamuno, y es el primero de Palanhiuk que por fin consigue sorprender gratamente al lector. Algunos fragmentos:

Si queréis saber mi opinión, la mayoría de la gente se pone a tener hijos cuando se le empieza a agotar el entusiasmo por la vida. Los hijos nos permiten revisar la emoción que antes nos producía, bueno... todo. Y al cabo de una generación son los nietos quienes nos vuelven a subir el entusiasmo. Reproducirse es una especie de inyección de moral para que sigamos amando la vida (pág. 107).

Una vez que estás muerto y en el Infierno, tus opciones son, o bien hacer algo trivial pero hacerlo de manera muy solemne, por ejemplo investigación de mercado sobre el uso de los clips para sujetar papeles. O bien se puede hacer algo muy serio de una manera muy trivial, como por ejemplo poner cara de aburrido y de que todo te da igual mientras cagas en un plato de cristal y te lo comes con una cucharadilla de plata: la caca, quiero decir, no el plato (pág.: 111).

Por supuesto, mi padre quería introducir el concepto de disciplina y el de responsabilidades en la vida de Goran, pero a un chaval que sin duda había sido atormentado por medio de electrochoque y tortura del agua y con inyecciones intravenosas de líquido limpiador de tuberías, no lo iban a acobardar fácilmente la amenaza de unos azotes y una hora de castigo encerrado en la habitación (pág. 123).

Podría seguir hasta el infinito con frases como estas, pero sería mejor que os comprarais esta maravillosa novela y la disfrutarais por vuestra cuenta para olvidar todos los malos rollos que os afligen. Es una panacea perfecta, os lo aseguro.



jueves, 15 de agosto de 2013

SIN NOTICIAS DE GURB, de EDUARDO MENDOZA


Soy plenamente consciente de que no voy a decir absolutamente nada nuevo que ya no hayan dicho los cientos de periodistas, lectores, críticos o blogueros acerca de esta sorprendente novela; pese a ello, me he animado a reseñarla por el impacto (inesperado) que me ha causado. Conocía a Eduardo Mendoza por ser un escritor mediático y haber ganado, entre otras cosas, el Premio Planeta en 2010 con la novela Riña de gatos. Me urge subrayar que desde que Boris Izaguirre fue finalista en la edición de 2007, dejé de interesarme por ese certamen y por los galardonados. Una cosa es vendernos literatura comercial y otra bien distinta es tratar de endilgarnos comida para perros. Estudios recientes han demostrado que ya lo hace McDonald's, así que con uno tenemos suficiente. Mucha gente me había hablado de este libro, de lo divertido y original que era, pero por razones diversas nunca me había animado. Además, solía confundir a Eduardo Mendoza con Albert Espinosa (tal vez por algunas asonancias en los apellidos), lo cual ha ido en claro detrimento del primero. Sin noticias de Gurb es una novela estupenda, bien escrita, directa, con un humor corrosivo y un lenguaje muy fresco. No hay nada más difícil en literatura que hacer reír al lector, resultar gracioso sin caer en lo grosero o lo banal, y Eduardo demuestra ser un maestro absoluto que acciona la risa de la gente a su antojo. La trama es bastante sencilla: dos extraterrestres de inteligencia superior aterrizan en la Tierra y empiezan su periplo. Uno de ellos, Gurb, adopta la forma de Marta Sánchez para pasar desapercibido (primer despropósito), mientras que el otro, el verdadero protagonista de la novela, va cambiando de aspecto cada dos por tres y trata de formar parte del género humano construyéndose una vida "normal". El libro entero es un auténtico descojono y casi no hay ningún párrafo que no resulte divertido. Pero el humor de Mendoza es inteligente, de ahí su grandeza. Detrás de esa visión irónica del protagonista se aprecia una gran profundidad de contenidos y de temas existenciales propios de todo ser humano, como pueden ser la planificación de nuestras vidas, los proyectos amorosos, las dudas existenciales o las derrotas del día a día. Hasta un extraterrestre de inteligencia superior (nos dice que es intelecto puro, por eso tiene que adoptar la forma de alguien) se hace la picha un lío con los mecanismos enredados de nuestro mundo, así que ¡imaginaos los humanos! Aquí un par de fragmentos:

He parado a un peatón que parecía poseer un nivel de mansedumbre alto y le he preguntado dónde podría encontrar a una persona extraviada. Me ha preguntado qué edad tenía esa persona. Al contestarle que seis mil quinientos trece años, me ha sugerido que la buscara en El Corte Inglés (pág.: 23).

