martes, 19 de marzo de 2013

SOLO DE LO PERDIDO, de CARLOS CASTÁN



A veces oigo voces por la noche o cuando paseo en solitario por las calles de Barcelona. Son como un susurro que se va haciendo cada vez más atiplado y que acaba sumiéndome en una especie de trance. Alguien podría decir: "Qué clase de mierda es esa?". La respuesta es sencilla: son nuestros miedos, los que nos escoltan por la existencia y hacen que todo parezca un poquito más jodido de lo que esperábamos en un principio. Miedo a perderlo todo, a no volver a conseguirlo, a quedarse solo en el mundo. Miedo a lo desconocido, a que ignoren tus libros, a que te zahieran. Miedo a relacionarse con los demás, a la soledad, a la locura. Miedo a que te digan, como apunta Carlos Castán en este precioso libro, la peor frase de todas: "Tenemos que hablar":

Tenemos que hablar es una de las frases más terribles que existen en nuestro idioma. Nadie dice eso cuando va a darte una buena noticia, una prórroga o un respiro. Tenemos que hablar es el pánico (pág.: 93).

Sólo de lo perdido es un libro de relatos de una calidad extraordinaria que te sumerge por completo en el melancólico universo de un autor que juega con las palabras como el malabarista con el fuego. Él nunca llega a quemarse, y al final la que arde es tu mente. Es la historia de trenes perdidos, de ocasiones derrochadas, de tardes vacías, de sueños que nunca llegan a cumplirse y de los días que se repiten hasta la muerte. Pero es también una elucubración profunda de la existencia humana, de su cara y de su cruz, de como todo puede joderse en un abrir y cerrar de ojos, y solo nos queda consolarse con ese puñado de vida que guardamos entre las manos como polvo del desierto.
Escuela de la muerte es quizá uno de los mejores relatos que haya leído jamás. Fijaos en el comienzo:

"Existe una clase de horror que solo se respira en las ciudades de provincia, nunca en un aldea y mucho menos en una urbe de verdad. Y no tiene que ver con la estrechez de los horizontes, ni con la falta de salas de cine o lo interminable de los inviernos con sus tardes en bares mal iluminados, la baraja manoseada y el café que siempre se queda frío un segundo antes de llegar a los labios. Y tampoco con esa mediocridad de chismes y tenderos, y familias de toda la vida, y bostezos y caciques. Lo peor de todo no es eso.
Lo terrible, según yo pienso, es que un buen número de personas se mueren mucho antes de morirse. Llega su hora, pero sin embargo ellas continúan viviendo. De buena gana les llevaríamos flores al cementerio si no fuera porque, extrañamente, no se encuentran allí, sino paseando por las calles o en un piso cualquiera a escasas manzanas de tu casa. Son personas que tuvieron su gran momento en la historia de nuestras vidas, a veces un papel estelar...
El olvido es una atrocidad y es a la vez la inocencia, tiene esa doble cara de los perores monstruos (guiño, intencionado o no, a La ignorancia, obra maestra del inmortal Kundera).

Y luego esto, del relato El aire que me espía:

Un viaje, además, tiene siempre un reverso, una cara oculta que no por permanecer invisible debe dejarse de tener en cuenta: viajar no solo es transportar tu presencia a otros parajes, sino crear tu falta en el lugar en que vives, hacer que alguien diga: "Dónde andará aquella sombra que acostumbraba a errar por estas calles?" o "Habrá muerto ya el tipo que solía acodarse en la esquina del final de la barra?", y la construcción de ese hueco, de ese vacío en el aire, supone a veces una aventura mayor, aunque secreta, que las vividas en la carretera (pág.: 34).

Las palabras de Carlos son como dardos envenenados que se clavan a fondo en nuestros corazones, son derviches que nos parten el alma en dos, y hacen que los supuestos grandes escritores, aquellos de los que hablan los periódicos y que nos venden en los quioscos, se vuelvan tan pequeños e insignificantes como ese polvo del desierto que encerramos en el puño tras el enésimo batacazo. No me encontraba frente a un escritor español tan poderoso desde Mateo Alemán, y solo he tenido que esperar cuatrocientos años. Si pienso que hay gente que lleva dos mis años esperando a un tío llamado Mesías, tampoco es tanto. Como siempre, depende de los puntos de vista.


