martes, 22 de enero de 2013

EL CANTANTE DE GOSPEL, de HARRY CREWS



No se podría describir mejor la literatura de Harry Crews de como lo hizo el maestro de la palabra Álex Portero en la solapa:

"Los perdedores, los parias, los sucios, los ignorantes, los benditos grotescos, los violentos, los feos, las que les echan ovarios, los que les echan cojones a la vida, los que nunca ganan, los que sudan, los que se equivocan, los que acumulan cicatrices y heridas, los que no salen en las películas si no es para ser objeto de mofa, los que no aparecen en la publicidad, los que no existen, ni cuentan, los que solamente mueren en las estadísticas, todos y cada uno, agradecen al gran Harry Crews que haya sido su bardo terrible, que hiciera el trabajo sucio, contándolo sin ahorrarse detalles, y que lo convirtiera en alta literatura. Alguien tenía que hacerlo. Y nadie pudo haberlo hecho mejor".

Diez líneas sencillamente perfectas que ya de entrada nos dan una buena razón para comprar el libro. También tenemos el prólogo de Kiko Amat, algo largo para mi gusto (cerca de treinta páginas en las que no se consigue el denominado efecto "Álex Portero"), pero donde se explica con lujo de detalles la novela y la vida del autor.  
El cantante de gospel es, para ser mondos y lirondos, una auténtica bomba de relojería. Es lo único que se me ocurre para definirla. A diferencia de Cuerpo, novela de Crews publicada el año pasado siempre por Acuarela & Antonio Machado (dinamita pura y dura), este libro tiene ciertos problemas de ritmo (plenamente justificado al ser la primera obra del autor), pues el principio es muy lento y al final hay un cambio de marcha demasiado brusco y precipitado, como pasar de tercera a quinta en un Ferrari sin meter la cuarta. Pese a ello, la historia engancha casi desde la primera página (pasada la mitad ya es adicción) y nos adentra por completo en Enigma, un pueblo dejado de la mano de Dios en el estado de Georgia, en lo más profundo de América. Hay Enigmas por todo este país, leemos en la página 271, por todo el mundo, y en todas partes hay hombres que luchan por irse. El cantante de gospel, de quien ni sabemos el nombre al ser mencionado todo el tiempo por ese apodo, regresa a su pueblo natal, Enigma, junto con su representante para dar un concierto, y eso coincide con una feria de rarezas capitaneada por Pie, un ser grotesco con un pie enorme que sigue la estela del cantante a todas partes para sacar tajada de la multitud de gente que este moviliza. Como si fuera poco, todo esto coincide con el linchamiento planificado de un negro que está acusado de violar a la bella y querida MaryBell, exnovia del propio cantante. La narración avanza por un pantano de mentiras, violencia, racismo, barbarie, retraso y, cómo no, fanatismo religioso (muchos lugareños le atribuyen el cantante de gospel poderes curativos que no tiene) hasta un final tan sorprendente como duro. En semejante entramado de mentiras no hay sitio para la esperanza, ni para la gloria, ni mucho menos para el sentimiento común de humanidad. Leemos en un diálogo de la página 253:

"Solo quería señalar que cuando un hombre miente es porque le da vergüenza la verdad o porque desea que la mentira sea cierta".

El submundo existe, señores. Nos rodea y respira el mismo aire que nosotros, pero a veces ignoramos su existencia. Son gente a la deriva que sencillamente tratan de hacerlo lo mejor que pueden con el material que les ha tocado en suerte, y a menudo son aplastados por el enorme pie del amo destino sin haber tenido siquiera su oportunidad. No hay duda: se necesita la voz profunda de Harry Crews para hacer de contrapunto al falsete de Ken Follet y limitar así el maltrato de género (literario, claro). Así es, amigos: el destino nos reparte las cartas y nosotros jugamos la partida de la vida. Desde luego, es posible que el juego sea más llevadero con un libro de Crews bajo el brazo.




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