No hay en todo el universo chapuza más grande ni trasto peor hecho que el ser humano. Solo las orejas, pegadas al cráneo de cualquier modo, ya bastarían para descalificarlo. Los pies son ridículos; las tripas, asquerosas. Todas las calaveras tienen una cara de risa que no viene a cuento. De todo ello los seres humanos solo son culpables hasta cierto punto. La verdad es que tuvieron mala suerte con la evolución (pág.: 103).

Un libro para todo tipo de público, un diamante sin pulir de uno de los grandes de este país. Ídolo.


miércoles, 31 de julio de 2013

INERCIA GRIS, de DAVID ALIAGA

Acabo de volver de un stage intensivo de Yoseikan Budo en Francia y tengo el cuerpo tan hecho polvo que a duras penas puedo pensar. Pero me acabo de leer Inercia gris, de David Aliaga (Editorial Base, 2013), y voy a sacar fuerzas de flaqueza para escribir esta reseña.Vamos a ver, David tiene tan solo 24 años y parece ser que ya ha publicado varias cosas, lo cual avala su precocidad, pero también su talento. Apenas hemos intercambiado unas palabras en ocasión de la presentación de la Revista Quimera en Il Magazzino italiano hace unas semanas, pero me dio la sensación de ser un tipo honesto, tranquilo y con el ego bajo control y no por las nubes (algo jodidamente complicado de encontrar hoy en día). Su libro es una colección de trece relatos (mi número de la suerte) que se lee en poco más de una hora. La lectura es amena y fluida y delata una madurez estilística que desde luego yo no poseía a su edad. Ya desde la primera historia, El pez muerto, quizá una de las más logradas del conjunto, queda patente cuáles son las influencias del autor y los modelos que sigue: Raimond Carver (La catedral, Anagrama) y John Cheever (Fall River, Tropo Ediciones), entre otros. Como ya nos adelanta David Vidal Castell en el prólogo, el autor nos ofrece unos pedazos de iceberg a la deriva en los que solo vemos una octava parte de lo que pasa, aunque lo que realmente atrapa al lector es esa sensación de inercia (gris, claro) que envuelve cada uno de los personajes con su telaraña gigante y que nos hace reflexionar sobre el sinfín de vidas amorfas y oxidadas que ocupan ese enorme tablero llamado existencia. El paisaje de fondo de estas historias es América, pero en realidad podría ser el Baix Llobregat, o alguna región de Italia, o Francia, o un barrio de Londres, o Japón. Como dijo el gran Sinlcair Lewis en su obra maestra Calle Mayor: "La ciudad se llama en nuestra historia Gopher Prairie, en el Estado de Minnesota; pero su calle Mayor es la continuación de las calles mayores de todas las ciudades". Lo mismo ocurre con los relatos de David, y esa inercia gris no es más que un mal del mundo que podemos encontrar en cualquier lugar, incluso sin necesidad de salir de casa. A destacar sobre todo los relatos El pez muerto y Sin trabajo. En el primero, Frank sale a pescar caballas tras recibir una llamada de su exmujer. Una vez en el barco, se acuerda de un cuadro de Picasso en el que aparecen marido y mujer; él mira el suelo mientras que la mujer dirige su mirada suplicante al espectador. Leemos:

"Se le ocurre que si ese par de pobres casados pudiesen cobrar vida y un día un tipo sensible hubiese visitado el museo, le hubiese tendido la mano a la muchacha y ella habría salido del marco para marcharse abrazada al estudiante de Historia del Arte y el marido se hubiese quedado mirando el suelo, y ya no sería Pareja de pobres, sino El hombre pobre. O sería mejor que lo llamasen El pobre hombre, ya que, aunque seguiría teniendo frío y hambre, no tendría esposa que tuviera compasión de él" (pág. 17).