viernes, 15 de marzo de 2013

ALEHOP, de JOSÉ ANTONIO FORTUNY


No debería estar reseñando este libro, soy consciente de ello. Una de las reglas principales de este blog es recomendar únicamente aquellas obras redondas cuya calidad literaria supere de largo a la de la mayoría de los títulos que invaden cada día las librerías del mundo. Y, por supuesto, no es el caso de Alehop, verdadero boom editorial de los últimos meses y por el que felicito a su autor, José Antonio Fortuny, compañero en la agencia literaria Página Tres, ya que a todos nos gustaría que nuestro libro pegara un bombazo y se reseñara por todas partes. Desde hace años, José sufre una enfermedad neuromuscular que ha ido progresivamente paralizando su cuerpo, pero que no lo ha privado de su capacidad para comunicarnos su propia visión de la existencia. El hecho de que alguien con estos problemas consiga encontrar la fuerza y la motivación para ponerse a escribir es algo que se me antoja como un reto pantagruélico, una entelequia solo al alcance de unos pocos elegidos. Y lo que nos demuestra José es que la escritura es esperanza, es savia que nos mantiene vivos día tras días, es nuestra panacea para salir a la calle y poder soportar ese infierno llamado "existencia". No solo le deseo a José que siga escribiendo, sino que espero que la literatura lo haga volar más allá de los confines de la imaginación, allí donde ninguna silla de ruedas te podrá jamás anclar a la tierra. Dicho esto, creo que para hacer una crítica constructiva de un libro y dilucidar las cosas con objetividad siempre es menester separar al artista de la persona, al producto de quien lo ha escrito, y analizarlos por separado. La novela en cuestión, que Rosa Montero enaltece como "una farsa negrísima, angustiosamente divertida, ingeniosa, inteligente y muy actual", en realidad tiene algunos fallos importantes. Pese a que el autor demuestra un control de la lengua y unos conocimientos léxicos envidiables, la estructura flojea un poco y la historia a menudo parece traída por los pelos. En ella, se cuentan las vicisitudes de una pareja de ancianos que viven una serie de peripecias grotescas cuando su único objetivo es tener derecho a la ley de dependencia. Hay un poco de todo: la llegada de un circo al pueblo, recortes, un reality llamado Bigyayos sobre los ancianos, policía, malentendidos, locura, espiritismo, avaricia, falta de solidaridad, locos sueltos, falta de comunicación... La idea de la historia, concebida para reflejar un mundo a la deriva, no está mal, pero nos encontramos con una problema importante de ritmo, muy lento en la primera parte y algo precipitado al final. Además, se supone que este libro está pensado para hacer reír (recordemos la frase de Rosa Montero), y la verdad es que solo consiguió sacarme un par de sonrisas. No hay nada más difícil en literatura que hacer reír y reflexionar al mismo tiempo, y para ello hay que hacer alarde de toda la naturalidad posible o estamos fritos (las escenas del superjefe que se la chupa al director del reality o la del perro que se folla luego al mismo director desentonan y chirrían; no por su vulgaridad, sino porque no pintan nada ni aportan nada a la narración ni le dan fuerza). A veces incluso estamos fritos siendo naturales, o sea que imaginaos. Sin embargo, la novela tiene momentos interesantes y reflexiones que delatan a un buen escritor, de ahí que haga esta reseña. Fijaos en esto:

Si el mundo ya le parecía al anciano cada vez más caótico, más complicado de deglutir era esta juventud de tejanos ceñidos, que copulaban como conejos y se tatuaban rosas envueltas en alambres de espinos en la piel (pág.: 35).

Una de las reglas cardinales de un buen espectáculo es: nunca lo interrumpas abruptamente, en pleno funcionamiento, porque sería como si le quitaras el plato a un perro que está comiendo, o que un cantante se parase en medio de un estribillo que está siendo coreado. Cuando la rueda está girando, es muy peligroso meter la mano (pág.: 345). 