En el otro relato Rober es un carpintero que se queda sin trabajo y que de repente nota cómo su mujer Catherine se va distanciando hasta el día en que decide marcharse de casa. Dice:

"No puedo quedarme aquí viendo cómo nos convertimos en un montón de chatarra oxidada" (pág.: 63).

Se tiene la sensación de que en estos relatos no pasa nada, pero en realidad ocurren muchas más cosas de lo que pensamos. Es como si chocáramos contra un iceberg en medio del mar glacial y su punta horadara la presa de nuestra imaginación. Hay varios autores en España que se han decantado por el relato breve, pero así como muchos han sido sobrevalorados (entre ellos sin duda Matías Candeira), por suerte tenemos voces interesantes que pronto nos sorprenderán gratamente con una novela redonda. ¿Será David uno de ellos?  
Lectura refrescante para alejar momentáneamente este maldito calor africano y el sopor que trae consigo. Recomiendo poner como canción de fondo durante la lectura Desperado, de Los Eagles, y darle al repeat. Buenas sensaciones epidérmicas.



sábado, 20 de julio de 2013

FAUBOURG, de GEORGES SIMENON


Aviso a navegantes sin rumbo, o mejor dicho chivatazo veraniego a editores desnortados. El otro día, en el aeropuerto de Milán, di con esta novela del gran Georges Simenon recién publicada por Adelphi y la leí durante el vuelo que me devolvió a Barcelona. Se trata sin duda de uno de los mejores libros del prolífico escritor belga, al menos de los que he podido leer (recuerdo que se ha sacado de la manga la friolera de 220 obras y ha vendido más de 500 millones de libros). 136 páginas escritas magistralmente y con un giro final digno de un maestro. La historia es sencilla, como suele ocurrir con las grandes novelas: René De Ritter, cuarentón que ha viajado por el mundo haciendo uso de picaresca y apañándose con trabajos humildes, vuelve a su pueblo en compañía de Léa, una mujer que conoció en un burdel, con la intención de hacerse rico a costa de sus paisanos catetos, por ejemplo vendiendo una esmerarla a un precio desorbitado u orquestando fraudes de poca monta con la complicidad de su compañera. Pero las cosas no salen como esperado, y René se ve arrastrado por ese torbellino de recuerdos y amarguras que lo hicieron huir cuando tenía dieciocho años. ¿Por qué demonios ha vuelto a su pueblo natal después de tanto tiempo? ¿Tal vez para contar sus aventuras por el mundo a esos pobres paletos y ganarse su respeto? ¿Y si Léa tuviera razón cuando le dice que no es más que un aficionado? ¿Por qué se empecina tanto en quedarse en ese pueblo de mala muerte? Aquí va un breve fragmento:

"È l'occasione buona per andarcene..."
Ma lui non aveva nessuna voglia di partire. Gli era piombata addosso una specie di stanchezza. Era partito troppe volte nella sua vita. Non aveva fatto altro che partire. Ora, anche se pieno di rabbia, provava il bisogno di girovagare per quelle strade, di riconoscere i muri, i profili, le insegne dei negozi e perfino di sentir dire: "È morto per una bronchite". Quanti relitti! Quanti divorzi! E nuovi matrimoni! E gente che aveva cambiato mestiere, senza motivo (pág.: 61).

Novela maravillosa, ideal para todos aquellos que en algún momento de su vida sintieron la necesidad de sacudirse la inercia gris de su pueblo y salieron en busca de aventuras y de un futuro mejor. ¿Alguien se anima a publicarla en España? Apuesta segura.