Espero ansioso la próxima novela de José, convencido de que se puede superar y dar el salto a la palestra de los grandes narradores. A él van todos mis mejores deseos y la esperanza de que siga escribiendo. 
 


miércoles, 27 de febrero de 2013

POLVO EN EL NEÓN, de CARLOS CASTÁN


La semana pasada acudí a la presentación del libro Polvo en el neón, de Carlos Castán, autor que me sonaba de oído y del que todavía no había leído nada. Participaban en el acto Dominique Leyva, autor de las maravillosas fotografías que acompañan la narración, y Lorenzo Silva, Premio Planeta 2012 (un día también compraré libros de Planeta, lo prometo. Tal vez cuando disponga de más dinero para gastar y no me perturbe tanto la mediocridad que nos despachan como si fuera buena literatura). Si os soy sincero, últimamente me cuesta bastante acudir a eventos literarios, más aún si en ellos hay editores o periodistas o escritores con el ego por las nubes. Me aterroriza la idea de tener que intercambiar frases de circunstancia con algún payaso que te habla del mundo editorial como si guardara en el bolsillo la fórmula de la eterna juventud. Se creen todos muy listos y SIEMPRE necesitan hablarte de ELLOS. SIEMPRE. Algunos incluso se toman la molestia de darte consejos sin conocerte de nada, sin haber leído un carajo de lo que haces. Te hablan de cosas COOL y van de GUAYS y hablan de RECURSOS LITERARIOS y al final te das cuenta de que más que genios son unos pobres diablos que no tienen dónde caerse muertos. Como decía, cada vez me da más miedo ir a presentaciones y correr el riesgo innecesario de verme con uno de esos tipejos. No sé qué coño me pasa últimamente. Estoy asustado, eso es. Asustado de ese gran mecanismo desvencijado que es la existencia, asustado ante la falta total de esperanza del mundo actual, asustado de las alimañas que corretean sueltas por ahí, listas para tenderte una emboscada. El otro día hablé con mi mujer acerca de la posibilidad de suicidarme cuando cumpla treinta años, es decir dentro de unos meses. Estoy cansado y necesito irme a un sitio donde las cosas por fin tengan sentido. El otro barrio me parecía el mejor El Dorado que uno pueda encontrar en este momento, pero luego fui a la susodicha presentación y algo se desbloqueó dentro de mí. En primer lugar, conocí a Carlos Castán y a Dominique Leyva, dos personas estupendas, humildes y muy respetuosas. También intercambié opiniones con Óscar Sipán, editor de Tropo y escritor brillante. Después me leí la novela El polvo en el neón, y entonces decidí aplazar lo del suicidio al menos hasta el año que viene. Lorenzo Silva, durante su amena presentación, dijo que Carlos es actualmente el mejor escritor español vivo en circulación. No sé si es el mejor, y detesto poner etiquetas de este tipo porque para ello hay que conocerlos a todos y cada uno, pero sin duda es uno de los mejores que haya leído, de esos que se cuentan con los dedos de una mano. La novela, cuyo título me remitió inevitablemente a Pregúntale al polvo de John Fante (es absolutamente inconcebible que un editor o alguien que se dedique a la criba de manuscritos no tenga esta lectura), es una historia breve de poco más de sesenta páginas donde se reúne todo el significado del amor, el desamor y la soledad del ser humano. Todo. Las palabras escogidas son perfectas, el ritmo es majestuoso y los protagonistas representan a todos los seres humanos que habitan ese planeta llamado Tierra. La historia transcurre en la mítica Rute 66: Quinn está al volante y a su lado está Jessica, su amante. Se trata de una de sus escapadas extramatrimoniales en algún motel de carretera, mientras la mujer de él, Sally, está en casa esperándolo. El coche es el verdadero elemento aglutinante de la narración y de hecho es ahí donde los dos amantes tuvieron su primer encuentro, con la calefacción a tope, a salvo de un mundo gélido que llenaba de escarcha los cristales de las ventanillas (pág.: 21). Conceptos como el amor y la soledad también desempeñan un papel fundamental:

A veces las cosas son así de sencillas, lo dicen las revistas: nos abandonamos, nos vamos dejando sin darnos cuenta, dejamos de decir las palabras mágicas apartando el pelo que tapaba la orejita y en su lugar nos echamos pedos sin el menor disimulo y mantenemos durante horas el canal de deportes (pág.: 41).

Parecían claras las cosas al principio, buscar moteles sucios, arrancarse la ropa, decirse las palabras que despiertan al monstruo (pág.: 49).

El amor siempre requiere poner sobre la mesa la idea de futuro. Y al deseo lo pudre tan pronto como puede, y pide a cambio flores, masajes en la espalda, reclama paseos con las manos unidas por calles y vergeles, y toda esa confusión de proyectos, facturas y violines (pág.: 53. SOBERBIA).  

Jessica hizo todo el camino de vuelta con la cabeza apoyada en la ventanilla del autobús. Le apareció que anochecía más rápidamente que otras veces como si el día tuviese prisa por morir. Decidió no dejarse llevar, apretar los dientes y pensar en todo lo que ella valía, en peleas de hombres por conseguir su compañía a la puerta de un bar (pág.: 63).

Y, finalmente:

A Quinn le parece que esa duda es ya en sí misma el amor porque, sobre todo a partir de cierta edad, el amor tiene naturaleza de pregunta... A la edad de Sally, a la de él mismo, el amor es un simple no saber, tener de repente miedo a un tren que se va y las horas que vendrán tras su partida, una oscuridad al llegar a casa que se mete en los huesos como niebla. Dudar ya es amar (pág.: 73). 

Polvo en el neón es ante todo una historia sencilla, pero está narrada de manera impecable y consigue transmitirnos en pocas páginas inquietudes que llevan siglos atosigando a la humanidad. Son libros que nos hacen reflexionar y que de alguna manera nos marcan para siempre. Dijo Carlos que lo escribió por encargo. Bueno, Hemingway también escribió El viejo y el mar por encargo en 1952 para la revista Life, y resulta que le granjeó el Pulitzer al año siguiente y el Nobel en 1954. Espero de corazón que Carlos siga esa senda. Cuando terminé la lectura, me sentí un poco más feliz y también un poco más afortunado. Afortunado de tener a mi lado a una mujer que me quiere, con la que solo nos llevamos veintiún años de diferencia, pero a la que espero entregar mi vida hasta que todo se convierta en polvo y solo quede la luz tenue de algún neón. Eso sí: si el mundo sigue tan agresivo y la sociedad continúa asustándome con su fábrica de monstruos, me veré obligado a atrincherarme en una colina de Montjuïc con mi mujer durante un tiempo indefinido, pero no os quepa la menor duda de que me llevaré, aparte de la ametralladora, claro, este maravilloso libro del señor Castán. Pasaremos sus páginas mientras decidimos a quién abatir primero. Es, sin lugar a duda, el mejor regalo que le podéis hacer a alguien en este momento.


domingo, 10 de febrero de 2013

LA CRIPTA DE LOS CAPUCHINOS, de Joseph Roth



En un país donde los sueldos son algo simbólico, por no decir una auténtica basura, y donde la picaresca reina soberana, es casi impensable entrar en una librería y gastarse veinte euros por llevarse un libro de doscientas páginas que la mayoría de las veces resulta ser un bodrio infumable de tres al cuarto. La gente está cansada de los timos, así que una buena opción podría ser rescatar los libros de segunda mano y acudir a los mercadillos, donde a veces podemos encontrar verdaderas joyas. Por La cripta de los capuchinos, una de las grandes novelas del siglo XX, apenas tuve que desembolsar cuatro euros, y encima me llevé la primera edición (foto). Si pensamos que un libro de Boris Izaguirre te vale unos veinticinco pavos, el despropósito adquiere dimensiones bíblicas. Vivimos en un mundo en transformación, un mundo en decadencia que galopa ciego hacia su triste fin, y encima se va dejando por el camino las preciadas alforjas de los derechos humanos. Si lo pensamos bien, el actual no es un panorama tan diferente del que describe Joseph Roth en esta fabulosa novela, donde el joven Trotta, heredero de una familia de origen humilde ennoblecida por el emperador Francisco José, empieza describiendo su vida en Viena justo antes de la Primera Guerra Mundial. Tras volver de la guerra, se casa con una muchacha caprichosa llamada Isabel y contempla, junto con la anciana madre, el declive de un mundo del que cada vez se siente más ajeno. Hacia el final, el protagonista bajará a la cripta a la que alude el título y donde está enterrado el emperador Francisco José, y allí confesará todo su fracaso. Una novela profunda, intensa y rebosante de frases memorables. Algunos pasajes:

¡Qué bondadosa es la naturaleza! Las carencias que regala la edad son una gracia. Nos regala el olvido, la sordera y la debilidad de los ojos a medida que envejecemos, y luego, poco antes de la muerte, un poco de confusión también. Las sombras que la muerte manda por adelantado son frescas y bienhechoras (pág.: 127).