viernes, 12 de julio de 2013

DOCTOR SAX, de JACK KEROUAC



No soy un gran admirador de Kerouac ni de la Generación beat pese a que le guardo mucho respeto, debo reconocerlo. Siempre he tenido la sensación de que se le ha otorgado más valor del que realmente tiene, más calidad de la que rezuman sus autores. Pero bueno, la vida está repleta de situaciones como esa, de infravaloraciones y sobrevaloraciones que acaban minando el equilibrio de la balanza de la existencia. ¿Queréis un ejemplo ad hoc? Pues coged a cualquier libro de Vila-matas o Javier Cercas o José María Guelbenzu y después leed Morir y vivir en Lavapiés (Ediciones Escalera, 2012) de José Ángel Barrueco (lo releí por segunda vez la semana pasada y es una bomba). Los primeros gozan de un gran reconocimiento a nivel mundial (los felicito desde aquí y me alegro mucho), mientras que el segundo se mueve por el underground literario madrileño y lo más probable es que pocos lo conozcan más allá de su blog y menos aún fuera de España. Sin embargo, ninguna de las obras de estos supuestos grandes autores alcanza el nivel del libro de Barrueco, ni siquiera de lejos. Se trata de ser objetivos y honestos, pese a que para gustos hay colores. Si no me creéis, haced el experimento y luego hablamos. ¿Qué significa esto? En realidad no mucho, simplemente que la balanza de la que hablamos antes está algo jodida. Tal vez sea un problema de pilas, quién sabe. Pues bueno, esa siempre ha sido la sensación que he tenido tras leer autores de la Generación beat. Buenos libros, pero NO obras maestras. El único que tal vez se eleva por encima del montón es On the road (El el camino) de Kerouac, una novela muy interesante sobre América, que de todos modos sigue sin conquistar el alma de este servidor, cualidad indispensable en toda obra maestra. Pese a ello, me animé con Doctor Sax (Ediciones Escalera, 2013) y me llevé una grata sorpresa. Se trata de una novela semiautobiográfica sobre la infancia de Jack Duluoz (claro alter ego del autor) en Lowell, Massachussets. Marcada por el inconfundible estilo de escritura automática que catapultó a Kerouac al Olimpo de la Fama, la novela narra la historia de un chico que crece en un sórdido pueblo industrial de la América profunda, rodeado de visiones góticas que adquieren un significado simbólico y literario de gran relieve. El doctor Sax es el hombre misterioso que domina la imaginación de Jack, la sombra maléfica que lo acecha desde la oscuridad, un Fausto de nuestros días que forcejea entre el Bien y el Mal, tratando de derrotar la Serpiente del Mundo (¿el Diablo?) que habita en el Castillo. Las metáforas y los guiños a la literatura gótica y al mito fáustico son constantes a lo largo del libro, y demuestran ese gran talento narrativo de Kerouac que no acababa de ver del todo en On the road. Muy interesantes sobre todo los capítulos finales, cuando el chico por fin se decide a acercarse al Doctor Sax y vive con él extrañas experiencias oníricas, como sobrevolar Lowell, crear una pócima mágica para acabar con la Serpiente y eludir así la condena eterna o tener una visión panóramica del Mundo (véase Doctor Fausto de Mann o Melville y El diablo cojuelo de Vélez de Guevara). Aquí van un par de fragmentos:

"Ríes con tu carita alelada, juegas en las calles, no conoces la diferencia, incluso mi padre llevaba años advirtiéndomelo, todo se reduce a un tortuoso asunto con un nombre atractivo, es lo que llamamos VIVIR, o más bien PREGONAR... Cómo se desgastan las paredes de la vida, cómo se colapsan nuestras vigas maestras, nuestros tendones" (pág.: 91).

"Toda tu América, dice Sax, es como una densa colmena balzaciana a punto de caramelo. Y de pronto, allí mismo, sin ninguna razón aparente, enfurece, como si fuera a explotar o incubara un eructo, como un toro a punto de vomitar un barril de sangre, ja ja je je ja, y eructa, je je ja ja, ahí se acerca de nuevo, por el otro lado, tiemblo de pies a cabeza, salto para esquivar la guadaña de su risa. Luego veo su mirada lasciva que se oculta, y vuelve a reír. Esta noche la Serpiente será aniquilada...
Míralos, dice Sax, mira tus campos, tu oscuridad, tu noche. Esta noche meteremos a todos los gusanos en la olla de la destrucción" (pág.: 223).

Esto ya es harina de otro costal. Bravo, Jack. Lectura de verano altamente recomendable para evadirse de la estancada y aburrida realidad que amenaza con tragarse el mundo. Felicidades a los editores de Escalera por la labor realizada en estos años: mejor publicar poco y bien que sacar basura hedionda a espuertas y colapsar el mercado y vendernos bicis sin sillín. Tomen nota muchos editores.