Entonces me di cuenta por primera vez de por qué las mujeres aman sus casas y sus hogares más que sus maridos. Son ellas las que preparan el nido para los que han de venir, y las que con inconsciente alevosía enredan al hombre en una red difícil de pequeñas y diarias obligaciones, de las que ya nunca se pueden deshacer (pág.:132).

Siempre me ha parecido que los hombres que aman a los animales emplean en ellos una parte del amor que deberían darle a los seres humanos, y me di cuenta de lo justa que era esta apreciación cuando comprobé casualmente que los alemanes del Tercer Reich amaban a los perros lobos, a los pastores alemanes. "Pobres ovejas", me dije (pág.: 149).  

Cuatro euros a cambio de unas horas de literatura celestial. Impagable.  




martes, 22 de enero de 2013

EL CANTANTE DE GOSPEL, de HARRY CREWS



No se podría describir mejor la literatura de Harry Crews de como lo hizo el maestro de la palabra Álex Portero en la solapa:

"Los perdedores, los parias, los sucios, los ignorantes, los benditos grotescos, los violentos, los feos, las que les echan ovarios, los que les echan cojones a la vida, los que nunca ganan, los que sudan, los que se equivocan, los que acumulan cicatrices y heridas, los que no salen en las películas si no es para ser objeto de mofa, los que no aparecen en la publicidad, los que no existen, ni cuentan, los que solamente mueren en las estadísticas, todos y cada uno, agradecen al gran Harry Crews que haya sido su bardo terrible, que hiciera el trabajo sucio, contándolo sin ahorrarse detalles, y que lo convirtiera en alta literatura. Alguien tenía que hacerlo. Y nadie pudo haberlo hecho mejor".

Diez líneas sencillamente perfectas que ya de entrada nos dan una buena razón para comprar el libro. También tenemos el prólogo de Kiko Amat, algo largo para mi gusto (cerca de treinta páginas en las que no se consigue el denominado efecto "Álex Portero"), pero donde se explica con lujo de detalles la novela y la vida del autor.  
El cantante de gospel es, para ser mondos y lirondos, una auténtica bomba de relojería. Es lo único que se me ocurre para definirla. A diferencia de Cuerpo, novela de Crews publicada el año pasado siempre por Acuarela & Antonio Machado (dinamita pura y dura), este libro tiene ciertos problemas de ritmo (plenamente justificado al ser la primera obra del autor), pues el principio es muy lento y al final hay un cambio de marcha demasiado brusco y precipitado, como pasar de tercera a quinta en un Ferrari sin meter la cuarta. Pese a ello, la historia engancha casi desde la primera página (pasada la mitad ya es adicción) y nos adentra por completo en Enigma, un pueblo dejado de la mano de Dios en el estado de Georgia, en lo más profundo de América. Hay Enigmas por todo este país, leemos en la página 271, por todo el mundo, y en todas partes hay hombres que luchan por irse. El cantante de gospel, de quien ni sabemos el nombre al ser mencionado todo el tiempo por ese apodo, regresa a su pueblo natal, Enigma, junto con su representante para dar un concierto, y eso coincide con una feria de rarezas capitaneada por Pie, un ser grotesco con un pie enorme que sigue la estela del cantante a todas partes para sacar tajada de la multitud de gente que este moviliza. Como si fuera poco, todo esto coincide con el linchamiento planificado de un negro que está acusado de violar a la bella y querida MaryBell, exnovia del propio cantante. La narración avanza por un pantano de mentiras, violencia, racismo, barbarie, retraso y, cómo no, fanatismo religioso (muchos lugareños le atribuyen el cantante de gospel poderes curativos que no tiene) hasta un final tan sorprendente como duro. En semejante entramado de mentiras no hay sitio para la esperanza, ni para la gloria, ni mucho menos para el sentimiento común de humanidad. Leemos en un diálogo de la página 253:

"Solo quería señalar que cuando un hombre miente es porque le da vergüenza la verdad o porque desea que la mentira sea cierta".

El submundo existe, señores. Nos rodea y respira el mismo aire que nosotros, pero a veces ignoramos su existencia. Son gente a la deriva que sencillamente tratan de hacerlo lo mejor que pueden con el material que les ha tocado en suerte, y a menudo son aplastados por el enorme pie del amo destino sin haber tenido siquiera su oportunidad. No hay duda: se necesita la voz profunda de Harry Crews para hacer de contrapunto al falsete de Ken Follet y limitar así el maltrato de género (literario, claro). Así es, amigos: el destino nos reparte las cartas y nosotros jugamos la partida de la vida. Desde luego, es posible que el juego sea más llevadero con un libro de Crews bajo el brazo.




jueves, 17 de enero de 2013

ENTREVISTA A FRANCESCO SPINOGLIO, por ERIC MUÑOZ

A continuación la entrevista que me hizo Eric Muñoz, alumno de Eserp que pronto nos dará alguna sorpresa literaria.









En tus últimas novelas la crítica te relaciona con el género picaresco. ¿Estás de acuerdo con esta categoría o te desmarcas de ella?

Yo me formé con lo que es la picaresca española, "Guzmán de Alfarache, "Lazarillo de Tormes"...  La idea de que exista un personaje que se va buscando la vida utilizando todo tipo de tretas y artimañas me fascina. Este género lo utilizo como base para moldear la historia. La idea de la literatura picaresca es que cualquiera puede vivir su propia aventura. Consiste en sacar el espíritu de los héroes picarescos y ambientarlos hoy en día utilizando un lenguaje más actual.


Por lo tanto, ¿englobarías tu obra en otros géneros?

Por ejemplo, sobre mi libro "Camino de la gloria" titularon un articulo como "Pícaro italiano que habla español". La idea de base es la literatura picaresca, pero en realidad es una literatura de corte realista, que utiliza ciertas cosas de la picaresca y sigue la estela de la novela norteamericana, en la cual el protagonista se crea un alter ego que llega a ser un espejo de lo que es el autor. Se intenta que la gente se identifique, son aventuras que a todos nos pueden pasar.


Tommaso Rossi, el protagonista de "Sueños de bolsillo", es rebelde y no se deja dominar. ¿Qué parte de ti consideras que hay en este personaje?

Bueno, hay mucho en este personaje. Cuando lo escogí pensé en buscar un alter ego, una especie de mampara en la que te escondes para ir mezclando realidad y ficción. Tanto el nombre como el apellido son muy comunes en Italia. Curiosamente, hay una fabrica muy importante de galletas en el pueblo del que provengo que lleva este apellido. Lo hice para dejar una referencia a ese pueblo. El protagonista es un hombre que, ya desde pequeño, se nota diferente respecto a los que le rodean y entonces necesita crearse una máscara para ser como los demás. Esta máscara acabará cayendo, él se rebelará y querrá vivir aventuras. Tiene sueños que le hacen sentir especial.


Sobre estos sueños, en "Camino de la gloria" nos presentaste por primera vez a tu alter ego y sus primeros pasos por Sevilla. ¿Te fue difícil adaptarte a este nuevo país?

Sí, "Camino de la gloria" lo escribí cuando ya vivía en Barcelona. Hay mucho de realidad pero también de ficción. Imagínate que estás cansado de lo que tienes y necesitas viajar y vivir experiencias nuevas. Escogí irme a vivir a Sevilla porque era la meta de los picaros. Todas las obras picarescas del Siglo de Oro pasan por Sevilla. Decidí ir allí ajeno completamente a lo que me esperaba. Es una ciudad bonita, mágica y embrujadora pero a la vez muy dura. Dura porque cuesta encontrar trabajo y te sientes extraño. Todo el mundo te trata como un amigo, pero a la hora de la verdad te quedas solo, sobre todo si no sabes tocar las palmas. En cuanto a sueños y actividades artísticas se queda pequeña.


¿Fue un choque?

¡Fue un choque tremendo! Piensa que yo llegué a Sevilla con muy buenas intenciones y con muchos sueños. Llegué con 3000 euros y al mes siguiente no me quedaba nada (Risas). Tienes dos opciones: vuelves a casa o sigues el camino de gloria. Este camino se empieza muy desde abajo, desde cero. El sentido de este viaje es ir tú solo y no pedir ayuda a la familia. Empecé con 19 años a hacer trabajos extraños: vendiendo alarmas, champús, siendo camarero... Necesité una pizca de suerte y, justo cuando todo perdió sentido, me ocurrió algo que hizo que me quedara.


¿Ese momento cuándo fue?

Fue cuando encontré trabajo en un tablao de flamenco como recepcionista. Esto me permitió seguir subsistiendo y luego me salieron otros trabajos. Tuve la sensación de que ya no era un viaje, sino que había venido para quedarme.


Entonces, ¿tu decisión de venir a España surgió como una idea de viaje?

No solo fue por la literatura picaresca. Yo tuve alguien que me influyó, en este caso un profesor de literatura española, en Turín. Se llama Aldo Ruffinatto. Mientras cursaba la universidad escribí un relato breve y se lo mandé para recibir su opinión. Él me buscó, consideró que mi trabajo era inmaduro pero le gustó mucho y vio mi potencial. O me lanzaba o me quedaba donde estaba. Decidí venirme a España.


Volviendo a tu obra, ¿Cual crees que ha sido la clave para poder crear esta atmósfera cosmopolita?

Lo más importante es tener una referencia, un autor de cabecera. Mi padre me regaló dos libros para mi viaje a España: "Pregúntale al polvo" y "Camino de Los Ángeles", los dos de John Fante. Estos libros me transformaron y me dieron la voz necesaria para empezar a escribir. Con estos dos libros y la atmosfera picaresca de Sevilla surgió la idea de hacer una tetralogía. Mezclando géneros surge esta idea cosmopolita, el chico que viene de fuera y que escribe sobre Sevilla.


¿Consideras que John Fante es el autor que más te ha aportado? ¿Hay algún otro?

Sí, para mí es el mejor autor en los últimos 2000 años. Un libro nos transmite cosas según el momento en que lo leamos. Ese libro en ese momento me influenció mucho. Cambió algo en mi vida. Después de Fante empecé a tirar mucho por la literatura norteamericana como por ejemplo Bukowski, Hemingway o Hubert Selby Jr., entre otros. También hubo autores que me influenciaron antes como Pirandello o Thomas Mann. Otro gran genio es el alemán Edgar Hilsenrath.


Dicen que tienes un perro que se llama Quentin. ¿Es por Tarantino, el director de cine?

Sí, es un perro muy bruto (Risas). A mí me encanta Tarantino porque es bestia pero, al mismo tiempo, te lo pasas bien y te expresa cosas profundas.


Tarantino intenta hacer reír al público con situaciones que en teoría no son graciosas, ¿consideras que te ha influenciado en este aspecto o en otros?

Yo trato temas que son muy de Tarantino. Masacres o matanzas que son presentadas en plan risa. Trato de hacer reír con cosas que aparentemente no lo son. Muchas veces la risa nos sirve para decir más cosas. Una risa amarga es un arma muy poderosa. También ha habido otros autores en otros campos que me han influido: Nietzsche y el pesimismo, Bécquer y lo absurdo o Clint Eastwood y su cine. Sobre todo me gusta mucho todo lo que viene de América.


De cara al futuro, ¿Cuál será tu siguiente proyecto? ¿Tienes algo en mente?

Yo ahora he terminado el cuarto libro para la tetralogía que empecé con "Camino de la gloria" y "Sueños de Bolsillo". Las dos últimas todavía no están publicadas. Cuando vine me propuse escribir en lengua castellana y hacer un libro al año. Para esto necesitas disciplina. Si me pongo ahora en enero tengo que acabarlo en junio... ¡aunque se acabe el mundo! Sobre todo, siempre intentaré despertar risas con temas de actulidad que a veces son más bien gortescos.


Para finalizar, ¿Crees que tu obra maestra está por llegar o ya la has realizado?

Yo creo que de todos los libros que escriba en el futuro, el más logrado de todos será "Sueños de bolsillo". Siempre lo he dicho y no me hartaré de repetirlo. Si alguien me recuerda en el futuro, será por ese libro.


miércoles, 9 de enero de 2013

ALGÚN DÍA ESTE DOLOR TE SERÁ ÚTIL, de Peter Cameron



Varias personas me hablaron bien últimamente de Libros del Asteroide, una editorial que solo conocía de oído. Me dijeron que suelen publicar buena literatura y esa me pareció razón suficiente para comprarme uno de sus títulos. Tras leer algunas reseñas, me decanté por esta novela del estadounidense Peter Cameron, alabada como una de las mejores que se haya escrito sobre la ciudad de Nueva York. Al terminarla, lo que más me inquietó no fue la novela sino el comentario de un crítico del New Yorker Review, una tal Lorrie Moore, que aparece en la contracubierta del libro. Dice la señora:

"Deliciosamente viva desde la primera página. Algún día este dolor te será útil es una pieza de virtuosismo oral y posiblemente el mejor libro de Cameron. No se trata únicamente de una novela de iniciación, es sorprendentemente la novela más sutil de todas las escritas sobre el once de septiembre".

Todo muy bonito, si no fuera por el hecho de que este libro en absoluto va del 11S. Se menciona lo ocurrido durante la visita entre la psicóloga y el inquieto protagonista, James Sveck, pero nada más. No tiene nada que ver esta historia con las torres gemelas. Nada. Y esto no solo me inquieta, sino que me espanta completamente saber que hay gente como la señora Moore que escribe en los medios. En España también tenemos a muchos de estos Iluminati, tíos poseídos por algún tipo de don divino que les permite ver en las obras de arte más cosas que los demás mortales. Repito: este libro no va del 11S. Es simplemente una novela de iniciación/formación. Muy bonita y divertida, pero de iniciación/formación. Punto y final. Cada día estoy más cabreado con estos mendas que tratan de vendernos sus motos, como si fuésemos unos pobres imbéciles que vamos a comprar la novela solo porque fulanito ha dicho que habla del 11S y nosotros estamos interesados en ese acontecimiento en concreto. ¿Por qué estos críticos de pacotilla tienen que engañarnos?
Algún día este dolor te será útil es una novela desternillante y muy bien escrita sobre un adolescente retraído y problemático con serios problemas para relacionarse con los demás. Como nos suele pasar a las personas algo perturbadas (me siento en deber de incluirme y los que me conocen saben que no voy muy desencarrilado), a menudo nos sentimos fuera de lugar en este mundo convencional hecho de lugares comunes y decisiones políticamente correctas, como por ejemplo ir a la universidad porque eso es lo que toca. El joven James solo quiere que lo dejen tranquilo; no quiere ir a ninguna universidad ni hacer nuevos amigos ni mucho menos relacionarse con chicos de su edad. Su sueño es irse a vivir al Medio Oeste y dedicarse a la lectura. Aún no sabe de qué va a vivir, pero de eso ya se ocupará en un segundo momento. ¿Idealista? El mundo necesita a esta clase de soñadores trastornados, no en vano he dedicado los últimos seis años de mi vida a escribir novelas sobre mi alter ego, Tommaso Rossi, un tío que tiene mucho en común con el joven James. A veces pienso que estos dos bichos raros deberían encontrarse y tener una charla, por ejemplo sobre el 11S, y de paso hacer un brindis por la gran Mrs. Moore. Es tremendamente alentador leer a un autor que hace un tipo de literatura parecido a la tuya, que apuesta por las mismas herramientas y que utiliza el humor ácido para crear un lenguaje original y corrosivo. Como reza la citación final de J. D.Salinger, Lo que me maravilla de un libro es que cuando lo terminas, desearías que quien lo escribió fuera muy amigo tuyo y pudieras llamarlo por teléfono siempre que te apeteciera. Esto fue justo lo que pensé al acabar el libro, y Salinger me arrebató literalmente las palabras de la boca. ¿Sinergia? ¿Telepatía? Puede que sean las dos cosas a la vez.
En definitiva, se trata de una novela divertidísima sobre la adolescencia que nos hace reír, reflexionar sobre ese monstruo llamado sociedad y sobre todo pasar un buen rato. El único fallo que le he encontrado al libro ha sido el final, pues le falta un giro de tuerca o un cambio radical que le dé un sentido a todo el camino de aprendizaje/iniciación. Supongo que la historia engancha tanto y se lee tan rápida que genera demasiada expectación, y el final no está a la altura. Si lo estuviera, posiblemente estaríamos hablando de una obra maestra. Pese a ello, sigue siendo una de las mejores lecturas que podáis encontrar por ahí en este momento. Palabra de Francesco Spinoglio. Soy un perturbado, pero no un mentiroso. Para eso ya está Lorrie Moore.
Os dejo con este pasaje:

"Las personas, por lo menos según mi experiencia, pocas veces se dicen cosas interesantes. Siempre hablan de sus vidas, unas vidas que no son muy interesantes, y eso me impacienta. En cierto modo, creo que solo deberían decir algo si es interesante o es absolutamente preciso decirlo (pág. 46).

¿No creen que deberíamos regalarle este libro a mucha gente?